Conozco la localidad sevillana de El Cuervo desde el curso 1975-76, cuando ejercí la docencia en Las Cabezas de San Juan. Por entonces, el flamenco en la comarca del Bajo Guadalquivir no era cosa menor, con núcleos de población con identidad propia. Y abundo en ello.
Despuntaban, obviamente, Utrera y Lebrija, sin que quedaran atrás la tierra que vio nacer a Fernando el Herrero, difusor del cante por serranas; el Niño de las Cabezas y la bailaora Pepa Montes –me refiero a Las Cabezas de San Juan–; Los Palacios y Villafranca, donde en 1951 se fundó la más antigua de las peñas flamencas sevillanas; Los Molares, que a finales de 1978 iría gestando la Peña El Castillo del Cante; El Coronil, que en 1982 celebró bajo un temporal inolvidable el I Festival Flamenco de Las Aguzaderas, llamado así por celebrarse en el castillo del mismo nombre; y El Cuervo, tenido por territorio que nunca traspasó la barrera del silencio.
Y se equivocan, porque aparte de asociarse desde la segunda mitad de los años ochenta a Manuel Olmo Luque, El Cojo Coripeño –oriundo de Lebrija y su padre de Coripe–, el pueblo carecía de afición en el ecuador de los setenta del siglo pasado, pero adquiere nombradía a raíz de que en 1984 se inaugurara la Peña Flamenca Curro Malena, en el Bar Las Vegas, con el recordado Pepe Pozo, de presidente, y Braulio, de vicepresidente, que le otorgaron la primera insignia de oro a mi amigo Francisco Vallecillo Pecino.
Al año siguiente, la entidad hizo su Noche Flamenca y organizó el I Concurso de Cante Juaniquín, que, aunque jerezano vivió mucho tiempo en El Cuervo. Este certamen se dilató hasta 1986 con el triunfo de El Cabrillero, y quien firma ejerció de presidente del jurado, con la anécdota de que le dimos –aludo a Conchas Vargas– una Mención Especial a un niño de tan sólo 11 años de edad, Joselito de Lebrija, el hoy José Valencia. No olvido que ese mismo año se le impuso la máxima distinción a Curro Malena y a su compadre, el cabal chiclanero y joyero Agustín Benítez, a más del homenaje al gran aficionado Antonio Gómez Reguera, alias El Piro.
En los albores de 1987, un trágico accidente automovilístico acabó con la vida del admirado Pepe Pozo, asumiendo Agustín Benítez la presidencia de la peña, y quedando de vicepresidente Braulio González Zambrano. Los ánimos, por supuesto, decayeron. Empero, se celebró a mediados de junio el III Concurso de Cante de Juaniquín, que fue a manos de Paco Moya, amainando la actividad después de la concesión de la insignia de oro a Chano Lobato, allá por mayo de 1988.
Pese al debilitamiento también por el desinterés ante la falta de afición, el flamenco guadianea en El Cuervo. Recuerdo que en agosto de 1987 el Ayuntamiento programó el Verano Cultural con Diego Márquez y El Cojo Coripeño, además de, entre otros, las academias de Ana Criado y María Amarillo. Y a partir de ahí, un período de paralización en el proceso divulgativo coincidiendo con la independización del municipio de El Cuervo, que, tras un movimiento popular que luchó por la segregación de su núcleo principal, Lebrija, culminó el 6 de octubre de 1992 con la declaración de Independencia, produciéndose la constitución del Ayuntamiento el 19 de diciembre del mismo año.
Pero sin zafarnos de lo que nos ocupa, reconstruyamos la memoria con el nacimiento en 1995 del I Festival de El Cuervo, que quedó encabezado por El Cojo Coripeño merced a una iniciativa municipal que persistió el año 1997 en la Plaza Principal.
«El personal quedó enfervorizado y entusiasta ante José Olmo y Reyes Carrasco, lo que pone en cuestión el aforismo ‘De El Cuervo p’abajo está el ajo’, ya que, con los datos aportados, ni p’abajo ni p’arriba. El Cuervo está donde debe porque tiene entidad propia. Solo falta que se lo crea»
Ya en el siglo XXI, el año 2009 Rosa Castro y Manuel Andrade cerraron el renombrado Bar Sevilla-Betis tras 52 años de vida laboral, y tres años después, en 2012, dentro de los actos conmemorativos de la Segregación e Independencia de El Cuervo, el Ayuntamiento le otorgó a El Cojo Coripeño el título de Ciudadano Distinguido por toda su trayectoria profesional.
