Juan de Juan está admirablemente loco. Es de esos bailaores geniales, eclécticos y tocaos por el flamenco. Le llega el veneno hasta el tuétano. Sabe lo que baila, no remeda, no se ocupa del postureo, le sale porque lo han mamao sus ojos y las benditas carnes de ese cuerpo enjuto, erguido, a veces roto, otras hierático, algunas redondo o recortao, potente, rabioso, lleno de coraje y sobrao de duende y compás.
Ofreció un recital corto pero intenso. Racaneó el fin de fiesta al que el público de la Peña Flamenca Torres Macarena está acostumbrao. Llegó, arrasó, nos dejó con la miel en los labios y se fue cuando nos relamíamos de gusto. Lo hizo de menos a más, el muy canalla. Aún me crujen los huesos con sus enclavaos a tierra y esa forma de alzar los brazos, las llamadas mínimas, así de chiquitas, insinuadas casi. Por sus carretillas y la definición de los pies, esas hechuras de cogerse la chaqueta, perder con vacileo el eje o la verticalidad, los virajes de ensueño y los replantes redoblaos que bien apuntilla o los deja en un silencio, sin el efectismo cateto de los que solo buscan aplausos, con el paladar de los que conocen el paño y saben istinguí. Juan de Juan me arrancó los oles a calambrazos de jondura y genialidad.
La guitarra de Paco Iglesias le aportó la elegancia y flamencura al cuadro. Juan trajo un atrás de primer nivel. Juan José Amador –El Múo, le dicen con ironía–, como autoridad suprema del cante para bailar, rizó los quejíos arrastraos que reinan en su nuez a la voluntad del que manda, apretando en las altas y engordando los bajos donde no hay quien lo iguale. Y El Galli, que tampoco tartajea, se contagió aún más de los manantiales bravíos y cantó en estado de excelencia, a dentellás que iban al pecho, compungiendo los corazones. Se despellejaron con Juan. Iglesias los arrulló con el brillo de seis ríos de platas cristalinas, pulcro, sentío, alegre y por instantes, doliente.
«Zalamero, picantón, flamenco y señorito. Con su puntito destartalao. Se sacó del bolsillo una transición a la seguiriya y le bailó a las puñalás del cante, abriéndose en canal, enseñando la puntita nada más de cómo hay que pararse cuando los tercios se jincan. Bajó los escalones llevándose el lamento de la seguiriya al suelo, hasta el camerino»
Principió la sonanta con finura por malagueña y abandolaos pintando de colores la brisa entre los muros macarenos. Al compás de cantiñas, entraron las alegrías y romeras. Se arrojó Juan de Juan al entarimao y prosigiuió lo bueno. Zalamero, picantón, flamenco y señorito. Con su puntito destartalao, como a quien no le importan las figuras. Pero se las conoce todas. Se sacó del bolsillo una transición a la seguiriya y le bailó a las puñalás del cante, abriéndose en canal, enseñando la puntita nada más de cómo hay que pararse cuando los tercios se jincan. Bajó los escalones llevándose el lamento de la seguiriya al suelo, hasta el camerino.
Los tangos con los que abrieron las gargantas garrapiñás la segunda parte fueron un despropósito de enjundia y conocimiento, de soniquete y de gusto. Arribó después la soleá a la orilla de los maderos y el moronense Juan de Juan demostró cómo hay que pasear las tablas, cómo se llaman las ducas, cómo se detiene el tiempo, pesando más los silencios que un zapateao, arañando más al levantar las pestañas o mover lento los brazos que con una ristra de taconazos que tatúen sus pies en el escenario. La abrochó por bulerías, como debe ser. Y se acordó aquí y allí en su baile de La Niña Amparo, Pepe Ríos, Barrull, El Andorrano o El Güito, entre otros muchos. Porque sus pasos son un tributo constante a los maestros, tamizado por la visión de un enamorao hasta las trancas, que vive, duerme y sueña con el baile. Y eso se nota. ¡Cuánto me gusta que se acuerden de Lebrija, Utrera y Morón! Se mancharon los tragaeros con los terruños de la campiña evocando los ecos de Gaspar, poniendo la tilde donde inventaron los lebrijanos al romancear la bulería y por ahí quedó la cosa tras una ovación más que merecida, aunque se najeló dejándonos a todos con más ganas. ¡Remátalo, Juan mío! Que después los críticos lo contamos to. O casi.
Ficha artística
Recital de baile de Juan de Juan
Peña Torres Macarena, Sevilla
12 de febrero de 2026
Baile: Juan de Juan
Cante: Juan José Amador y David El Galli
Guitarra: Paco Iglesias




































































































