Abre sus puertas un año más la Hacienda Santa Cruz para deleitarnos con la 42ª edición del Festival de Cante Flamenco El Búcaro. Todo está perfectamente dispuesto como resultado de los desvelos del gran guitarrista Antonio Carrión, director y organizador incansable de este evento que lo enorgullece tanto. Cómo se nota cuando alguien que ama y dedica su vida al flamenco organiza las cosas, todos los detalles están cuidados y los que no están perfectos ya están anotados para que no pase el año que viene. Son muchas las personas diciendo lo que hay que hacer, y eso hace que el trabajo de dirección en diseñar y decidir sea más complicado. Pero a la vista del público todo está en su sitio. Hasta la noche es cálida y agradable como quiere este verano incansable que se ha alojado en Andalucía.
Una de las sensaciones más agradables que te regala el flamenco es encontrarte con tanta gente conocida y recordar el cariño recíproco. Así llegamos a la barra del ambigú, estratégicamente alejada del escenario, saludando a diestro y siniestro. A los aficionados nos gusta seguir ese ritual no escrito, que supone el encuentro en un festival o cualquier otro evento. Hay mucho y buen aficionado entre el público que asiste al Búcaro y eso le da categoría y prestigio al acontecimiento.
Rompe el azogue de la noche Salvador Milla, presentador habitual en este festival, con la bienvenida de las instituciones que patrocinan la cita: el presidente de la Diputación de Sevilla y alcalde de San José de la Rinconada, la primera teniente de alcalde, a la vez que madrina de la Peña El Búcaro, el presidente de la peña y miembros de la directiva, sin olvidar a los patrocinadores locales privados que, sin salir en la foto, también colaboran.
Contamos esta noche con un cartel de buenas primeras figuras del cante. Tengo que acordarme de aquellos carteles de antaño donde lucían los nombres más exitosos de aquellos gloriosos tiempos. Debe ser que la organización busca lucir elencos que queden en el recuerdo del público con las actuaciones memorables de sus artistas. La nostalgia nos suele traer buenas enseñanzas que está bien poner en práctica.
Sin más preámbulos, la primera actuación se deja en manos de dos aficionados locales, porque es importante que la afición propia también participe en la muestra y dejen ver sus intenciones flamencas, como hicieron Fernando El Goyo, al cante, y Juan Quirós, a la guitarra. Regaló El Goyo al público unas correctas bulerías por soleá, la milonga dedicada al abuelo, que enterneció al público, y remató por fandangos, poniendo en el escenario toda su devoción cantaora. Si hay algo en Goyo es su sinceridad en el cante, que navegó sobre el toque armonioso y cómplice de Juan Quirós.
«La voz clara y rotunda de Manuel Cástulo se eleva por encima de los muros de la Hacienda Santa Cruz para llegar con firmeza hasta los más altos cielos. Es este de esos cantaores que aman el flamenco de una forma tan pasional que cuando canta pareciera que se le sale el corazón por la boca»

El plato fuerte de la primera parte lo sirvió Arcángel en bandeja de oro, escoltado por la guitarra de Benito Bernal y flanqueado por Los Mellis de Huelva, que adobaron el cante del alosnero con percusión, palmas y coros. Nadie puede abrir semillas en el corazón del sueño, suena La leyenda del Tiempo camaronera en la voz dulce, aquilatada y llena de melismas de Arcángel, que se eleva en tientos y tangos con un exquisita selección de letras. Media hora continuada, sin paradas, sin descanso, que nos llevaron de los tangos a la caña, sonaron tercios de pregón, se arropó en la soleá con una selección inmejorable y de postre con la apolá Llamarla por soleá. Engarzó con dos tarantas de bella ejecución. Confiesa Arcángel que “cantar de corrido [le] ayuda a concentrarse”. Y al público le sirvió para quedarse embelesado, sin interrupción, escuchando ese manantial de música que sale de la garganta de Arcángel. Unas palabras de cariño para Manuel Sierra (Escuela de cante de Paymogo), compañero de concursos en tiempos y buen amigo. Suenan en la guitarra los acordes de las alegrías, que más bien suenan a cantiñas por el temple y la calma, dedicadas a El Pulga, que está entre el público. Luce el cantaor en el escenario, tranquilo, seguro, sabiendo lo que trae en sus manos. Él ya no necesita vender ná. Quien quiera que lo compre. Pero no puede irse sin tirarse por Alosno y el público en pie así lo pide. Todos los artistas en el escenario son de Huelva, con mucho orgullo. Buen final por fandangos con las olas de nuestros corazones en calma.
Para culminar la primera parte, el baile pone el color y el movimiento. La bailaora local Macarena López viene acompañada por Cristina Tovar y Juan de Mairena al cante, Francis Gómez a la guitarra, Lito Manes a la percusión. La rosa sigue llorando bajo la luz de la luna en el recuerdo a Caracol para que Macarena se adueñe del escenario vestida de negro. Suenan los tientos y seguidos los tangos. El cuerpo de la bailaora es un lienzo donde se pintan los sentimientos del cante, con sutileza, pero con fuerza y seguridad, con un compás sin quiebro que la lleva a recibir su primera ovación. Enlaza con unas sevillanas cargadas de emoción –Te acordarás de los besos que te di– que Macarena le baila a Juan de Mairena arropada con un mantón que vuela en el aire como un abrazo hecho flecos. Cristina Tovar y Juan de Mairena hacen la transición al siguiente baile con un duelo por malagueñas –Por buscar la flor que amaba, de Manuel Torres, y Le van a poner barreras, al estilo del Canario. Y culmina Macarena López con un baile por alegrías que deleitó a su público, al que se entregó con pasión y orgullo de bailar en su pueblo.
