La Fiesta de la Bulería es un festival flamenco nacido en 1967 gracias a la Cátedra de Flamencología y Estudios Folclóricos de Jerez de la Frontera, siguiendo el ejemplo y el movimiento surgido en localidades vecinas como Utrera, con su Potaje, o Arcos de la Frontera, con su Velá de las Nieves. Jerez no podía quedarse atrás y el 1 de septiembre del año citado se inauguró este certamen en el cine Terraza Tempul, con Fernanda y Bernarda, Trini España y Chocolate como principales figuras, así como una larga lista de jerezanos solventes en la materia artística.
Al final del cartel aparecen las “jóvenes promesas” Vicente Soto ‘El Niño del Sordera’, al cante, Diego ‘El de la Torrán’, al baile, y Diego Carrasco, como tocaor. Estos tres artistas son los únicos supervivientes de ese cartel 58 después. En estas casi seis décadas el debate ha ido acompañando a cada cartel la polémica de dónde se celebra, quiénes participan, el presupuesto que maneja el Ayuntamiento para tal fin, cuánto cuesta la entrada o si hace frío o calor. La cuestión es el debate.
Es triste que se le dé tantísima relevancia a lo que debería ser una fiesta, esto es, ir a participar y pasarlo bien. Es propio, por supuesto, que cada uno tenga su opinión sobre el nivel artístico u otros detalles técnicos que son susceptibles de crítica, pero nunca entenderé a los cientos de ¿aficionados? que se la pasan volcando en redes sociales sus clásicas reflexiones: aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando en 2013 no pagaron ni seiscientas personas una entrada en la Plaza de Toros con un cartel compuesto por El Torta, Manuel Moneo, Esperanza Fernández, Argentina y un cuadro por bulerías de altura. Son los mismos que siguen sin asistir a la peña más cercana a su casa cuando la entidad abre las puertas de forma gratuita con el fin de arropar a un grupo de cante, baile o toque. Es decir, consejos vendo que pa mí no tengo.
Dicho esto, este año la jornada principal, 23 de agosto, se celebró en la Bodega González Byass, en el Patio de la Tonelería, con unas mil quinientas entradas vendidas. Vendidas y no regaladas, como en otros tiempos. Diego Carrasco abrió la fiesta, con su gente santiaguera y Carmen Amaya como invitada especial, también Maloko y Joselete, dos discípulos, el gran Ané estuvo en la percusión, y a las guitarras, Fernando de la Morena Hijo y Rafael Sordera. Las voces de Junquera y Samara Amaya le dieron cobijo al Tate Diego, un hippytano con encanto y con la sabiduría del compás en el estómago. En #DesdeDentro no entramos en la típica crónica, nos gusta contar lo que no se ve, cómo Diego me cantó al oído mientras descansaba cinco minutos, su delicadeza y experiencia encima y debajo del escenario. Su calaíta al cigarro antes de salir, siempre con el respeto del resto. Sus composiciones a compás de tangos, bulerías… y Septiembre como obra cumbre.
«Es propio que cada uno tenga su opinión sobre el nivel artístico u otros detalles técnicos que son susceptibles de crítica, pero nunca entenderé a los cientos de ¿aficionados? que se la pasan volcando en redes sociales sus clásicas reflexiones: aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor»

Antonio Malena lideró el grupo Bulereando, con María del Mar Moreno saliendo al final como invitada, tras las más de sesenta letras que se escucharon por bulerías en esos minutos. Es una cuenta por encima, una media de doce letras por cinco cantaores… Juan de la María se llevó el gato al agua, el Quini se acordó del Serna y Domingo Rubichi, Fernanda Peña viajó de Jerez a Lebrija y a Utrera con suma delicadeza, y Saira Malena rajó el aire con su gitanería. Rocío Marín bailó como se baila en Jerez, y con empaque de reina. Malena salió después de dos fandangos de Quini y Juan de la María, para hacer cantes de fragua y soleá, y María del Mar Moreno sedujo al público con el clasicismo de una figura atemporal, hasta llegar nuevamente a las bulerías. “Hasta las bulerías tienen soníos negros”, acordamos María del Mar y yo. Todo esto bien mantenido por las buenas guitarras de Antonio Malena Hijo y Fernando del Morao.
Dolores Agujetas, con la que compartí momentos de conversación antes de que saliera al escenario, confirmándome que “yo soy muy natural, muy gitana, me gusta vivir tranquila y bien”, además de aconsejarme que “tengo que comer proteínas y verdura” si quiero perder la barriguita del verano. Salió para que degustaran su soleá, su seguiriya y unos fandangos marca de la casa. Fue el contrapunto de la noche. Tal y como es, gastando bromas en el micro (“págame en monedas”, decía al productor Juan Alfonso Romero), conectando siempre con la guitarra de Domingo Rubichi, entregada a pesar de que “llevo desde las siete aquí”, y tras haber pasado unos días hospitalizada por temas respiratorios. Por bulerías a compás de Ali de la Tota y Javi Peña remató su faena, con público en pie.
Pero volvió a salir más tarde, espontáneamente y sin zapatos, para bailar por tangos con Capullo de Jerez. EL jerezano volvía a la Fiesta después de catorce años y la formó, puso aquello a bailar y a vibrar con su soleá, para empezar en una mesa, los fandangos, muchas bulerías y tangos-rumbas. Ramón Trujillo, al toque, Miguel Flores y José Rubichi, a las palmas, y Manuel Soto a la percusión. Se sumaron a la cita, para hacerla aún más grande, Bastianito, Manuel Heredia, Juanito Zoniquete y Fernando Ávila en voces, palmas y compás. A la una en punto de la madrugada se cerró la edición con Miguel bailándose por bulerías, protagonista indiscutible de la fiesta.
Cabe destacar, como ya lo ha resaltado en sus Crónicas Gráficas el compañero José María Castaño, que desde el martes Jerez vivía su Bulería en la Plaza Belén, con voces tan relevantes como las de Elu de Jerez, David Lagos, El Barullo, Melchora Ortega, Agujetas Chico, Eva del Cristo, Manuel de la Fragua, Coral de los Reyes, Fernando Soto, Mara Rey… y todos sus acompañantes. Plaza llena de público, con entrada gratuita y para disfrutar, que es de lo que se trata. Pero ya se sabe, que para gustos los colores.









































































