El comienzo de la cinta es insólito: Jorge Pardo tocando la flauta recostado sobre la silla del dentista. Podría decirse que estos dos elementos, la música flamenca y la citada especialidad médica, no pueden ser más distantes. Y, sin embargo, son precisamente las cosas que liga el joven cineasta cordobés Dany Ruz (Montilla, 1992) en su primer largometraje documental, titulado Bernabé, la sonrisa del flamenco.
La película en cuestión tiene como protagonista a Bernabé Roldán Garrido, un vecino de la localidad cordobesa de Rute que fue adquiriendo fama entre los artistas jondos a raíz de ser el dentista de confianza de Paco de Lucía. De hecho, el filme arranca con la sorpresa de Ruz al saber que el gigante de la guitarra, antes de marcharse para siempre el 25 de febrero de 2014, era un visitante asiduo de la comarca, y algo todavía más sorprendente: que Roldán custodiaba celosamente algunas cintas con imágenes inéditas del propio Paco en ambientes íntimos y familiares.
No cabe duda de que Paco de Lucía sentía una confianza total hacia el trabajo y la persona de Bernabé: era capaz de recorrer muchos kilómetros para ponerse en sus manos cuando las circunstancias lo requerían. En la memoria queda la vez aquella en que el algecireño sufrió una indisposición antes de asistir a una importante gala en Fez (Marruecos), llamó a Bernabé y se dio la feliz casualidad de que éste se encontraba en el país. No dudó en hacerse con un chófer, se desplazaron hasta donde se encontraba Paco y se instalaron en una clínica donde se le practicó una endodoncia el mismo día del concierto, que el maestro bordó en tiempo y forma. Desde entonces, Paco bromeaba asegurando que, si él era el maestro de las seis cuerdas, Bernabé era “el maestro del bocao”. Aficionado como era a poner motes a sus amigos más cercanos, a Bernabé le cayó el de El Camarlengo, “porque lo arregla todo”.
«Bernabé, la sonrisa del flamenco es un largometraje saltarín, cargado de afición flamenca e inteligencia emocional, esa que es capaz de convertir las situaciones adversas en oportunidades. Pero sobre todo, como su título indica, una película que se ve, de principio a fin, con una sonrisa en los labios»

Todo esto no pasaría de una anécdota si no fuera porque la clínica Reina Victoria de Rute acabaría convirtiéndose en centro de peregrinación de toda clase de creadores flamencos, los mismos que van desfilando por la cinta contando impresiones y anécdotas del personaje: los guitarristas Emilio Caracafé, Antonio Sánchez, Andrés El Pájaro, el cantaor y multiinstrumentista Diego Amador, los bailaores Farru y Rosario Montoya La Farruca…
Con la excusa de preparar un homenaje al genio, todos ellos van desgranando anécdotas y evocaciones, de las cuales me quedo con aquella en que Manuel Molina espetaba a Raimundo Amador: “¡Haz como yo, no escuches a Paco! ¿No ves que si lo escuchas no puedes hacer otra cosa?”. También hay escenas impagables, como esa en que Bernabé Roldán está practicando un empaste o cosa similar en la caja dental de Pepe Bao, mientras el bajista toca por tangos de Córdoba con su instrumento…
No obstante, la historia va a ir tomando un rumbo insospechado, en parte por la reconocida impericia del cineasta debutante, en parte por los contratiempos que van surgiendo en el proceso de rodaje; y en parte porque, como dice la sabiduría popular, los hombres hacen planes y los Dioses se ríen… Poco a poco, la figura de ese magnético dentista cordobés se va iluminando desde otros ángulos y revelando con nuevos perfiles para que el público descubra, por ejemplo, su faceta como actor de teatro ambulante con los Cómicos de la Legua, o el papel que jugó en la revolución flamenca que encarnaron los Veneno, con Kiko Veneno y los hermanos Amador.
Llegado a ese punto, el espectador casi olvida –solo casi– que Paco de Lucía era el punto de partida y eje central del documental, para tomar vericuetos caprichosos como la vida misma, por los que van apareciendo otros personajes no menos asombrosos. Un largometraje saltarín, cargado de afición flamenca e inteligencia emocional, esa que es capaz de convertir las situaciones adversas en oportunidades; pero sobre todo, como su título indica, una película que se ve, de principio a fin, con una sonrisa en los labios. ♦




















































































