Ahora se lleva. Unir sobre las tablas a varios artistas, agitar la coctelera y que salga cualquier cosa parece que gusta. Porque a veces uno más uno no es dos. Además, en el flamenco las matemáticas no suelen funcionar. Se dieron cita en los maderos del teatro de la Fundación Cajasol dentro de sus tradicionales Jueves Flamencos de Sevilla el magnífico pianista utrerano Andrés Barrios, ahora noticia por estar nominado a los Grammy, con el bailaor flamenco El Yiyo.
Los marfiles no son nuevos en el discurso de lo jondo y fundirlos con el baile es buena idea. Pero faltó más de eso, porque la noche discurrió como si viéramos dos recitales en paralelo con pocos y honrosos encuentros, interesantes musical y estéticamente. Las intervenciones al cante de José del Calli fueron justas y oportunas, aportando calidez y empaque a través de su gañote adoquinao de quejíos rotos. La percusión, sin desmerecer la ejecución correcta de Juan Amaya a la caja, sobró casi siempre, unas veces por ensuciar el sonido de los pies, otra por exagerada, sin ahondar en la incontinencia en los jaleos de Juan, improcedente en la mayor parte del arrope. Dicho esto, conformaron un espectáculo que transitó entre lo comercial y lo flamenco, de los que entran con vaselina en cualquier programación, apto para todos los públicos, entendidos o no. De esas propuestas que al menos agradan y divierten. Los cabales tuvieron que entresacar momentos concretos para justificar la entrada si vinieron buscando zamarreones tiznaos, que también los hubo.
La percusión rompió el silencio. El martinete de El Calli preludió el cruce de miradas entre el pianista y el bailaor. Ocuparon sus sitios y el lamento seguiriyero empujó a las tablas a El Yiyo, esbelto, de planta envidiable y especialmente hipnótico cuando alza sus brazos sin ostentaciones con los pies. La imagen cuenta. Porque si bien es un bailaor con muchísimas cualidades, atrae además las miradas por su gesto racial, el pelo largo, la tez morena y su cuerpo bien esculpido en altura. El Yiyo es un tótem de gitanería, preñao de fuerza en las cachas, ya más templao en lo coreográfico y carente de poses artificiales. Baila desde la naturalidad y lo espontáneo, aparentemente desprovisto de nervios y de la preocupación por demostrar. Pero a pesar de que disfruta, recurre con frecuencia al desplante que pide el aplauso, cuando su baile realmente no lo necesita: lo vale. Herencia del tablao.
«El Yiyo es un tótem de gitanería, preñao de fuerza en las cachas, ya más templao en lo coreográfico y carente de poses artificiales. Baila desde la naturalidad y lo espontáneo, aparentemente desprovisto de nervios y de la preocupación por demostrar»

Barrios lo mismo lo acompañó desde el aplomo de las octavas bajas que metiendo la mano en el vientre del piano para ensordecer los graves. O girando hacia terrenos jazzísticos fusionados con paladar con la negrura de la seguiriya.
Interpretó Andrés un renuevo de La Tarara y flirteó entonándose con estribillos frente al micro dos o tres veces en la noche, haciendo cantar al público, encontrando la complicidad en los temas alegres.
Los pasajes que dibujó con las 88 teclas evidenciaron su creatividad y el dominio absoluto de la técnica y la sensibilidad al piano. Pero en las piezas en las que El Yiyo danzó solo a compás de las palmas y el cajón, se marcó con donosura sus patás en la soleá por bulerías, la farruca –aquí sí con el extraordinario arrullo del piano– y las bulerías. Descontando los replantes efectistas, revolcaron al público y pellizcaron por momentos a este crítico. Lástima que se olvidara tantas veces del braceo, porque lo luce y lo borda. Bailó sin aspavientos supérfluos, sabiéndose parar, jugando con los tiempos y probándose en el gusto de los recortes de trapío.
Algunos aires por tangos, unas letrillas por colombianas de Andrés y dos bises, el último por bulerías, ya desatados con las ovaciones del respetable, enardecido y contento, echaron el cerrojo al teatro con una propuesta gustosa y por pulir en la que Andrés volvió a cautivarme y El Yiyo me robó la mirada que lo seguirá viendo en su inspiradora progresión.
Ficha artística
Andrés Barrios y El Yiyo
Jueves Flamencos de Cajasol
Sala Chicarreros de la Fundación Cajasol en Sevilla
2 de octubre de 2025
Piano: Andrés Barrios
Baile: El Yiyo
Cante: José del Calli
Percusión: Juan Amaya










































































