Con el Antiguo Mercado Público a medio aforo y un público respetuoso y entregado, el tocaor nos dio la bienvenida por tarantas, desnudo, con toque limpio, melódico y fuerte. Una vez palpado el ambiente se arropó por rumbas, de esas de estribillo comercial, de las que enganchan al público y sueltan al artista, que buscó la complicidad con su elenco presentándolos a la afición unionense de modo musical.
Antonio Rey sabía a lo que venía, llevaba esperando este momento veinte años, sin saber si llegaría. Quién sabe cuándo se volverán a acordar de aquel Bordón Minero de 2003, que ha vuelto a La Unión con dos Grammys Latinos y la ilusión de aquel chiquillo. Lo tenía claro y se hermanó durante casi dos horas con artistas que conocen sus formas, destacando el bajo alicantino de Josué El Ronkio y la flauta de Juan Parrilla.
Siguió por alegrías con la Calle Cañaílla y se enredó por tangos que su hermana Mara Rey enarboló de enjundia y poderío. En algunas ocasiones, las piezas parecen efectistas y en otras se alejan mucho de lo que acostumbramos a escuchar, si bien la sed de Antonio Rey la han calmado los toques al compás el maestro Paco de Lucía y los toques melódicos y más personales un Vicente Amigo a medias con Manolo Sanlúcar. El tocaor que hoy protagoniza el festival más mediático y polémico del panorama flamenco se acerca y se aleja del canon establecido en función de su carácter. Porque a veces, lo importante es cómo se dicen las cosas, no como realmente son. Y Rey sabe cómo transmitir la idea, sin deshacer la maraña ni confesar el truco.
Vuelve a necesitar de intimidad para afrontar la minera y echa hacia delante la silla en solitario, como quien va a confesarse, se queda solo y cerca del aliento de un público entregado que lo escucha tomando nota de su pulcritud.
«Bravo por La Unión, que se acordó de la guitarra. Bravo por Antonio Rey, que con su verdad desnuda se entregó a un público entregado. Y bravo por el flamenco, aunque a veces no lo cuiden como realmente merece»

Por bulerías aparece todo el cuadro con palmas a compás, acompañando a su sonanta con júbilo, como preludio a la fiesta del flamenco que estas Historias de un flamenco tiene que contar. Ya cada uno con su cuerda, destaca un Juan Parrilla que corona cada participación con su calidad y su flamencura en el viento.
En la parte final del recital llega uno de los momentos más esperados, la presencia en el escenario del patriarca Tony Rey, que acompaña a su hijo y a Manuel Heredia, realizando un bolero a tres guitarras sentido y discreto.
Le siguieron unos tangos arrumbaos como despedida, con el protagonista más relajado y risueño. Y tras un extendido aplauso de agradecimiento quiso recordar a Paco de Lucía realizando un recorrido por las piezas más reconocidas del maestro gaditano, por si alguien se estaba quedando con las ganas.
Culmina así un espectáculo de duración extensa pero de verdadera intención honesta de uno de los guitarristas flamencos con mejores cualidades en la actualidad flamenca, en una primera noche con poca afluencia de público y escaso interés pese a las intenciones del festival de mantenerse en el escalafón de la jondura.
Bravo por La Unión, que se acordó de la guitarra.
Bravo por Antonio Rey, que con su verdad desnuda se entregó a un público entregado.
Y bravo por el flamenco, aunque a veces no lo cuiden como realmente merece.
Ficha artística
Historias de un flamenco, de Antonio Rey
LXIV Festival Internacional del Cante de las Minas
Antiguo Mercado Público de La Unión (Murcia)
1 de agosto de 2025
Guitarra principal: Antonio Rey
Segunda guitarra: Manuel Heredia
Percusión: Alex Fernández ‘El Negro’
Flauta: Juan Parrilla
Bajo: Josué ‘El Ronkio’
Coros y palmas: Jonatan Luna y Raúl Obregón
Colaboración especial: Tony Rey a la guitarra y Mara Rey al cante






































































