José Cenizo Jiménez (Paradas, 1961) es sobradamente conocido entre los lectores de ExpoFlamenco, donde su firma aparece regularmente. Después de publicar un libro sobre Antonio Mairena y otro sobre poesía sevillana, ahora aúna sus dos pasiones en el volumen Poeta flamenco (Colibrí Ediciones), un esfuerzo por desentrañar las claves de la escritura de letras para el cante que incluye ejercicios prácticos que invitan al lector a iniciarse en esta práctica, reforzados con códigos QR que permiten escuchar directamente los cantes en su forma original. En esta conversación intentamos conocer al divulgador, pero también al letrista.
– ¿Cuándo empezó usted a escribir poesía flamenca?
– Casi de forma paralela o simultánea a mi afición, pues siempre me ha gustado la creación literaria, desde adolescente hacía poesías y cuentos. Pero, claro, hasta cerca de los veinte no me interesó el flamenco. Fue a partir de escuchar en directo en un recital en la peña de mi pueblo, Paradas –Sevilla–, a Miguel Vargas, del que con el tiempo haría un libro y quien sería y es mi cantaor preferido. A partir de los años noventa ya tomaba más en serio lo de la creación de letras flamencas, hasta juntar suficientes para un libro, Con pocas palabras, que editó Signatura Ediciones en 2007, con prólogo de Félix Grande, todo un lujo. Ahora tengo otro, que espero que se pueda editar en 2026, titulado Por ver si me consolaba, que lo tomo de una letra mía de ese libro:
Por ver si me consolaba
me puse a contar al viento
las penas que yo pasaba.
– ¿Cantiñea, somete usted las letras a la prueba de cantarlas, aunque sea en la intimidad?
– Bueno, la verdad es que me hubiese gustado ser cantaor. El cante es lo que más me gusta del flamenco, pero no tengo facultades. En efecto, cantiñeo. Me canto, por lo bajini, como yo digo, las letras. Muchas surgen así, ya tarareadas, pero otras no, simplemente salen y las escribo o apunto en algún lado, en el móvil o en un papel, lo que tenga a mano. Me ha pasado también que me sale una letra y no he podido apuntarla, por estar ya acostado, por ejemplo, y luego no he sido capaz de recordarla, al menos completa. Como las letras del cante están destinadas, idealmente, al cante, está bien que surjan en ese contexto, pero de todas formas son poesía, lírica, y se pueden leer sin menoscabo, como cualquier poema, al menos las de gran calidad.
– ¿Cuáles serían, a su modo de ver, las cualidades que deben adornar a la buena poesía flamenca?
– Entendemos ahora poesía flamenca como letras del cante, para no confundirla con poesía de autor dedicada a algún aspecto del flamenco y en cualquier métrica y estilo. En el libro se comentan cuáles serían, a mi entender, y diría que por lógica. Así, una buena letra o copla flamenca debe ajustarse a las características de las ya cantadas, en cuanto a lenguaje, métrica, léxico, ajuste al palo por el que queremos que se cante, temática, etc. Y tiene un lenguaje específico, que incluye, por ejemplo, usos de diminutivos con profusión, diminutivos de afecto o lirismo, no de disminución de tamaño, como en esta letra, tan flamenca y tan dolorosa por seguiriya:
En el hospitalito,
a manita erecha,
allí tenía la mare e mi alma
la camita jecha.
Y cosas como combinar tres rimas seguidas o poner palabras extrañas al mundo flamenco, pueden ser delicadas. Hay una prueba del algodón que es el sentido del cante, el aroma de la tradición, lo que no quiere decir que no se innove e introduzcan incluso palabras de la modernidad. Ya se hizo en letras tan conocidas como «Yo te estoy queriendo a ti / con la misma violencia / que lleva el ferrocarril». O la más reciente, que canta El Pele: «Se acostumbra el gorrión / al ruido de los coches / y no me acostumbro yo». En fin, la letra flamenca debe ser breve, sencilla y profunda, como un chispazo emocional, la buena al menos, pues, como en la lírica en general, y en cada autor, hay cosas muy buenas, buenas, regulares y malas, aunque se canten. Un modelo podría ser esta, y muchas más, por suerte, la soleá:
Acuérdate cuando entonces
bajabas escalcita a abrirme
y ahora ya no me conoces.
