Juan Toro Barea nació en Morón de la Frontera en 1958, y en aquel mundo, sin televisión ni radio apenas, le fascinaba el flamenco desde pequeño. Andando el tiempo, desarrolla una auténtica afición al arte jondo, y su pericia en el género le conduce a escribir un libro en 1998: Memoria flamenca de un sentir andaluz. Hace poco sacó una biografía de Diego de Morón, amigo suyo de toda la vida, excéntrico guitarrista, hijo del que fuera el admirado cantaor Luis Torres Joselero, y sobrino de Diego del Gastor. El cruel destino dispuso la defunción de Diego de Morón al poco tiempo de la presentación de su biografía. Aquí hablamos con el autor acerca del nuevo libro.
Juan, ¿cómo surge la idea de escribir la biografía de Diego de Morón?
Bueno, es una idea que siempre tuve en la cabeza. A finales de los años 70 y principios de los 80, tuve con Diego una amistad muy estrecha y muy fraternal: de mucha complicidad. Fueron unos años de juventud compartida y afinidad sin límites. Por tanto, siempre tuve la intención de reivindicar su figura y su música a través de una biografía que un músico y una personalidad como Diego merece, para que su vida y su obra sean conocidas y reconocidas.
¿De dónde viene tu relación con Diego? ¿Ha sido complicado recabar datos e investigar sobre su vida?
Sobre la primera pregunta es un poco lo que te decía anteriormente. Yo tomaba clases de guitarra con Diego y a partir de ahí nace una amistad y una conexión muy especial, lo que provoca que pasemos juntos más horas de las que tiene el día. Viajábamos mucho juntos, nos íbamos de cachondeo juntos, me iba a su casa y le escuchaba tocar durante horas y horas… En fin, que, como te digo, nació entre nosotros una sana y profunda amistad que duró algunos años, hasta que yo me marcho a vivir fuera de Morón y nos continuábamos viendo, pero ya con mucha menos frecuencia.
En cuanto a lo de recabar datos e investigar sobre su vida, puedo decirte que no ha sido fácil. Sobre Diego se ha escrito mucho, pero siempre o casi siempre sobre su música, sus actuaciones o su papel como continuador del toque de su tío Diego del Gastor. Poco se ha escrito o hablado de Diego acerca del tránsito vital por su vida: cómo fue su niñez, su infancia, su adolescencia. Cómo fue el servicio militar, sus viajes a EE.UU, a Japón, sus giras por Italia, sus estancias en Cataluña al lado de su hermano Pepe Luis, sus relaciones sentimentales y en fin, todo aquello que es importante en la vida de una persona, más aún en la vida de un personaje tan inclasificable como Diego. Pero he de decir que me lo he pasado tan bien que ha sido una aventura maravillosa, de esas que no quieres que se acaben nunca.
«Diego es un actor principalísimo dentro de esta herencia musical y de esta manera tan original de tocar y de sonar. Compartió vibraciones vitales muy parecidas con su tío Diego del Gastor. A mi juicio, creo que en Dieguito residió el último reducto de la escuela de Diego del Gastor, al menos en su concepción más integra y vitalista»

