El Ateneo de Madrid acogió el domingo 9 de noviembre el recital del joven granaíno José Fermín Fernández dentro del Primer Festival Internacional de Guitarra Joaquín Rodrigo. Y se consagró como el nuevo gurú de la sonanta flamenca. Así, sin titubeos: no hay ningún guitarrista del universo de lo jondo que tenga en su haber la conjunción de todas las virtudes que atesora este tocaor. En la era de youtube y los soníos enlataos, en los tiempos de atracones de armonía y la ostentación de la técnica escasean los flamencos con alma. Y al toque de José Fermín le rebosa. Está sobrao de compás, sabe jugar con los tiempos. Su técnica es arrolladora. Tiene descifraos los secretos armónicos y seduce con la melodía. Es extraordinario como músico compositor, de una originalidad exquisita. Posee una pulsación rotunda cuando el asunto lo pide. Y es un mago de las caricias allí donde deben estar las cosquillas. Transmite, pega pellizcos. Hasta bocaos. José Fermín es un bicharraco de las seis cuerdas, un guitarrista envidiable, aquel que está llamado a reinar en el imperio jondo de la bajañí flamenca como solista. Parte de la afición parece estar todavía sorda o vive sin descubrir los bordones del granaíno. Quedaos con su nombre, porque José Fermín Fernández rubrica ya en el ébano y el ciprés el decálogo de los misterios ocultos que tocan las fibras.
«Y es un mago de las caricias allí donde deben estar las cosquillas. Transmite, pega pellizcos. Hasta bocaos. José Fermín es un bicharraco de las seis cuerdas, un guitarrista envidiable, aquel que está llamado a reinar en el imperio jondo de la bajañí flamenca como solista»
Abrió el recital de guitarra desnuda con su rondeña inacabada, que fue un rebusco en las entrañas de la historia, bebiendo de todas y sin parecerse a ninguna. Soberbio. Se abandonó a los tangos arrumbaos Heroínas de Salvora, que compuso en un parque de la capital, preñao de inspiración. Arañó al respetable con enjundia. Se me coló en el izquierdo con trémolos precisos y pulcros en la Granaína del Generalife y salpicó de alfileritos punzantes con picaos de vértigo, tiraíllos y alzapúas imposibles para el resto de los mortales cuando se fajó los machos en los fandangos con bulerías de aquellos mismos jardines. Se acordó de ese año en el que puso bandera en el Nacional de Córdoba y en La Unión trayéndose el ‘Bordón minero’, hilvanando en una sola pieza con quintales de empaque y flamencura la taranta que lo encumbró y la Alquimia de su bulería. De regalo se fue a Graná por tangos, fundiendo entre sus dedos el clasicismo y la frescura nueva del que tiene los veinte reales del duro. Se coronó con una propuesta absolutamente magistral. Tronaron los aplausos y Madrid se rindió a sus manos.
La torpe pretensión de traducir en palabras lo que florece en su toque es una ofensa. Porque no hay verbo, adjetivos ni colores que pinten sobre blanco sus puñalaítas veras. Me pareció vislumbrar cómo le corría hirviendo la sangre de su derecha a su izquierda, pasando por las seis cuerdas, latiendo cerca de su pecho ardiente, habitado por una guitarra pura que empujaba el sentimiento al gesto, que se mostraba desfiguraíto de placer en un ritual orgásmico de fusión divina entre la madera y los bronces y un corazón flamenco.
Ficha artística
Recital de guitarra de José Fermín Fernández
Primer Festival Internacional de Guitarra Joaquín Rodrigo
Ateneo de Madrid
9 de noviembre de 2025



















































