«Ojalá, y ese es mi sueño, gracias a esta obra, que considero mi legado en la faceta didáctica tras muchos años de profesor y en la de aficionado e investigador, se incremente el número de poetas flamencos, de letristas de todas las edades y que esas nuevas composiciones pasen a ser cantadas, su verdadero destino»

– ¿Cuáles serían, entonces, sus letristas de referencia?
– Aunque, obviamente, hay muchos que me gustan, o algunas de sus letras, me quedo con dos referentes personales, aparte de la recopilación que hizo Demófilo, claro. Serían Francisco Moreno Galván y José Luis Rodríguez Ojeda. El último, por cierto, y al que he podido conocer más personalmente, ha escrito el prólogo del libro, todo un honor. Los dos han escrito letras para mi cantaor preferido y tan querido, Miguel Vargas, sobre todo Moreno Galván.
– Una vieja cuestión que sigue planteándose: ¿hay sexismo en las letras flamencas?
– Es una pregunta delicada, pero necesaria, y caben muchas opiniones, como en todo, pero ahora debo dar la mía. Lo comento en el libro. Digo que, por el momento histórico y el contexto social, en el flamenco y en concreto en las letras, como en la sociedad en general, desde mediados del XIX, veremos muchos ejemplos de contenido machista. Por un lado, es un hombre quien las escribe casi siempre. Hay excepciones, como la que cantaba por tangos Pastora Pavón, que, al menos, están cantadas desde el punto de vista femenino:
Pasa un encajero,
mare, que me voy con él,
que tiene mucho salero.
La Macanita canta en nuestro tiempo esta otra:
Ay, del olivar hasta el pozo
lo salí a buscar.
cuando lo vi en brazos de otra
me volví p´atrás.
Por otro, es el reflejo de la sociedad, que, no lo olvidemos, hasta hace muy poco, y todavía en buena parte, es sexista, machista, con todo lo que implica. En uno de mis libros, dedicado a las letras del cante de Antonio Mairena, he comentado una letra que dice:
Desde que murió mi madre
la camisita de mi cuerpo
no encuentro quien me la lave.
¿Es una letra machista y ya está, que se debe evitar hoy cantar? Creo que es una letra machista, aunque reflejo de ciertas posiciones sociales de adjudicación de tareas domésticas exclusivamente a la mujer, a la madre en este caso. El autor, dolorido, ha centrado el dolor por la ausencia o pérdida de la madre en un detalle muy cotidiano. Es una letra, un poema de amor a la madre, ese es el mensaje o el sentimiento básico ahí. Por cierto, la canta magistralmente Antonio Mairena por soleá.
– Usted anima al lector a ejercitarse en la escritura. ¿Puede cualquiera ser letrista?
– Creo que, si se lo propone, tiene vocación y empeño, y sigue las instrucciones de esta guía, de este manual, puede hacerlo cualquiera, aunque de entrada no tenga conocimientos de flamenco ni de métrica. Para eso debe servir este libro, para todos, docentes y alumnos de diferentes niveles, aficionados, artistas, lectores en general, amantes de la literatura –hay más de trescientas letras–, etc. Es un libro divulgativo, didáctico, ameno, o eso espero, a lo que ayuda el hecho de contar, desde el principio hasta el final, con más de ciento cuarenta actividades de todo tipo, de investigación, de escucha de cantes, de creación y recreación… Ojalá, y ese es mi sueño, gracias a esta obra, que considero mi legado en la faceta didáctica tras muchos años de profesor y en la de aficionado e investigador, se incremente el número de poetas flamencos, de letristas de todas las edades y que esas nuevas composiciones pasen a ser cantadas, su verdadero destino. Agradezco por ello a Manuel Ramos Ramos, escritor y editor de Colibrí Ediciones, que me propusiera escribir un libro así, novedoso por centrarse exclusivamente en la creación de letras, así como a su equipo editorial y al prologuista José L. Rodríguez Ojeda. ♦






































































