Lo que bien comienza, mejor acaba. Desde que se dio la bienvenida en el patio del Palacio Pemartín, sede del Centro Andaluz de Documentación del Flamenco, obra patrimonial del siglo XV –aunque sufre una importante reestructuración en el XVIII que lo hace ser lo que es hoy día– que da la bienvenida al barrio de Santiago, sabíamos que íbamos a vivir una tarde con pellizco, pues en este espacio se guarda con mimo, sobre todo por técnicos como Ana Tenorio, el archivo sonoro, biográfico, bibliográfico y audiovisual más importante de nuestra cultura cara al público y eso ya nos envuelve en ilusión. Esta institución dependiente de la Junta de Andalucía, dicho sea de paso, siempre necesitará más calor de la institución regional, más inversión, mayor apuesta.
Allí nos convocó Kamira, Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas, una comunidad en funcionamiento desde 1999 y que en la actualidad preside la abogada Carmen Santiago. La alcaldesa de Jerez, María José Pelayo (PP), dio la bienvenida y destacó la importancia de este tipo de eventos, sobre todo en este 2025 en el que se conmemora el 600º aniversario de la llegada del Pueblo Gitano a la península. “La mujer gitana ha estado doblemente victimizada y ahora tenemos que darnos cuenta de esa realidad y trabajar para que nunca más vuelva a ocurrir», declaró la edil.
El colega (por la profesión) y amigo Joaquín López Bustamante, instalado en Jerez desde hace años y una de las personas que más han aportado en los últimos años al conocimiento y a la divulgación de la historia de los gitanos, con su contribución educativa y social, introdujo la jornada. Queda para la memoria su Manifiesto del Flamenco que pronunció el pasado 16 de noviembre en Jerez y donde evidenció su capacidad de transmitir valores al respecto.
«La Paquera como centro de estudio, una vecina del Cerro Fuerte del barrio de San Miguel que siendo una niña, niña prodigio, tuvo el valor de pedirle al entonces alcalde, Álvaro Domecq, un piso para que su familia viviera en mejores condiciones»

López Bustamante, de RNE y miembro de la organización de este encuentro titulado Mujer Gitana en el Patrimonio Cultural Flamenco, presentó a Manuel Naranjo Loreto, secretario de la Cátedra de Flamencología de Jerez, que abordó el papel de la mujer gitana en el flamenco, con especial aportación de nombres jerezanos, describiendo el perfil de muchas de ellas, sus circunstancias personales (muchas viudas, con muchos niños y fatigas, dedicándose al cante o al baile mientras por la mañana vendían por el centro de la ciudad limones, perejil o ajos con un canasto). Dijo Manuel, así por señalar curiosidades, que la mayoría de mujeres no podían ser guitarristas porque por entonces –últimos del XIX o principios del XX– eran los de la sonanta los mismos que repartían los honorarios después de las actuaciones, y eso no podía, por imagen, hacerlo la mujer. Manuel recuperó del olvido nombres como María Bala o Antonia María Vega y aportó fotos de La Macarrona o su tía La Chiva… Habló de la hipersexualización de la mujer gitana o flamenca en la imagen proyectada por el cine o la imagen en las distintas etapas del siglo XX.
Seguidamente me tocó a mí hablar de una referente en este aspecto: mujer, gitana y adelantada a su tiempo. La Paquera como centro de estudio, una vecina del Cerro Fuerte del barrio de San Miguel que siendo una niña, niña prodigio, tuvo el valor de pedirle al entonces alcalde, Álvaro Domecq, un piso para que su familia viviera en mejores condiciones. Se lo dio en la recién construida barriada de La Asunción, en el que todavía vive su hermano Antonio. De Francisca Méndez Garrido conté cómo grababa en Madrid con Antonio Gallardo, a base de mímica porque no sabía leer o memorizar los textos. También cuando Lola la reclamaba en su casa para que fuera epicentro de todas las miradas sin que la cantaora supiera que estaba el chalet lleno de personalidades, así como su discografía, espectáculos o viaje a Japón. “Mucho por descubrir aún”, dije de una de las más grandes de la historia.
Para finalizar, Carmen Santiago nos contó la mágica y curiosa historia del mantón de Manila, su origen en China y la capacidad de seguir vivo, en parte, gracias a países como España, México… Un intercambio cultural entre Oriente y Occidente desde hace siglos, desde la ruta comercial de Manila cuando la España colonialista dominaba Filipinas, pasando de ser un elemento decorativo para casas señoriales a prenda atávica indispensable en la cultura flamenca, gitana, para las “mujeres con poderío”, que no empoderadas.
Angelita Gómez se dejó lleva por el peso de la lebrijana guitarra de Pedro María Peña, quien por soleá acompañó en unos minutos de verdadera elegancia y magisterio los movimientos que la decana del baile jerezano dibujó en el aire de la tarde. María Vargas, ilustrísima del cante gitano, se sumó a la fiesta por bulerías para que Angelita volviera a deleitarnos con sus muñecas octogenarias. ¿Cómo consigue el comentarista volcar en palabras lo que sintió? Escalofríos. Lo viví Desde dentro y eso tiene un valor añadido. ♦








































































