Por el mundo del flamenco, como por cualquier otro, pululan toda clase de personajes. Unos son eso, personajes –por su aportación, desde cualquier arista, al mundo del flamenco– y otros, personajillos. Unos son leales y otros, desleales. Los hay trabajadores y los hay aprovechados. Como también los hay que suman y otros que restan. Los hay sosegados y los que buscan gresca, los que divulgan y los que se dan a conocer.
Pues José María Velázquez-Gaztelu, que es homenajeado en la Semana Cultural de Actividades Flamencas de Paradas de 2026, es todo lo primero. Y mucho más. Porque es un personaje que, a través de más de medio siglo pegado al flamenco, ha sabido crearse sus formas y sus modos: elegancia, didáctica, estética y compromiso. Porque es leal a lo vivido y a una época que se nos fue de las manos y que está intacta en sus recuerdos y su memoria. Porque José María es trabajador a más no poder. Si no, ahí tenemos el legado que tenemos. Y suma. Y esto es fundamental. De sus labios jamás hemos escuchado una crítica desabrida ni un calentón. Lo que dice lo dice bien y después de haberlo pensado mucho y meditado. Es un hombre responsable y, “en el buen sentido de la palabra, bueno”. Y sosegado, calmado, toreando despacito, que es cuando los toros te echan a los lomos. Y enseñando y mostrando, que el flamenco es lo primero.
Desde el año 1984, escribe, dirige y presenta el programa de Radio Clásica RNE Nuestro Flamenco. Asimismo, es de resaltar su faceta poética, donde aparece una lírica limpia y entendible, sensible y no sensiblera, con libros de la importancia tales como La ceniza (1967), Ritos (1971), Los límites del desierto (1998) o Viajes de la eternidad (2016).
«Su obra, tanto lírica como en prosa, es un aire de intelectualidad entre tanta mediocridad. Los suyo es la excelencia. Lo que viene siendo “hacer las cosas bien arrematás”, que decía El Divino Calvo»
Fue coguionista y presentador –amén de uno de los padres de la criatura– de las históricas series, emitidas por Televisión Española entre 1970 y 1973, Rito y geografía del cante y Rito y geografía del baile. ¿Cuánto le debemos a estas series? ¿Cuántos artistas rescatados del olvido y que, gracias a él, han quedado suspendidos en el aire para el que quiera abra los ojos?
Su visión de andaluz universal ha pasado por la Cervecería Alemana de los madriles, por las barras de las tabernas del Barrio de Santa María de Cádiz, por los tabancos de Jerez y por la Venta de Vargas, donde cuelga de una de sus paredes un ángel con pitones dibujado por Picasso.
Dicen los más viejos del lugar que en Andalucía la Baja existen remedios y hechizos para todo. La voz del maestro gaditano es uno de ellos, para curar el mal cuerpo y las malas ideas, para serenar el espíritu y beber de la fuente de lo jondo. Que en su voz anida el pasado, el presente y el futuro.
Su obra, tanto lírica como en prosa, es un aire de intelectualidad entre tanta mediocridad. Los suyo es la excelencia. Lo que viene siendo “hacer las cosas bien arrematás”, que decía El Divino Calvo. Desde hace casi una década es el responsable de las páginas flamencas del semanario El Cultural.
El flamenco es su mundo y su mundo está lleno de flamenco. Parafraseando a Adriano del Valle con Fernando Villalón, podríamos decir que José María es un “héroe de harpa y pluma”. Hace poco presentó su último libro, De la noche a la mañana (Athenaica), donde repasa, en distintas voces, su más de medio siglo en el mundo del arte. Una publicación que, en poco tiempo, será imprescindible para entender una época, un tiempo, de la que el maestro Velázquez-Gaztelu ha sido testigo, y protagonista, de excepción.








































































