Ezequiel Benítez se cobijó en su ceguera a sincerarse con las emociones más profundas. Allí en la oscuridad que aterra y sosiega cuando uno cierra los ojos y transita por los silencios en un viaje a tiento por Lo que nadie ve. Disco y concierto se antojan así como un trabajo introspectivo y autobiográfico que hurga en los sentimientos que no se dicen, en aquello que no se habla y se sufre o celebra mudo, en la oquedad que dejan las dukhas. Se trata de un paseo por la trastienda de los reflejos, una parada entre las bambalinas de la realidad. De ahí que al ponerle palabras haya tenido que escarbar en sus entretelas para desnudar su causa y deshacerse en cada tercio, conformando un discazo de letras que son sentencias, no ya por su calidad literaria, que también, sino por el calado y el peso que sostienen.
Acompañado por la inseparable guitarra de su Paco León, que ha suplido el toque de las diez sonantas con las que se arropa Ezequiel en esta obra, colmó de intimismo y sensibilidad un recital tremendamente emotivo en el que el cantaor jerezano ha vuelto a coronarse en Jerez. Y vino sobrao de compás, en su gañote y a sus alreores, tal que se apoya en las palmas de Chicharito, Naim Real, Edu Gómez, Diego Montoya y Manuel Soler para caminar las vereas ocultas del son que se lleva dentro.
Soberbio Paco, resumiendo en pocas notas lo que otros dicen con adornos y sobras, trinando con bordones que son poemas, entregándose a melodías sedosas y apretando los tiempos si los quejíos de Ezequiel pedían el soniquete.
«Sin aspavientos ni alharacas se aminoró después en casi tos los remates, porque el grito no casa con la espiritualidad de los misterios que hieren con los ojitos tapaos. Se meció con gusto por tientos y brilló en los fandangos por bulería, siempre guiñando un poquito a los aires sevillanos de El Pinto»

Abrió Ezequiel por bamberas, reinventándose en las hechuras con las que jugó en el pentagrama, cerrándolas a tierra. Sin aspavientos ni alharacas se aminoró después en casi tos los remates, porque el grito no casa con la espiritualidad de los misterios que hieren con los ojitos tapaos. Se meció con gusto por tientos y brilló en los fandangos por bulería, siempre guiñando un poquito a los aires sevillanos de El Pinto. Crujió fresco por soleá, desde Alcalá a Cádiz, acordándose también de El Chozas, pasando por la Triana de Pinea o rindiendo tributo a Jerez con las maneras de Tío Borrico. Ahí mismo endosó otro fandango, antes de acariciar con los ecos levantinos o dibujarnos la espuma de las olas del mar y salpicarnos de sal los hocicos con el cante por alegrías. Al aire se templó por temporeras, descollando en la trilla. Rizó sus melismas rebuscándose desde el principio. Y pegó el pellizcazo a bocajarro doliéndose en la seguiriya, llorando la de Tío José de Paula y abrochando el lamento con el macho de Los Puertos. Echó el pestillo por bulerías y, aunque puea parecer más gachó que un folio poner al respetable a cantar, viniendo de Ezequiel sienta de lujo. To el mundo de pie coreando el cucú dicen los patos que, a buen seguro será la revolución del age por peñas y festivales de verano. Y de postre el himno de Andalucía. Ole tú.
Los aplausos cayeron por puñaos sobre los hombros solemnes de los artistas que aguardaron inclinados el respeto y la admiración del público. Fue un gran recital. Ezequiel se coronó en Jerez con Lo que nadie ve. Y, sin embargo, todos lo sentimos y escuchamos.
Ficha artística
Lo que nadie ve, de Ezequiel Benítez
XXX Festival de Jerez
Museos de la Atalaya, Jerez de la Frontera (Cádiz)
28 de febrero de 2026
Cante: Ezequiel Benítez
Guitarra: Paco León
Palmas: Chicharito, Naim Real, Edu Gómez, Diego Montoya y Manuel Soler



















































































