La historia –la del grupo, no el argumento de la obra– se remonta a unos seis o siete años atrás, cuando Paula Comitre, Florencia Oz y Carmen Angulo coincidieron en el cuerpo de baile de Nacida sombra, propuesta de Rafaela Carrasco. Ha pasado el tiempo, aquellas jóvenes llenas de talento y ambiciones han crecido, han desarrollado sus carreras individuales y el escenario vuelve a reunirlas en un nuevo Parcas. La voz, el ojo, la carne, que brindaron en el marco del Festival Flamenco de Nîmes.
La reflexión sobre la feminidad que han traído los nuevos tiempos pasa a menudo por la revisión de los mitos ancestrales. En este caso, las creadoras tropezaron con la idea neopagana de la Triple Diosa (la Doncella, la Madre y la Anciana), de la que tan atentamente se ocupó Robert Graves, y de ahí conectaron con otro mito, en este caso romano, como son las Parcas, las dueñas del destino; así como con las tres Gracias, las hijas de Zeus que Rubens pintó con su piel lechosa y, como diríamos en Andalucía, metiditas en carnes.
No obstante, el espectador puede entrar en el montaje sin necesidad de cargar con este equipaje teórico, y dejarse llevar por ese arranque más bien sombrío, en el que las intérpretes se dejan enredar en una larguísima cuerda que simboliza el hilo de la vida. Es el punto de partida, con fondo saetero, de un montaje lleno de simbología y claves, pero en el que también va a manifestarse muy pronto el baile, recio y virtuoso, de estas tres mujeres, arropado por la voz de una fantástica Rocío Luna, joven cordobesa que se atrevió con todos los palos –desde Llamarme por Soleá de Marchena al Reniego de Tomás Pavón, pasando por canciones de ronda o cantes camperos– con gusto y solvencia.
«Un trabajo de gran carga lírica y emotiva, pero también de flamencura evidente, que demuestra una vez más que los códigos jondos sirven para contar muchas cosas desde muchos ángulos distintos»

La poética que es propia a los montajes de la directora Isidora O’Ryan vuelve a manifestarse en esta nueva obra, como su gusto por una escenografía sobria, acorde con el vestuario, y unas luces más bien crepusculares, bajo las cuales el movimiento dancístico va a establecer su discurso. Personalmente prefiero el costado más luminoso de Comitre, una de las bailaoras del momento que más magia es capaz de transmitir sobre las tablas, pero también se defendió de maravilla en un registro más trágico, como el que pedía la ocasión. Su tropezón en la soleá, que rodó como el mejor judoka, fue solo una anécdota de la que ella misma se reía a la salida del teatro.
En cuanto a sus compañeras, también defendieron bien la parte más solemne del repertorio, con unos pies soberbios de Florencia Oz en la seguiriya. El contrapunto de esa primera parte oscura e introspectiva lo puso el colofón festivo, de exaltación de la vida y la fecundidad, en el que las chicas agitaron y golpearon el suelo con un montón de espigas, diseminando en el aire las briznas en una imagen de gran belleza. Y nos recordaban, de paso, que la vida tiene sus ciclos y todo vuelve a nacer… Aunque la soga que nos mantiene unidos a ella, tarde o temprano, se corte.
La sororidad, la juventud y el paso del tiempo, los patrones heredados, son algunos de los asuntos que se insinúan a lo largo de una hora larga de inmersión en este mundo alegórico. En resumen, un trabajo de gran carga lírica y emotiva, pero también de flamencura evidente, que demuestra una vez más que los códigos jondos sirven para contar muchas cosas desde muchos ángulos distintos.
Ficha artística
Parcas. La voz, el ojo, la carne, de Paula Comitre, Florencia Oz y Carmen Angulo
Festival Flamenco de Nîmes 2026
Teatro Odeon de Nìmes
15 de febrero de 2026
Idea original, puesta en escena y coreografía, Paula Comitre, Florencia Oz y Carmen Angulo
Dirección musical, Isidora O’Ryan
Paula Comitre, Carmen Angulo y Florencia Oz, baile
Rocío Luna, colaboración especial al cante












































































