Unos minutos de descanso más tarde, Salvador Milla anuncia la segunda parte del festival. Hay mucha expectación entre el público. La primera parte ha cubierto los deseos del respetable y ahora la jondura se hunde aún más si cabe en las gargantas de los dos cantaores que aún faltan por pisar el escenario.
Abre el toque solemne de Antonio Carrión, por soleá. La maestría sublime del guitarrista de los Alcores, hijo adoptivo de San José de la Rinconada, conmueve los corazones del público, que entrega la cuchara en oles y aplausos. Llega el momento de recibir el cante rozado y sabio de Pedro el Granaíno, que esta noche luce una voz almibarada para darle el sabor y el olor a los palos más gitanos del árbol del flamenco. Lo escuchamos, en el silencio de los que saben distinguí, hacer un recorrido desde el recuerdo a su pare hasta el puente que unió el Genil con el Guadalquivir, un corazón entre dos ríos. Con un cariñoso saludo a Juan Camas (Bar Ocho) preludió las seguirillas negras que cantó a continuación, Pañuelo que llevo al cuello anudao. Y así acostumbra a presentarse en el escenario, con pañuelo de lunares, con esa estampa de príncipe gitano, la frente alta y segura, el corazón recogío para luego entregárselo al público. Pedro llevó al respetable a los más hondos abismos de la pena y la agonía, para trasladarnos en el recuerdo a los días señalaítos de Santiago y Santana. Es Pedro el Granaíno cantaor de raíces, de tradición y de historia, sus cantes saben a verdad sin dudas y continúa versionando por bulerías para escuchar aquel cigarro que se apagó en el camino, la conocida canción Carmen, del Paquiro y el reniego de Tomás, ahí es ná. Y para terminar, ronda de fandangos, como el de Chocolate Me dice mi corazón. Dos lujos en un solo instante, porque si es un éxtasis escuchar a Pedro el Granaíno, éste se vuelve inconmensurable con la guitarra acompañante donde se esconden todos los acordes y la misma cadencia andaluza, en las manos de Antonio Carrión.
El broche de oro le tocó en suertes a Manuel Cástulo, hijo de la casa cantaora de los Cástulos de Mairena del Alcor, acompañado a la guitarra por un maestro de las seis cuerdas que tiene la magia del arte flamenco en sus manos, Manuel Herrera, otro hijo de San José de la Rinconada, que actuó con toda la humildad y nobleza en su pueblo. Vino Manuel Cástulo con ilusión y con un repertorio distinto para reivindicar palos bellísimos del árbol flamenco poco frecuentes en los festivales. Comenzó con la farruca acompañado por bellas falsetas de su guitarrista. Suenan nuevas letras en el repertorio de Manuel Cástulo que también engrandecen su actuación. Continuó con serrana y siviana, Si vas a Andalucía que Dios te ampare. La voz clara y rotunda de Manuel Cástulo se eleva por encima de los muros de la Hacienda Santa Cruz para llegar con firmeza hasta los más altos cielos. Es este de esos cantaores que aman el flamenco de una forma tan pasional que cuando canta pareciera que se le sale el corazón por la boca. Porque él cree en lo que hace y lo entrega por completo y por derecho. Manuel Herrera, a su lado, borda perfectos bordones y trémolos y arpegios y de todo lo que se pueda hacer en el instrumento sobre el que navega este gran cantaor de la campiña sevillana. Los tangos alegran la noche antes de que el público le pida seguiriyas, y aquí es donde los cielos se rompen en dos como se rompen las camisas. Ese seguiriyazo que le dedica a la muerte de su padre estremece al respetable sin remedio y nos deja con ese broche de oro prendido en el alma.
Esta 42ª edición me hizo disfrutar como una niña con zapatitos de baile nuevos, pero tengo que decir, con el más sincero ánimo de aportar que no de criticar, que eché de menos una voz femenina a la misma altura de los artistas reseñados, para que, en mi modesta opinión, fuera más perfecto todavía si cabe. No pude evitar que vinieran a mi recuerdo nombres grabados en aquellos carteles de antaño: la Perla de Cádiz, la Paquera, la Fernanda, la Sayago, entre otras… ♦
Ficha artística
XLII Festival de Cante Flamenco El Búcaro
Hacienda Santa Cruz, San José de la Rinconada (Sevilla)
19 de septiembre de 2025
Al cante: Arcángel, Pedro el Granaíno, Manuel Cástulo, Fernando el Goyo
Al baile: Macarena López y su compañía
Al toque: Benito Bernal, Antonio Carrión, Manuel Herrera, Juan Quirós
Percusión, palmas y compás: Los Mellis, Concha Carrión, Ángel Peña
Presenta: Salvador Milla


















































































