El Flamenco On Fire es un festival que consigue hacer milagros. Unir sobre el mismo escenario a artistas de una talla indiscutible como Rafael Riqueni, Manolo Franco, José Antonio Rodríguez y Gerardo Núñez, que a su vez éstos rindan homenaje al maestro Pepe Habichuela y que, además, Antonio Canales baile y recite, y Montse Cortés cante… no es cualquier cosa. En Alzapúa III, que es un proyecto escénico ideado por este festival, en el que se le da prioridad absoluta a la guitarra. Este año la atención se ha puesto en la generación que llegó después del boom Paco de Lucía, con la siempre importante influencia del maestro Manolo Sanlúcar.
En Baluarte, el teatro de mayor aforo de Pamplona, se dieron citas numerosos aficionados a la guitarra que no querían perderse tocar a Manolo Franco por farrucas, solemnidad pura, a José Antonio Rodríguez haciendo lo propio por bulerías, con el estilo delicado que lo caracteriza, a Riqueni inspirarse por fandangos, magia en las manos, y a Gerardo Núñez encontrarse con su propia historia en la rondeña. Hicieron dúos Riqueni y Franco en Amarguras, y Gerardo y José Antonio por bulerías por soleá. Y por supuesto, Antonio Canales, que salió como invitado, al igual que Montse Cortés, para hacer del momento aún más rico, más especial, más irrepetible. La seguiriya que se marcaron tuvo más de emocional que de perfeccionismo, así respiraban en otra época. Antes de cerrar el telón, Pepe Habichuela salió para recibir el clamor del público, el respeto de los compañeros y nos regaló una soleá como autoridad del toque de Graná.
«El Flamenco On Fire es un festival que consigue hacer milagros. Unir sobre el mismo escenario a artistas de una talla indiscutible como Rafael Riqueni, Manolo Franco, José Antonio Rodríguez y Gerardo Núñez, que a su vez éstos rindan homenaje al maestro Pepe Habichuela y que, además, Antonio Canales baile y recite, y Montse Cortés cante… no es cualquier cosa»

Durante el día no se para. Desde las doce de la mañana se están celebrando encuentros como el tan significativo homenaje a la Pelota Vasca y a la trayectoria de cuatro pelotaris navarros gitanos, figuras emblemáticas en los frontones, dentro del 600º aniversario de la llegada del Pueblo Gitano a la península: Chichán, David Arbizu, Iban García y Abraham Antimasbeheres. Domingo Rubichi tocó en solitario, que ya es difícil verlo en estas lides, por seguiriyas y bulerías para celebrar el homenaje. Más homenajes en el Nuevo Casino, a los ilustres José Luis Ortiz Nuevo, José Manuel Gamboa y a Isamay Benavente, investigación, divulgación y compromiso… Emocionados y agradecidos, son personalidades que han conseguido hacer del arte flamenco mucho más que una expresión lúdica: Cultura. A la periodista navarra Loretxo Iñarrea se le entregó, a título póstumo, el Galardón Honorífico, siendo la primera vez que se entrega algo así en este festival, por toda la aportación mediática, “de amor y pasión”, que realizó durante los primeros años del festival desde TVE. Juan Vargas puso la guinda al pastel con su guitarra.
Aún quedaba la tarde, y antes de llegar a la concentración de maestros de la guitarra a los que hacíamos referencia, el Espacio Sabicas acogió dos recitales. El primero de ellos lo ofreció el guitarrista Miguel Vargas, curtido en mil escenarios pero con un claro propósito, disfrutar él para hacer disfrutar, emocionarse él para poder emocionar. Es una guitarra sabrosa, que parece hablar, como demostró en granaínas. Antes, su hijo Juan comenzó el recital por taranta con todo el sabor del padre, heredero digno y autorizado para defender la saga. Jaleos, tangos y hasta un guiño folclórico a su tierra incluyeron en el repertorio. Bajándose ellos, subiéndose Antonio Agujetas Chico y Domingo Rubichi, que se acompañaron en los primeros cantes de las palmas de Pajarito y Cristóbal Santiago. El eco de Antonio es Agujetas, aunque parece una obviedad lo que estoy diciendo. Eso imprime sentido, carácter, emoción, gitanería, profundidad, tuétano… Su cante es un camino a la verdad, a ese cante que sale del cofre del tesoro cuando abre la boca. Eso solo unos cuantos pueden decirlo. Tientos tangos y malagueñas para empezar, bulerías para continuar y baile de Beatriz Morales, de una factura llena de compás y elegancia. Domingo Rubichi es la guitarra que mejor puede acompañar a Antonio, a esta casa, pues pertenece a la misma saga y es un gran aficionado al cante, lo respeta, lo mima y lo sabe llevar. El dúo no se olvidó de la soleá, seguiriyas y fandangos, con un público insaciable, querían más y más, estaban asistiendo a un encuentro casi espiritual en la tierra.
Para cerrar la noche, se inauguraba el ciclo Nocturno en el Hotel Tres Reyes con la presencia de Duquende, que recibió al final de manos de Tomatito el pañuelo rojo del Festival. ¡Qué foto! Y yo al lado empapándome de tal reunión. Duquende estuvo soberbio, enorme, entregado y conectó sin duda con un público que agotó las localidades. Julio Romero es su guitarrista y que sea por muchos años más, porque toca con frescura y peso, con un sentido del compás destacado y gran conocimiento. Tarantas, bulería por soleá, alegrías, bulerías, seguiriyas… y esos títulos incluidos en algunos de sus discos que pusieron aquello bocabajo. Emotivo guiño a Ray Heredia con Lo bueno y lo malo. ♦












































































