A veces en el repertorio de obras de flamenco nos encontramos con discos incorporados en un libro, como el caso del homenaje a Juan Ramón Jiménez (Signatura Ediciones), de Paco Robles, con disco dedicado al poeta a cargo de Rocío Márquez, o bien, como en el caso que nos ocupa, por un lado, un disco y por otro un libro alusivo al disco, o viceversa.
David Leiva –Almería, 1977– es guitarrista, compositor, escritor y musicólogo. Una formación integral, en definitiva, junto a su labor como profesor y como gestor musical, que le faculta para crear una obra de la calidad que tiene 12 flores. El libro, editado por Círculo Rojo, tiene forma de narración, de un lado, y, por otro, sirve de enlace y de explicación del contenido de los doce temas que conforman el cedé 12 flores. Es su segundo disco, tras Fuente Victoria, de 2012.
En 12 flores rinde homenaje a su familia, especialmente a sus padres y a su hija. Se cierra así el círculo de la calidad musical, la enjundia flamenca, la escritura y la afectividad, y el lector y el oyente lo agradecen.
De entrada, ya el cedé está muy bien de fotografías y de libreto, con fotos preciosas, una sobre todo de su hija Aina de bebé durmiendo sobre una guitarra, dibujos y los textos de cada corte. Un artista como Leiva, que ha publicado más de cien obras editoriales, ha tenido, como dice en el libreto, la paciencia de esperar más de diez años para tejer este proyecto con meticulosidad y mimo. Nos comenta que la música se convierte en narradora, «tejiendo historias que serpentean por caminos inexplorados para ofrecer una experiencia verdaderamente especial». El legado familiar, subraya, está como presente, «desentraña la intrigante trama de una caja que resguarda doce flores de cristal, un legado dejado por mis padres». De esta forma, concluye, «cada capítulo es un lienzo donde la historia del legado se entrelaza de forma íntima, al igual que las melodías que emanan de las cuerdas de mi guitarra».
Bien, esta es la justificación, el motivo inspirador, pero vayamos a los resultados, que son los importantes en el arte. Encontramos doce temas, con los títulos siguientes, algunos verdaderamente sugestivos, poéticos: Aina, Estrella de primavera –bulerías–, Naturalmente –tangos–, Lirios de los valles –siguiriya–, Nimzaj y Flor de jazmín –rumba–, Por un sueño –fandangos–, Entre amapolas, Ojos verdes, Las tres Villas, Doña María, A mi Manuel, y, por último, A mi Rosa.
En ellos se refleja el conocimiento general de diversos códigos, desde el flamenco, claro está, que es la base, al jazz, la electrónica, la copla y la música clásica, resultando un trabajo ecléctico, culto, muy trabajado y, sin embargo, lleno de matices, de frescura, de fondo artístico y vivencial, piezas vivas de un puzle familiar y musical de gran calado.
Para lograrlo, no duda en aportar, además de su inspiración, dos cosas que lo ennoblecen y lo enriquecen. De un lado, letras propias, excepto en Ojos Verdes, de Quintero, León y Quiroga, tan conocidos. Y de otro, hacerse acompañar de un nutrido grupo de músicos y de cantaores y cantaoras. La lista sería larga y entre ellos están el pianista Chano Domínguez, la cantaora Naike Ponce, Jorge Mesa Piraña, etc. A todos mi enhorabuena.
«En los cortes de ’12 flores’ se refleja el conocimiento general de diversos códigos, desde el flamenco, claro está, que es la base, al jazz, la electrónica, la copla y la música clásica, resultando un trabajo ecléctico, culto, muy trabajado y, sin embargo, lleno de matices, de frescura, de fondo artístico y vivencial, piezas vivas de un puzle familiar y musical de gran calado»
Cada uno tiene su criterio y su gusto. El mío me lleva a destacar, dentro de la calidad grande de todo el trabajo, algunos títulos. Así, el primero, el pórtico bello de la obra, Aina, bello y armónico, con su niña pequeña haciendo el tirititrán, unos precisos punteados de Leiva, rica instrumentación y un aire primero de alegrías y luego de rumba fresco, con el añadido de ese rap de Patricia Kane. Una de las letras que canta Marc Suárez dice:
La vida puede darte colores.
A veces los buenos no se encuentran.
Elige los que te den bondad
y deja atrás los que no te convengan.
El quinto, un doble tema con una primera parte, Nimzaj, que es Jazmín al revés, y Flor de jazmín. Más comercial por su forma de rumba, el autor ha querido expresar, nos dice, el contraste entre lo disonante, lo oscuro, y luego la delicadeza y la fragancia, de ahí las dos partes que musicalmente son muy distintas. Gisela Quirós canta las letras, una de las cuales dice:
Vuela con la libertad
de un diente de león,
con esa felicidad
se llenará el corazón.
El sexto, Por un sueño, son fandangos, uno natural, otro de Huelva y el último abandolao instrumental. Canta Ana Colom con gusto y lo mejor es el final instrumental, una excelente envoltura melódica, con una fantástica Sara Brito con la flauta.
El séptimo, Entre amapolas, es un solo de guitarra, sin letra, con la base en el trémolo, de una afinación especial que le otorga, dice Leiva, un sonido particular, impregnándose de los sonidos de la naturaleza. Hermosa reflexión y, lo más importante, el resultado es destacable, como hago.
El undécimo, A mi Manuel, un homenaje a su padre, como antes fue a su madre Rosa el tema octavo, Ojos verdes, cantado por ella misma, o, a los dos abuelos, el décimo, Doña María. A mi Manuel reúne en conversación sonora y emotiva a varios intérpretes: el propio Leiva, los guitarristas Paco Bethencourt y Pedro Pedrosa, la mandola de Pedro Medina y los coros de Cristina López.
Y, por último, entre los que más me gustaron, el doce, A mi Rosa, pura delicia, dedicada a la madre, un ensamble sonoro donde algunas voces y diversos instrumentos, como el penetrante violonchelo de Carmela Cristos, nos hacen llegar al gozo.
En definitiva, un sobresaliente cedé, con su libro paralelo, que aporta todo el ingenio creador del autor, muy bien acompañado por otros artistas. Escribe casi todas las letras, con manejo total de registros flamencos y conocimiento de otros géneros musicales. Sus trémolos y sus punteados, por ejemplo, fascinan desde el principio hasta el final y la creatividad que muestra es muy destacable, por lo que recomiendo plenamente este disco a todos. Mi enhorabuena.
→ David Leiva, 12 flores, CD y libro, RGB Arte Visual / Flamenco Live, 2024






































