Sería del 21 al 28 de junio de 2013 cuando el Ateneo Cultural Andaluz Arbonaida celebra el I Ciclo Flamenco La Choza de Juaniquín en el edificio del siglo XVIII la Casa de Postas, que en su segunda edición tuvo lugar del 24 de julio al 1 de agosto de 2014 con el añadido del I Concurso de Cante La Choza de Juaniquín y una conferencia de Manolo Sanlúcar. Anótese al respecto que Juaniquín vivió en una humilde choza ubicada frente a la Venta de Santa Inés, en la travesía de la carretera nacional de El Cuervo.
Pero seguimos, porque en julio de 2015 el ciclo alcanzó su tercera edición programando, igualmente, el concurso, y teniendo continuidad en años sucesivos, donde en 2018 contó con la presencia del cantaor José Olmo, hijo de El Cojo Coripeño e icono local. Y hasta cuando parecía que expiraba, se pudo celebrar en 2019 en honor a Manuel Mellado Moreno, biznieto de Juaniquín que había fallecido recientemente, correspondiendo la clausura a flamencos como José Olmo, que un par de años antes había presentado su propio disco, editado gracias a unos micromecenazgos liderados por el propio Ateneo.
Mas como impera la fecha de caducidad, en 2020 no se pudo celebrar la octava edición del ciclo por mor de la Covid, justo cuando el 2 de agosto murió en Los Palacios el nieto varón de Juaniquín, Casto Moreno Merchán, al que se conocía como el Tito Andrés, o Andrés el del Bar Cine, e hijo del “hijo perdío” de Juaniquín, Casto Moreno Vargas, alias El Mojiconero, por los churros que hacía con la mujer.
El flamenco, como queda constatado, aparece y desaparece en El Cuervo. Es como una factura con fecha de vencimiento. Anotemos, no obstante, que, en noviembre de 2021, y organizado por el Ayuntamiento, nació el I Festival Flamenco Casa de Postas, homenaje a Manolo Sanlúcar. Y en noviembre de 2022 este evento le rindió homenaje a Manuel Olmo Luque, El Cojo Coripeño, alcanzando en noviembre de 2024 su cuarta edición, coincidiendo con el Día Internacional del Flamenco.
Lo que va a ocurrir en el futuro es impredecible. Sí podemos reseñar, por el contrario, que anoche, 1 de agosto, el Ayuntamiento de El Cuervo cerró con éxito la historia del flamenco contemporáneo. Y lo hizo Al son de la gañanía, jornada que contó con el representante local, José Olmo, que, arropado por la guitarra de Luis Carrasco y las palmas de José y Antonio Carrasco, dejó sus credenciales –soleá por bulerías, tientos-tangos, malagueña, fandangos y bulerías– con inagotable energía y voz amplia, potente y bien esmaltada, de rico centro y de agudos seguros y pujantes, dejando una sensación magnifica de principio a fin ante los suyos que lo enaltecían.
Ese nivel de calidad estimuló a Reyes Carrasco, que está en un momento vocal extraordinario, pues escoltada por la guitarra de Ñoño Santiago y el jalear de palmas de Richard Gutiérrez y Alberto Parraguilla, plasmó con inteligencia las cantiñas, soleá por bulerías, lorqueñas con malagueña, jabera y fandango del Albaicín, tangos, bulerías y fandangos, cantados con profunda emoción y gran fuerza conmovedora, lo que le permitió, por un lado, meterse al público que abarrotaba el auditorio en el bolsillo, y por otro, regalarle a la noche momentos indelebles.
El personal quedó, pues, enfervorizado y entusiasta ante el cuerveño y la palaciega, lo que pone en cuestión el aforismo De El Cuervo p’abajo está el ajo, ya que, con los datos aportados, ni p’abajo ni p’arriba. El Cuervo está donde debe porque tiene entidad propia. Solo falta que se lo crea.







































































