Recientemente ha aparecido un vídeo donde muy destacados artistas del flamenco actual se unen para la recreación de un nuevo estilo de cante, toque y baile, auspiciados por una conocida marca de cerveza. Y le han puesto nombre: SOSEGÁ. La intención es buena, sana, el resultado pinta bien. Si prospera como palo flamenco no depende de nadie. El tiempo es el juez y Dios dirá sobre qué va a ser del nuevo estilo.
En las últimas décadas ha habido intentos, con mayor o menor fortuna, de crear un nuevo palo (o estilo, que hay a quien molesta el término, propio de los naipes de la baraja española) para añadirlo al ya de por sí rico y variado crisol estilístico del flamenco. El género flamenco, creado hace más o menos siglo y medio, ha logrado incorporar en las últimas décadas muy pocos estilos nuevos; con los dedos de la mano se cuentan los que han logrado pasar la “frontera” e integrarse como un estilo más de los muchos que ya existen, confirmando al flamenco como uno de los géneros musicales y de baile más ricos del planeta.
Ha habido intentos como las ferreñas de Fosforito y la de Valderrama, cante atarantado surgido al calor del Festival Flamenco de Lo Ferro, la canastera de Paco de Lucía, Cepero y Camarón, grabada por el genio de La Isla y una versión instrumental de Paco, con su cante y letras correspondientes, una suerte de fandango con la guitarra en tono de rondeña. Hoy se escucha, sobre todo el pegadizo ritornello a modo de estribillo, más que el cante propiamente dicho, las galeras compuestas por Juan Peña El Lebrijano, un cante sobre el aire lento cercano a las bulerías de Lebrija. Sin cante, elemento realmente imprescindible para que un estilo flamenco sea considerado como tal, tenemos las camineras de Pablo Martín Caminero o la galiana creada por Adrián Galia, ambos estilos diseñados sobre los acentos de la seguiriya y la soleá aunque añadiendo uno o dos tiempos, resultando de trece y catorce tiempos respectivamente, en vez de los clásicos doce tiempos de rigor. Todos estos bienintencionados intentos han corrido diferentes suertes que no vamos a calibrar aquí aunque sí sería interesante analizarlos en ese sentido, quizás en otro artículo.
En honor a la verdad, desde que Pepe Marchena creara en 1930 la canción titulada Mi colombiana, que de canción pasó a ser cante, seguramente sin pretenderlo él mismo, solo hemos conocido nuevas variantes de diversos estilos, a saber: múltiples fandangos naturales, alguna soleá, seguiriya, varios tangos, cantes de levante, malagueñas, tonás. Muchos estilos, sobre todo durante el siglo XX, se han nutrido de variantes de diversos artistas. Algunos por lo bajini creaban variantes y se las atribuían a presuntos cantaores antiguos a fin de otorgarles el marchamo de auténticos. Es bien conocida la mentirijilla de Morente al Gallina en relación a la creación de su seguiriya. Nos contaba Enrique: «Si le decía que era mía no la aceptaba, así que le dije que se la había escuchado a una anciana cantaora». O las tonás creadas por el genial Antonio Mairena, de su propia cosecha, pero no era plan atribuírselas a él mismo, chocaría con su filosofía, en las antípodas de Marchena y su sempiterno: cante del maestro de maestros. Caracol, que fue un creador empedernido pero para él no eran suyas, como confirmó a Velázquez-Gaztelu en Rito (minuto 1:15): «Yo no entiendo eso que dicen ahora de cantes de fulano o de zetano, yo canto lo que me sale de momento».
