Después de ocuparse del jazz latino en Calle 54 o de la música brasileña en En el milagro de Candeal, acaso era cuestión de tiempo que Fernando Trueba se ocupara del flamenco. Aunque se confiesa un completo profano en materia jonda, su larga amistad con Niño Josele ha propiciado un proyecto titulado Bajañí, producido por Womack y La Goota, que acaba de presentar en el South International Series Festival de Cádiz.
“Es algo que surge de mi colaboración y admiración por Niño Josele y su músico, su forma de tocar y de abrirse a otras músicas, de entender otros mundos musicales”, comenta el veterano cineasta. “Después de una serie de discos juntos y una relación de veinte años, empecé a pensar que me encantaría hacer una película con él, un viaje que empezara en el flamenco y luego fuera hacia el jazz, luego al Brasil… Y así salió Bajañí”. Por su parte, el almeriense recuerda que Trueba “no quería plantearlo como un documental, no quería que yo hablara, sino que lo hiciera la música. Ha sido una experiencia total, mágica, un sueño hecho realidad”.
«Ha sido una belleza musical tremenda, con tantos músicos como había ahí, tanta emoción… No sabía que se podían hacer tantas cosas con la guitarra, te lo juro» (Niño Josele)

Aunque Niño Josele es bien conocido por su creatividad y su solvencia interpretativa, no cabe duda de que Bajañí ha sido un reto supremo en una carrera en la que no han escaseado precisamente los desafíos. Claro que medirse, como ha sido el caso, con talentos gigantescos como los de Caetano Veloso, Rubén Blades, Ron Carter, Kenny Barron o Marisa Monte, junto a presencias tan familiares como las hermanas Estrella y Soleá Morente, ha exigido de Niño Josele un esfuerzo muy superior al acostumbrado. “Cuando me puse el listón de tocar con el maestro Paco de Lucía, y con Enrique Morente, y luego con Chick Corea… Pensaba que ya no habría listón. Al irse los maestros, te quedas un poco perdido, te preguntas qué puedes hacer ahora… Hasta que llegó Fernando con esta idea y me dio la respuesta. Al principio pensaba, esto es imposible, ¿cómo la guitarra flamenca va a poder tocar con estos músicos?
“Y era algo que exigía una cosa muy distinta a los discos, donde puedes grabar, seguir… Fernando lo que quería era que se grabara cada toma en un solo día, por lo que había que dar lo máximo. ‘Que sea como el último tema de tu vida’, me decía. ¡Qué difícil!”, suspira, mientras que el cineasta asiente a su lado: “Se trataba de no bajar la guardia en ningún momento, estar en cada tema como si fuera el único que fuera a aparecer en la película”.
En cuanto al repertorio de la serie, el almeriense adelanta que “hay cosas muy especiales”, dice. “Uno de los temas, el que canta Caetano, es el Because de los Beatles, ¡y en inglés! El tema que toca Ron Carter y canta Rubén Blades es una soleá mía, con letra de Rubén. Estábamos preparando un disco juntos y el primer tema que salió fue este, y decidimos meterlo en la película. Con Ron me lo pasé pipa, porque no entendía la soleá, pero mi hijo José le explicó el ritmo, la línea del bajo. Pero te juro que cuando ese hombre entendió lo que era… Mira, he visto a mucha gente tocar el contrabajo, pero esto es otra cosa. Había momentos que no sabía si era free jazz, si estaba tocando con Miles Davies, algo alucinante”.
«He encontrado la felicidad, el disfrute de hacerla, y la humildad de poner al cine al servicio de la música… Y una cosa que descubrí con Calle 54, y es que el cine ayuda a oír. Tú puedes oír un disco o un concierto, pero cuando ves los detalles en la pantalla, tu cabeza se ilumina y lo entiendes todo mejor» (Fernando Trueba)

“Todos”, concluye el guitarrista cuando se le pregunta por el hecho de que lo jondo se desdibujara, “han querido hacer algún detalle flamenco, han sacado una parte que no habían hecho nunca. “Yo me voy a su terreno y ellos vienen al mío. ¡Y ha salido tan natural todo! Hay un momento en que Caetano, te lo juro, me parece Enrique Morente, y Marisa te suene como a una cantaora flamenca. O Rubén, ¿cómo puede cantar un hombre con tantos registros?”.
A la hora de valorar la huella que ha dejado el rodaje de Bajañí en cada uno de ellos, Niño Josele afirma que “ha sido una belleza musical tremenda, con tantos músicos como había ahí, tanta emoción… No sabía que se podían hacer tantas cosas con la guitarra, te lo juro”; mientras que Trueba añade que ha obtenido “la felicidad, el disfrute de hacerla, y la humildad de poner al cine al servicio de la música… Y una cosa que descubrí con Calle 54, y es que el cine ayuda a oír. Tú puedes oír un disco o un concierto, pero cuando ves los detalles en la pantalla, tu cabeza se ilumina y lo entiendes todo mejor”. ♦










































































