Acabo de recibir el nuevo disco de Alejandro Hurtado, el guitarrista alicantino que está batiendo récords de aceptación por parte de la afición más variopinta. Tengo que decir que, a pesar de haberlo tenido de alumno cuatro años en el Superior de Córdoba, hablo con toda sinceridad dejando de lado el afecto que siento por él desde que nos conocimos.
Quiero felicitar a Alejandro por este su tercer trabajo discográfico titulado El primer llanto. El discurso musical de Alejandro no se casa con nadie, no sigue las corrientes actuales de «originalidad caiga quien caiga», la originalidad la trae puesta de casa. Tiene un talento natural para la interpretación y para la composición, una doble vertiente que escasea más de lo que muchos se creen.
«Estamos ante una muestra perfecta del talento creativo del maestro Hurtado para el toque de guitarra flamenca. Abundancia de material melódico que, de original, acabará siendo modelo para los trincones que, como debe ser en el arte, se fijan siempre por dónde van los tiros y así apuntar certeros en sus composiciones»
Se inicia con una rumba en 7/8 (2+2+3), compás irregular que ni se nota, instrumentada para grupo flamenco, con intro en trémolo y escordatura con el sexto en Re y la quinta en Sol, dejando a las claras su intención renovadora y flamenca, clásica y a la última, tradición y vanguardia siempre de la mano, el estilo sincero y cabal al que nos tiene acostumbrados. El uso que hace de la escordatura es en todo el disco el justo y necesario, también en una preciosa soleá que titula Calle La Tercia. Se dobla en las sevillanas Albero y carmesí, a dos guitarras, con sutiles arreglos, de los que está salpicado todo el disco. Me ha encantado la habanera …De caña y cordel, donde canta la guitarra en menor y mayor, sones de su Mediterráneo que añaden la variedad adecuada a un disco rico en matices. El búcaro, tiempo de seguiriyas airosas en tono de serrana una guitarra (por arriba) y otra en Re#, sacando el debido partido a los tonos más actuales, muy flamenca. Titula Mudanzas unas seguidillas panaderas con el aroma majo, con garbo y donaire, saladas, recuerdo de la música castiza de los siglos XVIII y XIX, fuente y caudal del flamenco, inspirado por aquellos panaderos de Tomás Damas y Julián Arcas. La petenera, de suyo tropical, la titula Renacer, con trémolo limpio y ejecutando cada nota con intención jonda, aprovechando la rica armonía del estilo. La Noche de Reyes por bulerías es un ramillete de regalos con falsetas marca de la casa, fiel a su estilo, libre de las estridencias que escuchamos por ahí, ceñido a su forma de entender el estilo ofreciendo una exacta proporción de virtuosismo sin alardes, natural. Y hasta una mazurca contiene esta joya de disco, La Bondad, que es de una dulzura sublime, que muestra inspiración y asegura esperanza para con el flamenco actual. Los tangos, en tono de rondeña (aunque la sexta está en Do# en vez del habitual Re y segunda guitarra en tono de granaína), los titula Tangos del camino y nos recuerdan a esos dúos maravillosos de Juan y Pepe Habichuela. Intro de aire y articulación farruquera que rompe por tangos con la percusión, siempre sutil en todos los números. Se dobla la guitarra, creando esa instrumentación apropiada al toque del estilo, compartiendo a partes iguales las voces. Cierra con la nana que da título al disco, El Primer Llanto, armónicos para el tema principal «brahmsiano», que repite como cantinela, como manda el estilo, armonizándolo. Deliciosa.
Estamos ante una muestra perfecta del talento creativo del maestro Hurtado para el toque de guitarra flamenca. Abundancia de material melódico que, de original, acabará siendo modelo para los trincones que, como debe ser en el arte, se fijan siempre por dónde van los tiros y así apuntar certeros en sus composiciones, y en la obra de Alejandro hay mucha materia musical para trincar. Con 31 añitos despliega su arte poniéndolo al servicio del flamenco contemporáneo, dando buena cuenta de la excelente salud que vive el género y que, en sus manos, no deja un resquicio a lo banal. Gracias, Alejandro, por los esfuerzos que, por lo visto y oído, no habrán sido escasos. Estamos de enhorabuena.







































































