El festival arranca el jueves 27 de noviembre en el Paraninfo de la UPO con la gala inaugural Voces sin orillas. Bajo la dirección artística de la bailaora Eva Yerbabuena, la gala reunirá voces de distintos municipios sevillanos adheridos a la Cátedra: desde Alcalá de Guadaíra hasta Tomares, pasando por Las Cabezas de San Juan, Los Palacios y Villafranca, entre otros. La cita promete un mosaico sonoro que rinde homenaje a la riqueza del flamenco local.
El viernes 28 llega dedicado a la formación y la creación. En la sede del Ballet Flamenco de Andalucía se impartirán un taller de improvisación y una masterclass con el bailaor y coreógrafo Andrés Marín —Premio Nacional de Danza—. Por la noche, en el Teatro Central de Sevilla, la cantaora La Tremendita, acompañada a la guitarra por Dani de Morón, presentará su espectáculo Tránsito (Huyendo del ruido), una propuesta intensa y reflexiva que apuesta por la pureza del cante.
«Este festival sigue la filosofía de la Cátedra Olavide de Flamenco: entender el flamenco como patrimonio vivo, diverso y en constante transformación. Más allá del arte, se trata de una apuesta por la provincia sevillana, por la formación, la reflexión y la creación»
La clausura, el sábado 29, se enfocará en la danza flamenca contemporánea. Un coloquio bajo el título Cristales por el suelo: la escena contemporánea de la danza flamenca abrirá la jornada, seguido de una cápsula artística a cargo de la bailaora Vanesa Aibar con su obra La reina del metal – solo. Con ello, el festival refuerza su vocación de espacio de encuentro entre la tradición y las búsquedas estéticas actuales.
Este festival sigue la filosofía de la Cátedra: entender el flamenco como patrimonio vivo, diverso y en constante transformación. Más allá del arte, se trata de una apuesta por la provincia —colaboran nueve municipios sevillanos—, por la formación, la reflexión y la creación. Un proyecto que conecta generaciones y territorios con la verdad del compás, la herencia de la tierra y la fuerza del flamenco actual.
Así, durante tres días, Sevilla —y con ella buena parte de la provincia— se convierte en un crisol de voces, pasos y guitarras que reivindican que «la fuerza del flamenco conecta almas sin fronteras».









































































