El Festival de Cante Grande de El Viso del Alcor vivió este año un momento histórico. Su cuadragésimo cuarta edición rendía honores al cantaor Segundo Falcón y cambió su designación a perpetuidad como Festival de Cante Grande Niño Colchón, tributando al ilustre flamenco visueño –hijo predilecto de su pueblo a título póstumo– que desde las balconadas del cielo bien lo estará agradeciendo de la misma manera que se regocijaron sus familiares y amigos ante tal reconocimiento.
Quedará para el anecdotario el desliz con los números romanos en el diseño del cartel y dado el trabajo, la dedicación y entrega de la Peña Flamenca El Rincón del Pilar se recordarán muchos y buenos momentos sobre los maderos del escenario, donde hubo un poco de todo.
Vayamos con las carencias para quedarnos después con buen sabor de boca. Porque así fue como me vine a reposarlo en la almohada. Molestaron los vacíos escénicos y las transiciones descuidadas. Y… a poco que cualquier aficionao haya acudido a un puñao de festivales, sin saber a ciencia cierta la dotación económica de la que disponían, vislumbraría un festival con no demasiados recursos. Y probablemente casi todo sea achacable a esta causa. Vaya así un pequeño tirón de orejas al Ayuntamiento del municipio –el justo para que no se enfade y se deje caer– para que prevea el asunto y estire sus arcas respondiendo con el jurdó que merece un evento cultural de esta categoría. El Festival de El Viso goza siempre de una envidiable asistencia de público, colmao de cabales de todos sitios y al que tienen a bien asistir numerosos artistas. No es de recibo quedarse cortos de manteca. De esta forma se puede ofrecer una iluminación y un sonido que estén a la altura, ya que fueron deficientes, y conformar un cartel en el que todos los flamencos tengan una valía artística, cuanto menos, parecida y no tan dispares. Porque ya sabemos que todos ponen el corazón, pero cada uno canta y suena como canta y suena. Y los cachés son una realidad. Con mis respetos para todos.
El pescao se vendió caro tras el descanso, con el baile de Juan de Juan, la actuación del homenajeado Segundo Falcón y el cante de Antonio Reyes, además del enjundioso fin de fiesta floreado por tres autoridades del cante como son los veteranos Enrique El Extremeño, Cancanilla de Málaga y Nano de Jerez. A Sonia Miranda le tocó romper el hielo y la siguió Manuela Cordero. Estas dos mujeres ofrecieron un aperitivo escaso para lo que vino después. Y os lo cuento.
«Antonio Reyes se rebuscó en la única seguiriya de la noche. Era hora. La fundió con el macho de yunque, fraguas y martillos después de dos cuerpos escarbaos de la barriga, llorando una herida vieja. Se abandonó luego con libertad al soniquete disfrutón por bulerías. Y no se fue sin levantar del asiento a la afición, que recogió con ganas cinco o seis fandangazos, algunos de ellos al aire, para guardárselos en el pecho»
La maestría en la palabra del amigo y compañero Manuel Curao llevó la presentación todo lo bien que acostumbra a hacerlo, con esa parsimonia, seguridad, campechanía y aplomo que le dan la sabiduría y la experiencia en estas lides. Y tras el entrañable acto protocolario del homenaje en el que Curao se deshizo en halagos y Falcón en agradecimientos, sonó el cante de Miranda.
Sonia Miranda
Sonia soltó perlas a millares fundiendo los aires de Almería con los ecos levantinos, cosidos por abandolaos. Se entonó en recuerdo de Pastora por bamberas, buscándole con relativo desacierto nuevas sonoridades melódicas. Se meció en la farruca y acabó con un recorrido por cantiñas: la del contrabandista, el guiño a Pinini, alegrías de Córdoba… proyectando una voz ‘relajante’, suave, tibia, dulzona y acancioná que no entusiasmó demasiado. Se fueron mis oídos derechitos a la boca de la guitarra del jovencísimo Álvaro Moreno, un guitarrista que viene creciendo como la espuma por su buen sentido del compás, la originalidad de sus falsetas, la digitación y la flamencura que le imprime a sus composiciones solistas y de acompañamiento.
