En la década de los treinta compró el escritor José María Pemán una buena casa en Cádiz, con un dinero que había ganado gracias al éxito de El divino impaciente. Una finca situada en la Plaza de San Antonio esquina con calle Veedor. Allí murió en 1981 y para siempre será conocida como la Casa Pemán, ahora sede de la Fundación Cajasol, que dota de un contenido formidable a cada una de sus salas expositivas, salones para conferencias o la propia azotea. Allí se ha celebrado en el mes de julio el Estival Flamenco, que ha cumplido su séptima edición con cuatro recitales de un formato clásico: una voz, una guitarra y dos palmas.
Algo menos de cien personas, previo pago de ocho euros, el cielo recibiendo a la noche, el fresco poniente que obliga a rebequita y un olor a pescaíto frito subiendo por las paredes. Las terrazas de los bares llenas, un público variopinto y con ganas de vivir la experiencia de una hora de actuación que se presume corta pero intensa. Cádiz capital, que también nos podíamos extender en el territorio de sus alrededores pero sería abarcar demasiado, ha presentado una programación muy ambiciosa para este verano que ya comienza a verle la cara a septiembre.
Por un lado tenemos este ciclo que ya ha concluido con éxito, pues todas las jornadas han colgado el cartel de no hay billetes y del que luego hablaré en más profundidad. Por otro lado, el festival Flamencad, Raíz y Bahía: ¡Baluarte!, celebrándose ya en el Baluarte de la Candelaria con noches como las de esta semana que aúnan las voces de La Fabi y Antonio Reyes, habiéndose inaugurado con un explosivo Raimundo Amador que agotó todo el papel. Continuará hasta finales de agosto con nombres como El Farru y La Tana (el 7) y Encarna Anillo y Alba Molina (el 21).
Otra de las esperadas y numerosas citas las ofrece el Centro La Merced con Cádiz es Flamenco, con actuaciones desde los balcones como el Teatro Falla, Plaza del Mentidero, la de la Candelaria y Santo Domingo, con voces como Esmeralda Rancapino, Manoli de Gertrudis y José Méndez, para pasar a formatos mayores en el Castillo de Santa Catalina con Marco Flores, Josemi Carmona, Ángeles Toledano, Lela Soto, Sebastián Cruz, Rafael de Utrera y Jesús Méndez.
«Rocío Luna es una de las cantaoras del momento, así, sin más. Defiende un repertorio clásico, pero fresco y desenfadado, serio a la par que ilusionante y cercano, profundo a la vez que moderno. (…) Esta cordobesa está considerada pero, créanme, copará grandes noches de cante en próximos años»

Volviendo a la azotea de Cajasol, os cuento #DesdeDentro cómo lo he vivido. El encargado de abrir plaza fue Caracolillo de Cádiz, autóctono, con la prodigiosa guitarra de Paco León, mostrando un gran dominio en cantes como las alegrías, soleá, bulería o tangos. Caracolillo ha explosionado, es su verano, no cabe duda de que se ha posicionado en un lugar privilegiado gracias al esfuerzo que mantiene desde hace años con premios, además, que lo avalan como el Nacional por Alegrías o el de Antonio Mairena. Lo más difícil siempre es conectar con el público y él parece no tener problemas, y no lo digo solamente por esta actuación sino por otras tantas en las que hemos coincidido.
Seguidamente, un jerezano de la talla de José Mijita llevó su profundo registro por seguiriyas y por soleá, sin olvidar algunos éxitos de su último trabajo discográfico titulado Al sur de la libertad, con tangos y bulerías como la dedicada a Los Chichos que tan buena aceptación suelen tener. Estuvo con la sonanta de Pepe del Morao, una garantía indiscutible. José también goza de madurez para defender recitales como estos, de empaque, y de otros festivales que deberían abrir los ojos ante voces como las suyas. A veces los programadores deben ir más allá de lo que ya saben, es decir, no acomodarse en la ‘sencilla’ batalla de llenar una plaza del pueblo en las tantas citas veraniegas, sino hacer crecer el flamenco en intérpretes, acercar al público perfiles que merecen la atención. El de la Plazuela se canta y se baila por bulerías construyendo un monumento al legado de su familia de los Chalao. Público entregado y agradecido.
La mujer tomó el protagonismo en la jornada del 16 de julio con Anabel Rivera, que contó con su hermano Kiki Rivera a la guitarra. La gaditana creó una firme expectación desde los primeros días que el cartel de la edición recorría las redes sociales. Es una voz que acompaña, habitualmente, a otras como las de Marina Heredia, Niña Pastori, Edu Guerrero o su marido David Palomar, que estuvo sentado a mi lado disfrutando como espectador, al igual que Andrés Peña y Pilar Ogalla, que se sumaron al fin de fiesta. Pero en esta ocasión reivindicaba su espacio y así lo consiguió, con un clamor atronador del respetable que celebró el Día del Carmen con ella y su gente. Magnifica la interpretación por tanguillos, dedicados a Mariana Cornejo. “¡Qué bien huele a pescao frito!”, dijo, como todos los demás artistas del ciclo.
Rocío Luna cerró el día 24 el Estival con un recital completísimo que me hace pensar sobre su prometedor presente y su ansiado futuro. Es una de las cantaoras del momento, así, sin más. Defiende un repertorio clásico, pero fresco y desenfadado, serio a la par que ilusionante y cercano, profundo a la vez que moderno. Rocío tiene cosas en común con los de su generación, no cabe duda, pero se crea un estilo personal con movimientos corporales suntuosos, y una garganta que engancha. Ganó la Lámpara Minera en 2023 y ha sabido aprovecharla sin la necesidad de manipular su esencia. Esta cordobesa está considerada pero, créanme, copará grandes noches de cante en próximos años. Arropada por Francis Gómez, que le viene como anillo al dedo, se introdujo en repertorio poco habitual como la serrana o las cantiñas de Niña de los Peines. Ella no solo olía a esa fritura que salía del freidor de abajo sino también a mar, a sal… A Cádiz exprimido y saboreado. ♦














































































