No sé qué tiene La Puebla que is different. Esto último lo repetí como un mantra hace algún tiempo porque aquello rebosa arte y flamenco de una manera especial. Pero da rabia que, a mi parecer, no le den el sitio que presumiblemente merece esta cantaora. María Jesús Bernal atesora en su gañote oro molío, voz morisca de cristalitos rajaos. Yo mismo pensaba que sus hechuras eran impostás. A poco que uno se deja de tonterías, la escucha con el alma, sin averiguarle los fallos, te atrapa a gañafones de enjundia y te das cuenta que es esa su voz y no da ojana, todo lo contrario. Rebusca en las tripas del cante, no se guarda na. No luce una afinación perfecta ni se rige por imposiciones canónicas. No se sale del tiesto. Canta flamenco por derecho, con empaque y estrujándose las higaíllas al echar el corazón por la boca. María Jesús Bernal es una cantaora de una pieza, de las que gustan a muchos cabales, de las que dan los veinte reales del duro. Y solo se acuerdan de ella para los previos de La Reunión del Cante Jondo de su pueblo, sin que tengan el gusto los asistentes y ella misma de alumbrarse con los faroles de Moreno Galván mientras la brisa perfuma su cante a tomillo, romero y almoradux.
Pero no se fajó para reivindicarse, sino porque no sabe hacer otra cosa y está en un momento artístico y vital que deslumbra. Ofreció el mejor recital de cante que le he escuchao hasta ahora. La acompañó como el que se le cae la baba, a caricias de guitarra, con bordones que sostuvieron, los tiempos justos, silencios de quintales, falsetas jondas y giros preciosistas la sonanta de Manolito Jero, escudando cada quejío como el que recoge un tesoro a compás y con delicadeza, con una compenetración admirable, compartiendo la misma sensibilidad.
«María Jesús Bernal me alegró las pajarillas. Dio un recitalón para el recuerdo y se postuló en silencio, casi sin quererlo, como candidata para endiñar candela en los mejores entarimaos del flamenco, incluyendo el de su pueblo»
Abrió por bamberas y era imposible no acordarse de La Niña de los Peines. Aunque no remedó ni anduvo en sus tesituras, sino que transitó por las melodías tornándolas muy flamencas. Los tientos tangos los llevó bien mecidos, mirándose en Gaspar de Utrera, caracoleando después, antes de tributar a Remedios Amaya, más canastera, y aligerarse el soniquetazo con el que la arrulló Jero. La soleá fue un surtido de pellizquitos en ca una de las variantes que se le antojaron, cantás con templanza, sin estridencias ni gritos, pero no con falta de empuje, arrojo y valentía. Por seguiriya me jincó las uñas con aquella de el carrito de los muertos y el macho rotundo de Juan Junquera con el que abrochó la faena del negro lamento. Soberbia. Imponente. Se fue a Jerez para hilvanar las variantes de La Moreno o María Bala, entre otras, en la bulería pa escuchá, saliendo airosa y salpicá de terruños de la albarizuela. Después echó el cerrojo por bulerías quedándose en esta tierra y paseando por la campiña de Lebrija a Utrera, para acabar con un fandangazo tejido en la amalgama de doce evocando los aires de Isabelita de Jerez cuando entonaba el mi jaca se me paró.
María Jesús Bernal me alegró las pajarillas. Dio un recitalón para el recuerdo y se postuló en silencio, casi sin quererlo, como candidata para endiñar candela en los mejores entarimaos del flamenco, incluyendo el de su pueblo. «¡Vamos a acordarnos!», se dice jaleando muchas veces. Pues eso.
Ficha artística
Recital de María Jesús Bernal con Manolito Jero
Peña Flamenca La Jumoza, Sevilla
31 de enero de 2026
Cante: María Jesús Bernal
Guitarra: Manuel Jero ‘Periquín’







































































