Manuela Cordero
A Manuela Cordero la arropó la bajañí infalible y gustosa de Antonio Carrión, al que Sevilla le debe unos cuantos homenajes por su medio siglo abrazando las curvas de los aleros del ciprés con el que ha escudado a los mejores del cante durante todo este tiempo. La familia a las palmas. Retomó Manuela el testigo de Sonia y comenzó también por alegrías. Busco el templé por soleá, se fue a Huelva por fandangos y terminó por bulerías evocando a Luis de la Pica, Pansequito, El Turronero, Juanito Villar y unos pocos más, entre ellos al propio Carrión, a quien le dedicó una letra. Le sobraron estrofas en todos los cantes. Y más que lucirlo como un alarde de conocimientos se hizo un poco largo. Cantó algo historiada, pero apuntando maneras más flamencas llegando solo al decente en su actuación.
Juan de Juan
El Canito y los melismas resquebrajaos del gañote de bronce de David El Galli echaron el cante a los pies de Juan de Juan. El Petete marcó sin mancha el compás. La guitarra pulcra y fina de soníos marcheneros de Paco Iglesias redondeó el cuadro para iniciar el baile por romances a Morón, continuar con un interludio por fandangos y abrochar el último baile por soleá. Aquí empezó el disfrute del festival. Porque Juan está extraordinariamente loquito y te zarandea con el calambre de sus recortes y el fuego de los desplantes, siempre rotundos y potentes, cuajaos de jondura. Juega a acordarse de los viejos y cada uno de los pasos que regala lo recrea tamizado por un prisma de genialidad que roba miradas y oles. Fueron muchos los bailaores en el público los que no se contuvieron en llenarle la talega de jaleos. La soleá crujió por solemne. Pesó cien quintales por la contención en los paseos, la intensidad de sus ojos, el gesto de desolación y dolor. Se mascó en los arrastres, en sus puños y cuando desató el grito en sus pies precisos y contumaces. La estética cuenta. Y Juan se ciñe en un vestuario tradicional que lo imbuye de un halo especial de bailaores rancios y modernos a la vez, porque los reinterpreta aunando la frescura de quien tiene la sesera bien amueblada para esto con el venero esencial de la raigambre. Ahondar por aquí en su definición es casi una ofensa. Tenéis que sentirlo.
Segundo Falcón
Paco Jarana es un auténtico maestro de la guitarra que ha crecido a la sombra. Pero los que saben istinguí lo aclaman. Tremendo su acompañamiento, la pulsación que le imprime a los seis ríos de plata y su excelencia en la composición. Sencillamente sublime. Y Segundo Falcón tiene el oído y la suerte de llevarlo a su izquierda. Es garantía de calidad. El agasajado de esta edición quiso el calor de la segunda guitarra de Álvaro Moreno, los coros y palmas de Juan El Moreno, Juan Cantarote e Inma Rivero, con la percusión de Nani Suárez. Así presentó su propuesta romanceando con la diligencia de Carmona, cuidando la media voz, diciendo el cante. Encontró cadencias singulares a la malagueña con rondeña y fandango de Frasquito Yerbabuena. Se gustó luego en la soleá apolá y de Triana, dando un repaso con paladar por los estilos melosos y de empaque del arrabal sevillano. Le vienen bien a su nuez esas tesituras, para hilvanar sobre su amplio registro de tonalidades los vaivenes del pentagrama trianero. Los coros entraron por jaleos extremeños y bulerías, donde si bien no alcanzó el aroma de lleno, tocó con sobrados conocimientos las aristas del cante de Extremadura, con una entrega y entereza dignas del aplauso. Segundo estaba emocionado y contento. Y lo reflejó en su garganta. Tuvo un buen día en el que fue creciendo de menos a más. Después echó el cerrojo con una tanda de fandangos. Dos naturales, cuatro de Huelva y otro más al aire despellejando su corazoncito antes de despedirse.
