Cuando parece que está todo inventado en el flamenco, vanguardias jondas del baile al margen, llega alguien y te da en la cara para decirte que el pasado no se puede cambiar, que el presente bebe del pasado y que el futuro está por inventar. Y entre medias están los que asoman la patita y con una capacidad creadora que va más allá del ingenio ofrecen una dosis de realidad musical que hace tambalear los cimientos y las columnas del cante para plasmar algo que parece del siglo pasado pero que es, en esencia, un presente continuo que no vive del pasado pero apunta al futuro más ancestral.
Así se vivió la nueva creación del cantaor Antonio Campos en el Auditorio Manuel de Falla en el marco de los actos de conmemoración del Día del Flamenco, declarado en 2010 Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Campos ha creado, ex profeso, una coral flamenca. Sí, una coral. Pueda parecer el nombre algo manido en el cante o sin complejidad, pero no hay más que abrir los oídos y cerrar los ojos para comprender en qué consistió esta ofrenda flamenca. Se trata, en síntesis, de una reunión de cabales cantaores/as que, bajo la batuta de Antonio, nos regalaron una forma diametralmente cercana del cante a través de la unión de voces, diversas todas, con tonalidades divergentes, pero con capacidad para fundirse en una sola línea, fina, muy fina. Cuatro cantaoras con voces laínas y agudas congeniaron con las de cuatro cantaores, potentes, fulminantes, de voces recias y duras. Irene Molina y Fita Heredia, cercanas entre sí en las formas por un lado y por otro, Estrella de Manuela y Alba Campos, las jóvenes del grupo con voces tempranas, templadas pero bien formadas. Del lado masculino, Abraham Campos, Juan Ángel Tirado, Sergio el Colorao y Antonio Campos, y una sola guitarra, la de José Fermín Fernández.
Una coral flamenca no es sino un repertorio cantaor al uso en el que confluyen en armonía todas las voces para resultar un producto de alta gama, calidad y personalidad. Así se vivió y así sucedió. Fue, en definitiva, una gran polifonía de cante jondo.
Comenzó todo con el grupo entrando a paso lento por el lateral del escenario entonando la alboreá Los cantes de mi casa, que grabó Campos en su disco Tardoantiguo. Sirvió para unificar los tonos de ellas y ellos, que tiraban para arriba y en las que ellas ganaron la batalla, no la guerra.
A varias voces y con el ayyy repetitivo del arranque de la caña, se fueron dando el testigo en el corpus letrístico y melódico. Fita Heredia tomó la palabra y la donó a Irene Molina, portentosa de facultades. Los ayyy fueron corales. Nos recordaban a los cantos de iglesia y gregorianos por momentos, pero flamencos por derecho. Alba Campos y Estrella de Manuela cerraron el cante, algo tímidas y nerviosas pero efectivas mientras la coral acolchonaba sus voces.
«Nos regalaron una forma diametralmente cercana del cante a través de la unión de voces, diversas todas, con tonalidades divergentes, pero con capacidad para fundirse en una sola línea, fina, muy fina. Cuatro cantaoras con voces laínas y agudas congeniaron con las de cuatro cantaores, potentes, fulminantes, de voces recias y duras»
Los varones se arrancaron en soleá por bulerías: Antonio Campos y el Colorao, para rematar por soleá Tirado y Abraham. Graná puede presumir de metales pesados en el cante, coral o no, pero vivimos una generación de enormes voces en tierras nazaríes a las que pocos pueden hacer sombra. Hubo alegrías y ronda de pregones (Macandé), trillas, saetas, martinetes y remate de Alba Campos con toná-liviana que dejó sitio para otra tanda larga de seguiriyas en las voces de Abraham Campos, Juan Ángel y Sergio que echó las asauras, por ahí no hay quien les tosa.
Pero lo mejor estaba por llegar. Si de Enrique el Mellizo se ha contado siempre que la impronta de su malagueña vino por haber escuchado cantos gregorianos en misas, Campos y su equipo fueron capaces de retrotraernos al siglo pasado para poder entender qué pudo escuchar el Mellizo y cómo pudo definir su malagueña. Antonio cantaba sostenido por coros lejanos, con una pincelada de guitarra de fondo, pero mecido principalmente por la coral, a varias voces, en diferentes tonos, altos y bajos, cantos que herían y arañaban al alimón. Remató con fandangos de Frasquito Yerbabuena.
Y hubo tangos, muchos tangos. Y Morente vigilando desde el cielo dio el visto bueno y el sobresaliente. Porque por ahí Graná es la capitana.
Finalizó la coral por bulerías, canasteras, camaroneras y de todos los colores. Tantos como voces las corearon y las florearon.
Dejo para el final la guitarra. Merece capítulo aparte. José Fermín no es solo uno de los mejores. Alcanza cotas inimaginables. La palabra genio es muy delicada y a veces gratuita en su uso y aplicación pero la genialidad de sus manos, de su cabeza, de su impronta, de su capacidad para recoger el cante, para acompañarlo y su soniquete lo elevan a los altares del toque. No hay discusión. Lo siento. Se enfrentó solo a ocho cantaores/as y ganó. Ganaron, porque en una coral tan bien diseñada ganamos todos. El público y los artistas.
Ficha artística
Coral flamenca de Granada
Auditorio Manuel de Falla, Granada
16 de noviembre de 2025
Idea y Dirección musical: Antonio Campos
Cante: Antonio Campos, Irene Molina, Juan Ángel Tirado, Alba Campos, Estrella de Manuela, Abraham Campos, Sergio el Colorao, Fita Heredia.
Guitarra: José Fermín Fernández





































































