Uno de los encantos de las artes escénicas reside en que nunca hay dos espectáculos iguales. Y no porque el artista no repita sobre las tablas sus movimientos de forma idéntica, sino porque la mirada del público, que nunca es la misma, condiciona y transfigura todo lo que sucede bajo los focos. No es lo mismo actuar en el Teatro Central de Sevilla, ante espectadores habituados al lenguaje contemporáneo, que en un lugar donde dicho lenguaje resulte extraño. No es igual hacerlo en un festival como el de Jerez o la Bienal, donde se presupone una afición formada, que en un festival recién nacido, como el Tagarnina Fest de Algodonales. Y ahí radica buena parte de su interés.
La segunda jornada de esta cita venía protagonizada por dos bailaoras que, partiendo del flamenco, desarrollan discursos dancísticos con vocación vanguardista. La primera de ellas, la sevillana Macarena López, fue definida por la maestra de ceremonias Susanne Zellinger como una artista “a menudo considerada como salvaje, pero no lo es, porque controla todo lo que hace”. La vemos comparecer cargando con su mantón y su traje, y de inmediato comprobamos que el control de su cuerpo es, en efecto, absoluto.
«Puede que haya programadores que no se atrevan con este tipo de trabajos, pero el Festival de Algodonales ha querido mostrar a los vecinos de la villa que hay muchas maneras de decir desde la danza, y muchas las sensaciones que pueden provocarnos»

Unas sevillanas lentísimas –en sonido pregrabado, como tónica general de la noche a falta de otros recursos– le permiten demostrar la precisión de sus movimientos de brazos y piernas. Pero además es una de esas artistas que baila también con los ojos, con la cara, en un alarde de expresividad muy efectivo. Se suelta el pelo y hace a un lado los gestos más mecánicos para dejar que asome su costado más sensual. Se desnuda hasta quedarse solo con un body, y en el patio de butacas se multiplican los murmullos, las risas nerviosas que impone el pudor. El respetable quizá no sea consciente de ello, pero muchos esta noche, pequeños y mayores, van a descubrir que el arte no es siempre caricia y comodidad, también puede y debe sacudirte, inquietarte, sacarte de tu zona de confort. Tras las alegrías ejecutadas con bata de cola, hay una última mirada al público de la bailaora (¿desafiante, de extrañeza?) que pone el broche a este De milagro. Y es premiada con una ovación agradecida.
La de Sara Jiménez es una propuesta aún más radical. Con un vestuario muy cuidado y la mano de Juan Kruz adivinándose en la dirección, la vemos caminar tras las rejas del viejo lavadero algodonaleño marcando lo que parece un tempo procesional, que en seguida se va a ir transformando en un paso crispado, monstruoso, como de cuerpo poseído por una extraña y terrible fuerza. Hay asistentes que sienten miedo y lo manifiestan en voz alta. Por si alguien no se ha dado cuenta, esto no es un espectáculo de entretenimiento. No es un sustituto de la tele o de los videojuegos. Aquí hay una bailaora exponiéndose, buscando, indagando en las sombras. De repente, hace un gesto tan familiar para todos como grabar un mensaje de voz en su móvil, una versión recitada de la Baladilla de los tres puñales de Rafael de León, y deambula entre las sillas reproduciéndolo en el altavoz.
De vuelta al escenario, pasa de las convulsiones agónicas al vuelo majestuoso de sus manos, que muy pronto van a verse armados de dos abanicos negros. Pero es cuando se desnuda (¡ella también!) hasta quedarse con un top hecho con cuerdas y una braga alta, cuando va a demostrar que no le falta fuerza ni tino en los zapatos. El de esta Ave de plata es un baile agresivo, dramático, lleno de energía y rabia. Puede que haya programadores que no se atrevan con este tipo de trabajos, pero el Festival de Algodonales ha querido mostrar a los vecinos de la villa que hay muchas maneras de decir desde la danza, y muchas las sensaciones que pueden provocarnos.
Ficha artística
De milagro, Macarena López
Ave de plata, Sara Jiménez
I Tagarnina Fest
Conjunto monumental Fuente Alta de Algodonales (Cádiz)
22 de agosto de 2025











































