¿Qué papel ha jugado Diego en el llamado toque de Morón? ¿Qué le diferencia musicalmente del resto de la familia guitarrística gastoreña?
Bueno, como tú bien sabes, la herencia musical de Diego del Gastor se transmitió de manera muy principal a través de sus cuatro sobrinos: Paco, Agustín, Juan y Dieguito. Ellos son los primeros y más naturales herederos del universo gastoriano: el cuarteto que ha heredado su sensibilidad artística y su impronta racial. No obstante y curiosamente, cada uno de ellos con su propia sensibilidad y muy diferentes entre sí. En este sentido, Diego es un actor principalísimo dentro de esta herencia musical y de esta manera tan original de tocar y de sonar. A mi entender, sin que esto sea un demérito para nadie, Diego compartió vibraciones vitales muy parecidas con su tío Diego del Gastor. A mi juicio, creo que en Dieguito residió el último reducto de la escuela de Diego del Gastor, al menos en su concepción más integra y vitalista.
¿Cómo valoras el toque de Morón? ¿Eres consciente de la amplitud de opiniones al respecto?
Claro que sí. Soy perfectamente consciente de la variedad de opiniones y hasta de las polémicas que suscita el tema. Yo hablo en el libro de Diego de la importancia y la trascendencia que la revolución que trajeron a la guitarra y al flamenco en general Paco de Lucía y algunos de sus coetáneos ha sido lo más importante que le ha ocurrido a la guitarra flamenca en su historia. Pero creo que no está reñida la rendida admiración que muchos sentimos por Paco de Lucía, con estar adscrito a otra concepción del toque flamenco, a otra manera de conducir las emociones. Ambas cosas son compatibles. El mismo Diego era un ferviente admirador de Paco de Lucía. Lo que ocurre es que estamos instalados en una dinámica, que hemos traspasado un umbral, que muchas veces no alcanzamos a entender hacia dónde nos lleva y para qué. Todo el mundo instalado en la revolución, aunque no todo el mundo tenga facultades revolucionarias. Como te decía antes, es una cuestión de concepción del toque flamenco. Y sería un error entrar en comparaciones, un gran disparate. La preocupación estética de Dieguito estaba en otra esfera, y ahí es donde percibo que reside lo más noble y lo más cierto de la condición humana. Es algo de otra época, que puede ser la más antigua o la más moderna, pero que no es la de los demás. Yo soy un grandísimo admirador de Paco de Lucía y de todo su universo, pero he de decir que estoy aferrado y más en sintonía con la emoción del talento y la verdad que transmite el toque de mi tierra.
Se te siente poco tolerante de la época fandanguera. ¿Te consideras neojondista?
Si extraemos del término neojondista aquellas connotaciones que puedan resultar peyorativas, sí. Si por neojondista entendemos estar adscrito a una corriente estética que apuesta por el flamenco clásico pero desde una visión o sensibilidad contemporánea, sí me considero neojondista. Creo que hubo una época, la época de la llamada ópera flamenca, que en general no significó nada bueno para la conservación, difusión y dignificación del flamenco, si entendemos por flamenco como la más original y singular de nuestras señas de identidad. Y conste que lo digo con respeto a todas las corrientes y gustos.
«Uno de mis mayores propósitos a la hora de escribir la biografía de Diego de Morón ha sido reivindicar su figura. Contribuir a la divulgación y dignificación de un músico colosal y una figura única de Morón y del toque flamenco. (…) El tiempo pondrá a Diego en el justo lugar de la historia que le corresponde»

¿Cómo ha influido la época de los extranjeros en Morón? Serías un niño entonces.
Pues sí. Como bien dices, esta época corresponde a mediados de los sesenta y los setenta. Yo era un niño, pero tengo algunos recuerdos relacionados con esa época. Mis padres regentaban un bar en Morón, el Bar Tropezón, aún en activo. Por allí pasaba a menudo Pohren, porque el bar en cuestión estaba en el camino de su recorrido desde Morón a la finca Espartero. Era un hombre muy conversador y muy inteligente, enamorado hasta el tuétano del flamenco y fascinado con Diego del Gastor y con todo lo que se movía a su alrededor. Luego, pasado el tiempo tuve mucho contacto con él por cuestiones colindantes. En cuanto a la influencia de esa época en el flamenco de Morón, pues está claro que tuvo su influencia, porque ayudó a difundir el flamenco en general y el de Morón en particular de una manera internacional, lo que provocó a su vez un ambiente que dio mucha vida a Morón, al flamenco local y al de la zona de influencia en general.
¿Crees que Diego ha sido justamente reconocido como guitarrista?
En absoluto. Uno de mis mayores propósitos a la hora de escribir su biografía ha sido reivindicar su figura. Poner en valor y contribuir a la divulgación y dignificación de un músico colosal y una figura única de Morón y del toque flamenco. Somos muy dados a reconocer los méritos personales de los demás cuando ya no están entre nosotros. Estoy persuadido de que el tiempo pondrá a Diego en el justo lugar de la historia que le corresponde. ♦








































































La guitare de Diego de Moròn avait en elle la charge ancestrale qui porte le cri à la hauteur de l’œuvre humaine, sans pathos ni fard esthétique, dans le sillage de son oncle Diego el del Gastor, il exprimait la joie du partage dans une geste d’une humanité rassérénée. Demeure désormais en paix.