Manuela Carpio: tiznón gitano del baile en Jerez. Me gustan sus hechuras. No puedo negarlo. Aunque la prefiero en distancias cortas. Así le cato el aroma. Y su baile racial de colores morenos me salpica en el pecho y no se difumina en el fondo de un escenario. El Villamarta es mu grande. A pesar de que levante el telón para celebrar treinta años de Festival y la estampa de Manuela con su bata de cola blanca se quede a perpetuidad en los recuerdos de mi retina, más de dos horas de espectáculo es mucha tela. Tanto que me tuve que ir antes, porque los plumillas saltamos de un lado a otro pa contarlo to. Me esperaban en La Guarida, perdonen ustedes.
Raíces del alma se me antojó más que un espectáculo una gala inaugural. La Carpio es demasiado generosa. Su baile se desdibuja y diluye entre los artistas invitados, queda resumido a tres o cuatro pincelás, comparao con lo que monta. Y me perdí lo mejor. Porque estaba deseando que llegara la bulería, donde se despoja de adornos y brilla lustrosa como es ella: magnífica, flamenca, castiza y gitana. Y no vi la elegancia suprema del baile de Diego de La Margara al cante de Barullo, ni a Luisa la de Regiles con El Tolo, ni a la propia Manuela cantándole a su sobrino Juanito. ¡Vaya faena! Tampoco la que formaron Anabel Valencia, Angelita Montoya y La Macanita por fiestas. No escuché la ovación. Me tuve que salir, cagoentó. ¡No me hagas esto! En los tiempos que corren, cortito y al pie me hubiera valío. Si no, cojo una empachera el primer día y veo el Festival de Jerez desde La Manzanilla.
La cosa empezó con acoples del sonido. No se pudieron apreciar bien los quejíos de campanas gordas de El Extremeño y los rebañones de Miguel Lavi. Tañé es tan bruto que se escucha aunque cante debajo del agua. El elenco que reveló el tramoyista al empuja pa arriba el terciopelo auguraba una buena noche. Tres tarimas sobre las tablas se repartieron entre el compás, las guitarras y el cante. Torombo y El Oruco, José Gálvez y Juan Requena y las gargantas de los que ya os he dicho. ¡Casi na!
«Manuela Carpio: tiznón gitano del baile en Jerez. Me gustan sus hechuras. No puedo negarlo. Aunque la prefiero en distancias cortas. Así le cato el aroma. Y su baile racial de colores morenos me salpica en el pecho y no se difumina en el fondo de un escenario. El Villamarta es mu grande»

Hasta que no dieron con el truco aquello fue ruido y jaleo. Por alegrías meció los volantes Manuela, irradiando felicidad, espurreando la sal. Después la bulería por soleá se la rifaron Saray García, Rocío Marín y Susana Casas, que bailó pa reventá. Primero ca una un ratito sentá en la silla, después sobre los maderos, caldeando el asunto. Y pronto llegó uno de los momentazos de la noche con Tañé y los pellizcos apretaos de Lavi por tonás fragueras, seguiriyas rajás y un poquito de bulerías lebrijanas con un yunque en el que forjaron el compás El Oruco y Torombo. Este se marcó unas pataítas para guardarlas en la talega de los arañones. «Eres mi loco favorito», le dijo Miguel. Evocaron los hierros de Tío Juane. Torombo aclamaba y bailó con más age que el que inventó el age. Se le cayó el pañuelo y de un puntapié lo levantó del suelo con gracia y siguió el deleite de arte y el soniquete, alternándose con El Oruco, que tampoco es cojo. Se fueron rodando el tronco sobre el que posaron el yunque con una ristra de aplausos merecidísimos. Soberbios.
Una transición larga sirvió para vestir dos o tres mesas con un mantón alreó de las que se sentaron Anabel, Tomasa, Angelita, los guitarristas, El Tolo, Barullo y José Valencia. Comenzó Anabel canastera por tangos. Angelita formó el taco al mismo son, tributando a Triana y piropeando a Jerez. La Macanita tiñó de vetún las mieles de su gañote. El Tolo se templó al aire por corríos y romances asestando puñalás, como las que también endiñó en la soleá y soleá por bulerías Barullo, principiando por Alcalá sobre los ecos de Perrate de Utrera, para echar mano de la magia en los tiempos de las variantes jerezanas. Este es un animal del cante, pensé. ¡Qué barbariá, señores! Se comía lentito los tercios a bocaos, arrancando los oles de cuajo. Y el terruño de Lebrija se apegó al tragaero de José, que empezó romanceándose en la bulería con el acento y los marcajes del pueblo de los caracoles. Sigue pareciéndome de lo mejorcito del plantel, un cantaor de una pieza, flamenco como él solo. Y su patá.
Bajaron el telón y se escucharon trinar las guitarras. Los dos guitarrones que eligió Manuela, a cual mejor. Se hizo la soleá. Se la arrojó El Extremeño embistiendo desde un lado del proscenio, atrapando a Manuela en la otra punta, estremeciendo al graderío. Cantó aquella de Ramírez, tan agujetera, recreándola a su antojo, que pa eso es una eminencia del cante, una autoridad. Y hace bien to lo que le da la gana. Es un maestro. La Carpio movió un mantoncillo de volantes con gallardía, supo pararse y lucirse en los paseos, quejándose con el baile, compungida por los zamarreones de Enrique, que se despellejó en la de La Andonda. Lo secundaron Lavi, escarbánose en las tripas, y Tañé, a quien la bailaora le besó el corazón. Repartió luego la escobilla entre el cuadro. El remate por bulerías levantó al público en cada replante de gitanería. La arroparon en corto por fiesta y creí que se acababa. Pero la taranta de Requena en un solo de guitarra me sobrecogió, haciéndome cosquillas con trémolos pulcros y una pulsación exquisita. Prosiguió Gálvez a lo Manuel Molina, paseando por el escenario, tocando y cantándole a Manuela por bulerías reposás, dedicándole las letras. Y me fui.
A Manuela Carpio le salió cara la conviá al partir el caché. Sabe cómo meterse a la gente en el bolsillo. Tiene buen gusto con el cante, el toque y el baile, ese que en ella es único y distinto. Me supo a poco. No la gala, claro, sino ella, que chanela y me retuerce la piel sin ostentaciones, discursos, ni artificios. Solo con el baile por el baile, lo que ella domina: la fiesta infinita. Me gustó pero llegué al hartazgo y la eché de menos. Disfruté como un enano con tanto artista. Manuela se me quedó chica. Es demasiado generosa. Ya lo he dicho. Y se hizo pequeña –siendo tan grande- ella misma.
Ficha artística
Raíces del alma, de Compañía Manuela Carpio
XXX Festival de Jerez
Teatro Villamarta, Jerez de la Frontera (Cádiz)
20 de febrero de 2026
Baile: Manuela Carpio
Bailaoras: Saray García, Rocío Marín y Susana Casas
Baile y compás: Torombo y El Oruco
Guitarras: José Gálvez y Juan Requena
Palmas: Israel de Juanillorro e Iván de la Manuela
Artistas invitados: Tomasa ‘La Macanita’, Anabel Valencia, Angelita Montoya, El Tolo, Manuel Moneo ‘Barullo’ y José Valencia
Fiesta por bulerías: Diego de la Margara, Luisa la de Regiles y Juanito Carpio























































































