Como cada verano, las redes sociales se convierten en el lugar idóneo para interminables discusiones y cruces de opiniones sobre temáticas diversas. Una de ellas, sin duda, es la jonda, solo hay que echar un vistazo al Facebook. Precisamente, hace unos días me topé con un hilo en el que el centro del debate lo protagonizaba la prestigiosa Cátedra de Flamencología de la Universidad de Córdoba dirigida por el cantaor y profesor pontanés David Pino. Un debate en varias direcciones: la presencia de la juventud entre el alumnado, su labor de investigación y divulgación, su modalidad online, etc. Dicho debate me ha sugerido unas reflexiones sobre la Cátedra y su director que quiero compartir aquí en expoflamenco.
David aterrizó en la Cátedra en octubre de 2019 a propuesta de los miembros del Consejo Asesor para sustituir al también cantaor Arcángel, que solo desempeñó durante un año el cargo de director. Diplomado en Magisterio, licenciado en Estudios Superiores de Música y Máster en Investigación y Análisis del Flamenco por la UCO, David se ha criado en la Cátedra, primero como estudiante y posteriormente como docente, conociendo perfectamente el trabajo de sus dos primeros directores: su admirado Agustín Gómez y Luis de Córdoba. Nos encontramos pues ante el perfil idóneo para dirigir la Cátedra. David combina su talento como cantaor con una sólida formación académica y una extraordinaria trayectoria de más de dos décadas como docente en el Conservatorio Superior de Córdoba.
Nada más hacerse con la batuta de la Cátedra, David, como buen aficionado a los toros, tuvo que lidiar con un miura de primera, la maldita pandemia de la Covid. Como tantos otros directivos de instituciones educativas, pero con escasísimos recursos humanos, ideó y desarrolló todo un sistema de enseñanza y divulgación online que cinco años después se ha asentado con éxito como parte consustancial de la Cátedra. Esta modalidad online ha permitido un aumento considerable del alumnado que, además, se distribuye por todo el mundo y con un perfil en el que, en este último curso, solo la mitad del mismo supera los cuarenta años de edad. Un sistema que, según me cuentan algunos alumnos, funciona a la perfección gracias al abnegado trabajo de David, pendiente siempre de cualquier aspecto mejorable.
«La Cátedra de Flamencología de Córdoba es la institución divulgativa más importante y prestigiosa del Arte Flamenco que existe en el mundo. Su trayectoria de casi tres décadas lo acredita, convirtiéndose en un foro idóneo de reflexión y debate en el que lo artístico y académico se dan la mano con naturalidad, estableciendo las directrices teóricas por las que debe de transitar este arte»
Pero no quedan aquí las novedosas aportaciones de David. Destacable también es su potente y constante publicidad en las imprescindibles redes sociales. Una circunstancia que en más de una ocasión le ha originado algunas que otras situaciones desagradables como consecuencia de la permanente crítica que abunda por esos lares. Situaciones que David ha sabido lidiar con elegancia e inteligencia saliendo airoso de las mismas.
La Cátedra, sin duda alguna, es la institución divulgativa más importante y prestigiosa del Arte Flamenco que existe en el mundo. Su trayectoria de casi tres décadas lo acredita, convirtiéndose en un foro idóneo de reflexión y debate en el que lo artístico y académico se dan la mano con naturalidad, estableciendo las directrices teóricas por las que debe de transitar este arte. Durante todo este tiempo han pasado los artistas, críticos, divulgadores e investigadores más relevantes de lo jondo. David, cómo no, ha continuado con esta línea de una manera ejemplar, no permitiendo presiones ni intromisiones varias. El escenario de la Cátedra es muy apetecible, mas David se ha mantenido imperturbable con unos principios en los que, pese a quien le pese, prima la equidad, calidad, solvencia, rigurosidad y honestidad, huyendo del compadreo al que tan acostumbrados nos tiene este complejo mundo del Flamenco.
Por otro lado, la labor de David va más allá de la meramente directiva y diseñadora de una programación. Como experimentado profesor, buen cantaor y profundo conocedor de lo jondo se arremanga hasta el fondo en tareas docentes con clases magistrales muy didácticas con las que consigue transmitir su pasión y conocimiento de la música flamenca.
Si la existencia de la Cátedra dignifica al Flamenco al situarlo en el ámbito universitario, el que sea dirigida por alguien como David facilita esta consideración, otorgándole un plus de excelencia que nos debe enorgullecer a todos los que de una manera u otra formamos parte del complejo universo jondo.
Desde expoflamenco animamos a David a continuar con su labor. Más davises pinos debería de haber en el Flamenco. Nos iría a todos mucho mejor.







































































Ole….