Quién dijo que no se puede bailar por bulerías en puntas y quebrarse. Estela Alonso (Madrid, 1991) lo demostró este martes, en el cierre del estreno de su obra Aquellas que habitan en mí, en la Sala Negra de los Teatros del Canal de Madrid dentro del ciclo de residencias Canal Baila. Resulta raro, por diferente, asistir a un espectáculo en el que se oye una soleá, una guajira o una farruca y no se escuchan unos pies que con fuerza resuenan a compás en el suelo. Pero en esta obra no hay zapateado y Alonso baila la mayor parte del tiempo en puntas.
Dicen las antiguas que el ballet es de aire y el flamenco de tierra; que el ballet busca elevar al bailarín al cielo y lucha contra la fuerza de la gravedad, mientras el flamenco persigue romper la tierra, atravesarla y dejar salir el fuego que esconde en su centro. En un lugar intermedio debe estar la danza española junto con Estela Alonso. La bailarina y coreógrafa es capaz de parecer ligera y grácil en sus movimientos y a la vez, profunda –aunque no tanto oscura– a la manera flamenca.
Va sobrada de técnica –no en vano es solista del Ballet Nacional de España–, pero verla bailar también es emocionante. Es precisa, no se excede con los efectos –concatenando giros, por decir alguno–, pero sabe dónde colocarlos. La obra fluye, aunque podría condensarse aún más: si prueba a bailarla sin los recitados, por muy bien ejecutados que están (porque así es), se dará cuenta de que no son imprescindibles.
La nueva propuesta de esta bailarina, que lleva un tiempo abriéndose camino con nombre propio en los canales del flamenco con una propuesta que se sale de los cauces tradicionales, transita por diferentes etapas vitales: la inocencia de la infancia, una juventud con ganas de comerse el mundo, las sombras necesarias, una mujer madura que enfrenta obstáculos y una mujer invicta que alza la voz. Un viaje hacia el interior a través de la danza española.
Arranca como una muñeca que es colocada en medio del escenario y baila como dentro de una caja de música. Le sigue una nana coreografiada por Mar Aguiló en la que el cante de Gema Caballero la eleva y la envuelve en el trance que necesita la escena. Después ejecuta una pieza de folklore que deja paso a una guajira firmada por Valeriano Paños. En este palo de la sensualidad por excelencia abre las caderas, se divierte y es juguetona, pero no termina de romper.
«Estela Alonso va sobrada de técnica –no en vano es solista del Ballet Nacional de España–, pero verla bailar también es emocionante. Es precisa, no se excede con los efectos –concatenando giros, por decir alguno–, pero sabe dónde colocarlos»
Hace volar a un mantón de Manila en el que por momentos se esconde, y da pie a una soleá en la voz de Caballero que revuelve las tripas. Después, vestida con pantalones y sombrero de ala ancha, juega con los brazos en la escena con mayor enjundia de la obra, un baile que da pie a una farruca de aire y de tierra a la vez, que remueve sin perder la ligereza: el momento de mayor intensidad dramática.
Cierra con una bulería con palillos intensa y emocionante que arranca los oles del público. Ahí está la respuesta: sí, se puede bailar por bulerías en puntas y quebrarse.
La música, con dirección de José Almarcha –que también toca la guitarra–, está más que bien elegida y los músicos son virtuosos. Destacan todos: Iván Mellén a la percusión, Bruno Duque a los vientos, Víctor Guadiana en el espacio sonoro. Pero cómo no mencionar el cante de Caballero, que sostiene constantemente la propuesta y le genera la atmósfera necesaria para ese contrapeso de tierra que pide el baile de Alonso.
Esta es la primera creación de envergadura de Alonso y se nota esa necesidad de dar rienda suelta a una voz propia. Su trayectoria resulta especialmente interesante: es uno de los nombres propios que están surgiendo para renovar la danza española desde un discurso más personal, más cercano a la actualidad, con obras que no necesariamente pasan ni por grandes coreografías ni por grandes ballets. Una generación que apuesta por lo íntimo y lo auténtico.
El aforo completo y un público entregado que ovaciona y grita oles a lo largo de la función confirman que hay hambre de propuestas como esta. Estela Alonso, que además colabora asiduamente en los tablaos Villa Rosa y Corral de la Morería de Madrid, está buscando su propio territorio entre el cielo y la tierra. Aquellas que habitan en mí invita a reflexionar sobre la autenticidad y la búsqueda de la propia voz, a explorar la dualidad entre lo que proyectamos y lo que realmente nos habita. Y en ese difícil equilibrio, demuestra que lo importante no es elegir un bando, sino encontrar la manera de que todos convivan en el mismo cuerpo.
Ficha artística
Aquellas que habitan en mí, de Estela Alonso
Sala Negra, Teatros del Canal, Madrid
30 de septiembre de 2025
Baile: Estela Alonso
Guitarra: José Almarcha
Cante: Gema Caballero
Percusión: Iván Mellén
Vientos: Bruno Duque
Espacio sonoro: Víctor Guadiana
Coreógrafos invitados: Valeriano Paños (Guajira) y Mar Aguiló (Nana)






































































