Hay encuentros fortuitos que cambian el rumbo de una creación artística. Para la bailaora Lucía Campillo (Murcia, 1987), fue una visita inesperada a la basílica de Santa Maria ai Monti en Roma, que la llevó a replantearse la figura de María desde una perspectiva profundamente humana. Bendita tú, la obra que nació de aquel momento de contemplación, llegó este martes 16 de septiembre a la Sala Negra de los Teatros del Canal (Madrid) dentro del ciclo Canal Baila como estreno absoluto (después de contar con una residencia en el teatro), llenando por completo sus 180 localidades en una noche que el público despidió con grandes aplausos.
Para la bailaora murciana, es el siguiente trabajo con nombre propio tras estrenar Un lucero en el Festival de Jerez en 2023. Campillo se atreve ahora a plantear un reto considerable: descender de lo divino a lo terrenal para encontrar en María no solo a la madre de Cristo, sino a la mujer que pudo haber compartido experiencias universalmente femeninas.
Como ella misma explica en su reflexión sobre la obra, quiere «bajarla a tierra y conversar con ella desde lo humano». Esta intención, noble y arriesgada, atraviesa toda la propuesta escénica, desde la escenografía aparentemente sencilla —una banda triangular de tela roja que cuelga del techo— hasta la polifonía vocal que protagonizan la cantaora Aroa Fernández y la soprano Paloma Espí.
Momentos de inspiración
El espectáculo arranca con un acierto notable: el protagonismo de las manos de Campillo, uno de sus elementos más distintivos como intérprete, con una longitud y plasticidad –también de brazos– que inmediatamente conectan con una de sus maestras, María Pagés. El haz de luz que atraviesa el escenario horizontalmente que las aísla y las convierte en el centro de atención crea un momento de verdadera magia teatral, casi cinematográfico en su concepción. Es una imagen que permanece en la retina y que anticipa la calidad de lo que podría haber sido este espectáculo.
La polifonía vocal entre Fernández y Paloma Espí resulta especialmente lograda. Ambas intérpretes demuestran un nivel técnico excelente y logran momentos de genuino empatamiento sonoro que enriquecen la propuesta. Esta fusión de registros vocales aporta una dimensión sonora interesante al espectáculo y sugiere posibilidades expresivas que no siempre se explotan y, sobre todo, se justifican.
Técnicamente, Campillo demuestra un dominio sólido del lenguaje flamenco tradicional, respetando las estructuras clásicas de los palos –soleá, tangos, guajira, etc.– que intercala de transiciones más líricas que revelan su formación dancística más amplia. Su interpretación es precisa y comprometida, aunque en ocasiones la intensidad dramática pierde el equilibrio y se pierde su justificación en el desarrollo escénico. En el flamenco hay que tener cuidado con la dosis de intensidad: demasiado drama sin que lo justifique la narrativa puede caer en el histrionismo, o lo que en el argot flamenco se llama ojana.
«Campillo demuestra un dominio sólido del lenguaje flamenco tradicional, respetando las estructuras clásicas de los palos –soleá, tangos, guajira, etc.– que intercala de transiciones más líricas que revelan su formación dancística más amplia»

Búsquedas en proceso
Bendita tú presenta elementos que parecen estar aún en proceso de maduración. La estructura de la pieza, que transita de los palos solemnes a los festeros, sugiere un viaje emocional que no se hace evidente para el espectador. Las transiciones entre ambas partes, los cambios de registro, las decisiones dramatúrgicas parecen responder más a intuiciones artísticas que a una arquitectura narrativa sólida.
El momento más natural y auténtico llega cuando las tres intérpretes juegan con las sílabas de «Bendita tú» («Ven tú», «ven», «di», “di tú”), creando una atmósfera de complicidad que conecta directamente con el público: es el momento de mayor autenticidad y naturalidad. Aisladamente, la escena funciona. Hay complicidad entre las tres mujeres en escena y la naturalidad se palpa. Es algo que casi todas las bailaoras están tratando de hacer desde que abriera camino hace algunos años Rocío Molina (y quizás también antes Israel Galván, de otra manera): que en escena además de baile haya palabra. Está bien que así sea, pero tiene que estar justificado. Y en esta obra los elementos que componen las escenas se sienten deslavazados, sin unión.
En la escena, quizás la más luminosa de la obra, se muestra un guiño al Himno vertical de Rocío Márquez –que en los créditos aparece como autora de las letras y asesora musical– en una letra que aquí pasa de la soleá a la guajira. Es en estos momentos cuando la obra respira con naturalidad y encuentra su voz más auténtica, pero queda desligada de todo lo anterior.
El vestuario, diseñado por la propia Campillo junto a Paloma de Alba, busca servir a la narrativa, aunque en algunos momentos la funcionalidad del movimiento se ve comprometida por decisiones estéticas que no terminan de justificarse. Destaca especialmente la secuencia con la bata de cola, donde se intuye una simbología feminista que podría dialogar con iconografías marianas reinterpretadas desde una perspectiva contemporánea que conecta con el culto a la fertilidad ancestral, pero que no llega a desarrollarse con la claridad necesaria. Podría ser así como podría no serlo. Ningún otro elemento apuntala esta interpretación.
Bendita tú es, ante todo, el testimonio de una artista en proceso de búsqueda. La obra sufre de una dispersión conceptual que impide que sus mejores momentos —que los tiene, y notables— cobren la fuerza que merecen. La ambición de la propuesta, loable en sí misma, se ve lastrada por una dramaturgia que no logra hilvanar con coherencia los diferentes elementos que la componen.
En cualquier caso, el público respondió con entusiasmo a una propuesta que, independientemente de sus zonas menos resueltas, demuestra valentía artística y compromiso personal.
Ficha artística
Bendita tú, de Lucía Campillo
Ciclo Canal Baila. Teatros del Canal, Madrid
16 de septiembre de 2025
Idea original, coreografía e interpretación: Lucía Campillo
Dirección de escena y dramaturgia: María Jáimez
Composición musical e interpretación: El Peli
Asesoramiento y composición letras: Rocío Márquez
Voz flamenca y arreglos: Aroa Fernández
Voz lírica: Paloma Espí
Colaboración coreográfica: Aleix Mañé






































































