Por si aún hay alguien que no lo tenga superao: es mujer, catalana y paya. Se presentó en Jerez a voz desnuda, solo con el abrigo del guitarrón de José Gálvez. Fue en los Museos de la Atalaya, para deleitar hasta límites insospechables con el mejor recital de cante en lo que va hasta ahora del XXX Festival de Jerez. Mayte Martín fundió los metales templaos sin pegar ni una voz, domeñando los bajos y preñá de una sensibilidad exquisita, abordando cada tercio con enjundia y dulzura, jiriendo suavito, jincando las uñas desde el sosiego, con la delicadeza suprema de la maestría.
Se fue a Levante para abrir los postigos de la caricia infinita entonando sedosa la taranta malagueña de Fernando el de Triana, hilvanándola con la minera de Encarnación Fernández. Cerró la terna por levantica, erigiendo un monumento sonoro a los cantes de La Unión.
Trenzó los fraseos de la malagueña de Baldomero Pacheco con holgura, cosiéndole una tanda de abandolaos, mirándose por rondeñas en El Gallina y Jacinto Almadén o en Canalejas por Lucena. Los coronó con empaque echándole reaños al fandango de Frasquito Yerbabuena.
Se inspiró por soleá, pegando pellizquitos tiernos al acordarse de Manuel Torre, El Mellizo, Triana, La Andonda o Mairena, abrochando el remate a tierra, sin estridencias ni ostentaciones en tercios valientes.
El zamarreón llegó con las puñalaítas veras que endiñó sin quebrarse la nuez a rebañones del alma, entrando a bocajarro en la seguiriya jerezana de Manuel Molina, quejándose en el dolor de Tío José de Paula, en el reniego de Cagancho y el macho de los cristalitos del maestro de Los Alcores, poniéndole el cerrojo al lamento negro de las puyitas hirientes.
«Mayte Martín fundió los metales templaos sin pegar ni una voz, domeñando los bajos y preñá de una sensibilidad exquisita, abordando cada tercio con enjundia y dulzura, jiriendo suavito, jincando las uñas desde el sosiego, con la delicadeza suprema de la maestría»

Meció el bamboleo de los tientos con la crema de sus mimbres aterciopelaos. Por tangos se rindió a Pastora sin olvidarse de las hechuras de Mairena, La Repompa o los aires de Extremadura.
Y caracoleó al compás del martillo por bulerías, donde engarzó un surtido de perlas que acabaron con el bolero de Machín, perfilándose en un tributo a Utrera en memoria de Bernarda y Fernanda y su impronta en los cuplés de María Mercedes o El Compromiso, con el que quiso acabar el recital.
Los incesantes aplausos del público en pie la hicieron volver al escenario para rogarle el S.O.S. Acabó con la voz rota, llorando de emoción, deshilachando sus entretelas para dejarlas a merced del público jerezano.
La guitarra de Gálvez la llevó en volandas durante todo el recital. La acurrucó por los rincones, dejándola libre en el lucimiento de sus melismas preciosistas y recogiéndola en todas las esquinas, marcando los tiempos a estallidos de bordones, con un toque aparrillao que ya es suyo, esencial, casi minimalista, sencillo y rotundo, con gañafones de repeluco y jondo hasta el tuétano.
Mayte Martín se abandonó a los sonidos antiguos del clasicismo de pizarra plena de conocimientos. Pero en los vericuetos de su gañote los vistió de limpio, adornándolos lo justo, con guirnaldas almibaradas que supieron a gloria, demostrando que la transgresión está también en el regreso a las raíces, donde siempre reverdecen quejíos nuevos. Ofreció una lección magistral de cante, sin despeinarse, transitando por los sentimientos profundos de siempre y de hoy, escarbando en las tripas del flamenco y las suyas para empujarlas a su bendito tragaero.
Ficha artística
Íntimo, de Mayte Martín
XXX Festival de Jerez
Museos de la Atalaya, Jerez de la Frontera (Cádiz)
1 de marzo de 2026
Cante: Mayte Martín
Guitarra: José Gálvez


















































































