La Abadía del Sacromonte, en el marco de la I Bienal de Flamenco de Granada, acogió un nuevo recital de cante flamenco, uno que dejó huella entre el público y en cualquier buen aficionado que conozca los códigos del cante. Porque la cantaora onubense Argentina dio un recital de órdago. Una hora y media de cante por derecho, entre la vanguardia y la tradición, más pendulando en esta última, pero con un aroma de frescura envidiable.
De esta cantaora no hay mucho nuevo que decir, ya que es una figura reconocida en el género y no vamos a descubrir lo que es capaz de hacer. Pero la diferencia que existe entre los buenos artistas y cantaores y otros que, por motivos que siempre se adivinan, están en lo más alto sin haber aportado nada especial es la capacidad de aportar algo novedoso, un discurso que se aleje del copismo y de la ejecutoria llana y liviana que no deja de ser una fotocopia musical, melismática y anodina del cante. En esas, parece que Argentina ha evolucionado sobremanera y, en su afán de investigar y salirse del carril de lo que hace la mayoría, escogió un repertorio conocido pero no manido, al que dio un toque personal para no parecerse a nadie. Aportó novedosos estilos, algunos de ellos en desuso que vagaban ocultos en grabaciones antiguas y que ha sabido rescatar para dar notoriedad y presencia en el presente.
De ahí que al escuchar los primeros versos de la asturiana, cante que incorporó Antonio Pozo El Mochuelo al acervo flamenco, o más bien, a su discografía, nos diéramos cuenta de que nos esperaba disfrutar de buen cante. Del repertorio del Mochuelo también rescató la serrana y el cambio de María Borrico con la guitarra de Eugenio Iglesias, no sin antes darse un paseíllo zalamero por Cádiz y por tanguillos antiguos, los del Tío de la Tiza. Fueron breves y sentenciosos, divertidos y juguetones, con una velocidad en la voz ajustada a estos sones.
En el amplio abanico de cantes y estilos que regaló, coqueteó con la zambra de Caracol, que pasó a tientos y a tangos veloces. A lo largo de la noche estuvo alternando con las tres guitarras que se trajo, cada una de una localidad diferente, esto es, José Quevedo Bolita, de Jerez de la Frontera, Eugenio Iglesias, de Sevilla, y Francis Gómez, de Moguer. Este último la acompañó magistralmente por tarantas, las de Fernando de Triana y la de la Gabriela.
«La cantaora onubense Argentina dio un recital de órdago. Una hora y media de cante por derecho, entre la vanguardia y la tradición, más pendulando en esta última, pero con un aroma de frescura envidiable»
Por soleá eligió una buena tanda de apolás comenzando con la soleá-petenera en los modos atribuidos a Silverio y rematada acordándose del Tenazas de Morón, cantes en desuso que acomodó a su tesitura dulce de voz.
Si alternaba en el escenario con los guitarristas, a solas, para la granaína quiso contar con los tres, cada uno con una sonoridad muy diferente para empezar con la malagueña de Chacón en tono de rondeña, cambiar el tercio a la granaína-malagueña de Cepero y rematar con la grande de Chacón. Cantó con la exquisitez y mesura que requieren estos estilos pero aportando una enjundia y flamenquería propia de los maestros a los que recordó.
Justo después y en ese alarde de salirse de los cánones establecidos, escuchamos la letra asociada a las alegrías Están puestos en balanza dos corazones a un tiempo metidas en rondeña chica, para acordarse de Jacinto Almadén en la grande y rematar con la de Enrique Morente.
Recorrido ya la mitad del recital, se quedaron en el escenario Bolita a la guitarra y Diego Montoya, Emilio Florido y Roberto Jaén al compás para hacer una bulerías arrolladoras, enormemente rítmicas y aceleradas, marcadas de contratiempos en la guitarra. Tonás de Pepe el Culata y seguiriyas para Argentina, que cambió de vestuario, ahora con traje fucsia, y solo apta para oídos con gusto. Por alegrías y con letras nuevas, nos resumió las capitulaciones de Santa Fe. Intentó terminar por fandangos, en un basto recorrido por los personales y los de su tierra, pero no la dejamos. Tuvo que hacer el primer bis con el cuplé de Fernanda y Bernarda de Utrera Todo el mundo nos separa y el segundo con la versión de María la Portuguesa de Carlos Cano. Aunque el órgado lo dio en la tanda de fandangos, en los que volvió a regalarnos los ecos de Morente, de Cepero, de Paco Isidro, de Rafael Pareja-El Gloria, de Juan María Blanco, y echarlo todo en los de Huelva. En definitiva, fue un espectáculo muy bien engranado, con acompañamientos de primer orden y con la voz de una Argentina pletórica de facultades, entregada al máximo y gustándose como nunca, algo que transmitió y que es justo reconocer.
Ficha artística
Hábitat, de Argentina
I Bienal de Flamenco de Granada
Abadía del Sacromonte, Granada
20 de septiembre de 2025
Cante: Argentina
Guitarras: José Quevedo Bolita, Eugenio Iglesias, Francis Gómez
Palmas y coros: Diego Montoya, Emilio Florido, Roberto Jaén







































