«¿Tiene la sosegá parámetros únicos o los comparte? A pesar de que acaba de iniciar su camino, esta por ver si se abre paso entre los muchos estilos del flamenco y se hace un sitio. Para eso, es imprescindible que no solo los creadores del estilo lo cultiven, sino que poco a poco otros artistas lo adopten y empiecen a cantar, tocar y bailar por sosegás»
¿Qué necesita un palo para ser considerado como tal? ¿Tener un compás y rítmica concretos? Sí, aunque muchos estilos comparten compás y rítmica, como por ejemplo las soleares y las cantiñas. ¿Acompañarse en un modo armónico determinado? Sí, aunque, igualmente, hay muchos estilos que se acompañan en el mismo modo armónico, los tientos, las seguiriyas y las soleares se hacen en el mismo modo armónico, el llamado frigio o flamenco, el modo de Mi. ¿Tener un tempo determinado? Sí, también, un estilo concreto suele interpretarse en un tempo concreto: lento, andante, rápido. Sin embargo, este parámetro es muy cambiante, ya que hay artistas que cantan por bulerías más rápido que otros. ¿Tener un cante determinado? Sí. Este es, como ya he apuntado, el principal parámetro para que consideremos un palo como estilo flamenco, tener un cante concreto. Sin embargo, un mismo estilo puede tener –y de hecho muchos tienen– múltiples variantes. Así, por ejemplo, hay decenas de seguiriyas y, teniendo todas el mismo compás y rítmica, acompañándose todas en el mismo modo armónico, cada una tiene un cante diferente, distintas melodías unas variantes respecto de otras. Y así ocurre con buena parte de los palos flamencos. Es decir, la melodía del cante es la que acaba definiendo la variante de un estilo.
¿Tiene la sosegá parámetros únicos o los comparte? A pesar de que acaba de iniciar su camino, esta por ver si se abre paso entre los muchos estilos del flamenco y se hace un sitio. Para eso, es imprescindible que no solo los creadores del estilo lo cultiven, sino que poco a poco otros artistas lo adopten y empiecen a cantar, tocar y bailar “por sosegás”.
La sosegá tiene una rítmica binaria pero muy original, toma acentuaciones de la soleá y rompe la clave para construir una rítmica única, que no comparte con estilo alguno. Es un buen principio para consolidarse como estilo. ¿Tiene un modo armónico propio? No. Lo que he podido escuchar de sosegá se hace en modo flamenco o modo de Mi, lo que la convierte en “candidata vip” para integrarse en el repertorio jondo. ¿Tiene una o más melodías de cante? En principio parece que sí. Es decir, la sosegá tiene los elementos necesarios para que la consideremos un nuevo estilo, pero insisto, cuando empiece a ser cultivado, cantada, tocada o bailada por otros artistas, la podremos considerar como tal.
La rítmica de la sosegá se basa en un binario en 3-3-2, el clásico tresillo cubano derivado del patrón de tango. La sosegá se cuenta 1-2-3 4-5-6-7-8, acentuando el 3, el 6 y el 8. Pero ¿dónde empieza? En mi opinión, si en la soleá el tiempo más fuerte es el último 2, que es el primer tiempo, aquí es el 8. El tiempo más fuerte va en ese último 8. Es decir, en caso de escribirse en partitura habría que hacerlo así: 8-1-2 / 3-4-5 / 6-7…, y en 4/4 o bien 3/8 (8-1-2) + 3/8 (3-4-5) + 2/8 (6-7), un tresillo de tango, aunque muy “sosegao”, claro. Creo que han acertado. Camina. Además todos los que están ahí son monstruos así que… en teniendo cante puede llegar a ser un palo.
Como digo, la sosegá tiene una rítmica muy concreta y seguramente es de los parámetros más conseguidos y puede asentarse entre los artistas y, sobre esa rítmica, lograr que se consolide el cantar, tocar o bailar «por sosegás». El tiempo dirá.







































































Excelente, Faustino. Llevo muchos años ya con los palos raros, poco o casi nada interpretados, nuevos también. Como dices, el tiempo dirá. Iré sacando parte de mis investigaciones sobre este asunto en nuestro expoflamenco. Gracias. Enhorabuena.
Gracias por comentar José. Espero tu artículo al respecto. Es un tema que tiene mucho interés, para mí y para la afición.