«Subieron a las tablas tres autoridades del cante: Enrique El Extremeño, Cancanilla de Málaga y Nano de Jerez. Formaron un lío desde que abrieron la boca. La veteranía es un grado. Y yo añadiría que una virtud. Porque ya están preñaos de ese perfume del que no queda. Estos sabios del cante con más vivencias que canas pusieron a hervir el graderío, derramando el sabor por el entarimao»
Antonio Reyes
Manuel Vinaza y Ramón Reyes pusieron con discreción las palmas para el cantaor chiclanero. Antonio Reyes calentó las mieles de su tragaero y expuso su cante más que habitualmente. El público lo agradeció ovacionándolo con merecimientos justificados. Un paso más allá del alivio, Antonio deleitó al respetable. Me gustó. Como también me agradó la guitarra de Paco León, de tintes ceperianos y colores propios, con bordoneos gordos y trinos en las primeras, brisa en los silencios y gusto en todo. Empezaron por tientos tangos al bamboleo ralentizao que tan bien le funciona como caricia de gitanería. Lo cerró calzándole en el compás un fandango. Se rebuscó en la única seguiriya de la noche. Era hora. La fundió con el macho de yunque, fraguas y martillos después de dos cuerpos escarbaos de la barriga, llorando una herida vieja. Se abandonó luego con libertad al soniquete disfrutón por bulerías. Y no se fue sin levantar del asiento a la afición, que recogió con ganas cinco o seis fandangazos, algunos de ellos al aire, para guardárselos en el pecho.
El Extremeño, Cancanilla y Nano de Jerez
Subieron a las tablas tres autoridades del cante: Enrique El Extremeño, Cancanilla de Málaga y Nano de Jerez. Formaron un lío desde que abrieron la boca. La veteranía es un grado. Y yo añadiría que una virtud. Porque ya están preñaos de ese perfume del que no queda. Estos sabios del cante con más vivencias que canas pusieron a hervir el graderío, derramando el sabor por el entarimao y demostrando que la edad no es más que un número al que, en estos casos, hay que apostar. Es más: me hubiera encantao que se alargaran en sus recitales lo que otras debieron acortar. Que me perdonen. Es cuestión de gustos y opiniones. Por cierto, aparentemente compartidas por los corrillos de los que pululaban por allí.
Con las guitarras de Moreno, Jarana y Carrión y las palmas de Juan El Moreno y El Petete empezaron a formarla. El Extremeño sentenció con las campanas gordas de su nuez su querencia por los tarantos, midiendo los tiempos, a embestías con fuerza, partiéndose las costillas, con los ojitos desencajaos. Nano se aferró a la bulería, rezumando la esencia mairenista, con su pataíta de sal, olvidándose de la petaca del micro de diadema que acabó enrollando en su chaqueta con gracia. Y Cancanilla se pegó unos bailecitos de age, cantó con su sello particular por bulerías, llevándose a sus entrañas las cosas de Gaspar jalonadas entre las suyas, regalando momentos inolvidables para el festival.
El fin de fiesta fue portentoso. Yuka, Pepa Montes, Eva Yerbabuena, María Távora, Rocío Sánchez, El Petete, Juan de Juan… fueron saliendo a bailar al cante de Segundo Falcón, El Galli, Manuel de Gines, El Extremeño… acompañados en el proscenio por una multitud de compañeros, amigos y flamencos que le profesaron cariño con su presencia a Falcón.
Después hubo segundo tiempo para los jartibles ya en el bar del festival, que lo cerramos a las seis de la mañana con ratitos de charla, risas, cante y baile en el ritual de lo jondo, el gozo y la verdad. Eso no estaba pagao. Ni había dinero pa comprarlo. Surge y se lo lleva uno en las carnes. Solo se quedaron los ‘viejos’, estos tres ases, aguantando la juerga y con ganas de más. Lástima que haya pocos bujíos donde encerrarse hasta que les dé la gana o los rinda el cuerpo a los dos o tres días. Siguen anhelando las vivencias. Y dispuestos a ofrecerlas a los jóvenes. Pero ya se habían ido.
Ficha artística
XLIV Festival de Cante Grande Niño Colchón
Parque de la Constitución, El Viso del Alcor (Sevilla)
13 de septiembre de 2025
Cante: Segundo Falcón, Antonio Reyes, Manuela Cordero, Sonia Miranda
Guitarras: Paco Jarana, Paco León, Antonio Carrión, Álvaro Moreno
Baile: Juan de Juan
Cante: El Canito y David El Galli
Guitarra: Paco Iglesias
Palmas: El Petete
Artistas de honor al cante: Enrique El Extremeño, Cancanilla de Málaga, Nano de Jerez
Presentador: Manuel Curao




















































































