La lucha del artista contra sus demonios interiores es un motivo de larga tradición, y el flamenco tiene muchos ejemplos de ello. El vértigo del escenario, el miedo al fracaso, la tiranía de las propias limitaciones, el bloqueo creativo, pueden ser tan propios del oficio como inspiradores. Así lo pone de manifiesto la tarraconense Belén López –premio Desplante de La Unión y Mario Maya, entre otros– con su espectáculo Latidos, que ha estrenado en Andalucía en el marco del Festival de Jerez.
La idea era narrar el tránsito de esas íntimas oscuridades hacia la claridad, una suerte de terapia a la vista del público, basada en la arraigada fe en las propiedades sanadoras del arte. Nada más empezar, con un comienzo por bulerías abrumador, entendemos que se trata de una terapia de choque: López, acompañada al baile por Rapico y Nerea Carrasco, no quiere esperar más para llenar el escenario del Villamarta con una desbordante energía.
Estos dos compañeros, como Dani Caballero, que se unirá en seguida, representan esas fuerzas terribles que intimidan o atormentan a la bailaora. Todos interactúan con Belén López y tienen al mismo tiempo sus momentos de lucimiento aislado. Así, Nerea Carrasco sorprendió en la Vidalita de Marchena con unos giros espectaculares.
López hizo lo propio luciéndose con los palillos antes de marcarse un sólido taranto, mientras que Rapico gustó bailando la letra de un antiguo romance y Caballero compartiendo con él el paso a dos para quedarse solo en la caña. Todos mantuvieron el listón físico muy alto a lo largo de la noche, derrochando fuerza y también precisión, aunque en mi opinión fue Dani Caballero quien llevó su coreografía un paso más allá para crear un verdadero personaje.
«En no pocos momentos se deslizaron hacia una forma de baile muy extendida en nuestros días, con movimientos casi acrobáticos que, parecen tener más de arte marcial que de arte jondo. Personalmente no me molestan esas efusiones, sobre todo cuando están ejecutadas con honestidad y no como simple efectismo»

En no pocos momentos se deslizaron hacia una forma de baile muy extendida en nuestros días, con movimientos casi acrobáticos y otros que, como dirían sus detractores, parecen tener más de arte marcial que de arte jondo. Personalmente no me molestan esas efusiones, sobre todo cuando están ejecutadas con honestidad y no como simple efectismo.
En todo caso, nadie podrá decir que las tablas del Villamarta no vibraron con baile por derecho. Y tampoco con el sonido de la nutrida banda acompañante, aunque evidentes problemas de sonorización, especialmente de volumen, amenazaron hacer bola y deslucir el conjunto. Una verdadera lástima, porque, sin desmerecer al resto de la troupe, al menos la guitarra de Jerónimo Maya es algo que siempre vale la pena escuchar. Lo mismo puede decirse de la iluminación, bien diseñada pero salpicada de inexplicables fogonazos y pausas a oscuras.
Como era de prever, la terapia fue teniendo sus resultados, y hacia el final del espectáculo ya era esa otra persona camino del sosiego, haciendo aletear su mantón iluminado por tangos. La cosa bien podía haber quedado ahí, pero ya se sabe que a los creadores de hoy les cuesta poner el punto final. Yo me perdí el de Latidos porque el último tren de vuelta a Cádiz no iba a esperar, pero me chivan que lo mejor quedó para el postre. Otra vez será.
Camino de la estación, iba mirando mi sombra en la acera y recordando el verso de La Tierra Baldía de Eliot: “¿Quién es ese que camina a tu lado?”.
Ficha artística
Latidos, de Compañía Belén López
Festival de Jerez 2026
Teatro Villamarta
1 de marzo de 2026
Baile: Belén López
Cante: Eleazar Cerreduela, Calli, Juañarito
Guitarra: Jerónimo Maya, Carlos Jiménez
Percusión: Rafael Jiménez “El Chispas”
Flauta y Saxo: Jesús Montoya
Baile: Belén López, Dani Caballero, Nerea Carrasco, Rapico
Colaboración especial al baile: Sandra Jiménez
Voz en off: Mona Martínez





















































































