No es un acierto, de entrada, el reclamo del concierto, Los magníficos, título de honor que está reservado a los rectores universitarios, a personajes ilustres y extraordinarios que destacan por su posición, o bien a todo lo que, por su dignidad o esplendor, sobresale en cualquier aspecto
Y digo esto porque se viene a la mente del crítico Los siete magníficos, una película que se hizo popular en los años sesenta del pasado siglo y cuyos protagonistas –Yul Brinner, Steve McQueen, Charles Bronson, Eli Wallach, James Coburn, Horts Buchholz o Robet Vaughn, entre otros– son celebridades en el mundo del cine a los que tenemos por excelentes.
Es claro que los cuatro protagonistas del concierto en Jerez son notables, pero además no los tengo por presuntuosos. Antes bien, humildes y discretos, por lo que barrunto que la mercadotecnia se ha pasado de frenada. La táctica de promoción no ha cumplido con su objetivo, lo que no resta méritos a cuatro artistas que no recuerdo se hubiesen mostrado más importantes de lo que son.
Sandra Carrasco, Andrés Barrios, El Yiyo y David de Arahal no hacen glorificación de sí mismos. Ni tan siquiera ejercen de creídos. Es decir, que ni se revelan altaneros o altivos, ni hacen una valoración desmedida de sus cualidades. Sus habilidades están en la obstinación para explorar en profundidad el arte que representan, progresar en técnica y conocimiento, y enriquecerlo para su impacto en la sociedad.
Así, tras la presentación de los protagonistas con la malagueña-granaína de don Antonio Chacón con el fandango del Albaicín y la variante verdial que ya categorizó el rango superior de Sandra Carrasco, los artistas se fueron alternando, pero para el analista quedaron dos bloques claramente diferenciados.
A saber. Uno de ellos lo protagoniza Andrés Barrios con el bailaor El Yiyo, en el que el instrumentista evidencia su pulcra interpretación e ingeniosos arreglos en la bulería para el zapateado o La tarara, por ejemplo, por más que circule entre el romanticismo y el flamenco, entre el jazz y la música latina, a fin de desplegar sus recursos interpretativos y creativos, todo expuesto con un lenguaje puesto al día y una técnica que entronca con la rica diversidad para el instrumento.
«La expansiva proyección de una cantaora óptima, Sandra Carrasco, de viva articulación sonora y excelente compenetración con lo que canta, como la citada malagueña-granaína o la zambra con los fandangos de Huelva y el valiente de Alosno, sin plagio y con singularidad»

Y con él, el baile de El Yiyo, que nos acerca paso a paso, y de qué forma tan vital, a la música de Barrios, buscando la dificultad y vistosidad de los pies en el verdial y recalcando no ya la velocidad melódica, sino la rítmica endiablada de las líneas del toque propuesto en el zapateado, con la complejidad que supone atraer al público desde la apoteosis del ritmo, el virtuosismo corporal y el cromatismo sonoro.
El segundo bloque nos atrae desde la música guitarrística de David de Arahal, y no sólo en su avanzado punto adicional de autenticidad buscando el referente del gran maestro Manolo Sanlúcar, sino la estimulante iniciativa de muy exitoso resultado, representado por una ágil ejecución y tan salpicada de numerosos acordes descriptivos que, por su envidiable juventud, confiamos continúe en el futuro.
Y para una guitarra en progresión geométrica y pausada, pero sin ruidos, la expansiva proyección de una cantaora óptima, Sandra Carrasco, de viva articulación sonora y excelente compenetración con lo que canta, como la citada malagueña-granaína, o la zambra con los fandangos de Huelva y el valiente de Alosno, sin plagio y con singularidad, por lo que se la acoge como un deleite de creatividad, de virtuosismo sin artificios y con atmósferas canoras de extraordinario poder emotivo y sobrecogedor.
Pero lo que la cantaora onubense elaboró con la canción Nostalgias, de Carlos Gardel, es de un virtuosismo interpretativo jamás escuchado en el Festival de Jerez 2026. De monumentalidad de espíritu erigió las melodías hasta la cima de la inspiración, y si a la caída de los tercios le aportó música inteligente, a la resolución le tributó emoción y cuadratura íntima.
El buen gusto interpretativo de Sandra Carrasco lo analizamos, además, desde su destreza y la infrecuente materia sonora que demanda cada estilo, cada subida o descenso melódico, lo que nos lleva a conferir que estamos ante una cantaora de enorme versatilidad y acentuado didactismo –léase enseñanza–, a más de manejar con habilidad e intención las variantes más desemejantes, lo que pudiera explicar que a nadie sorprenda cómo proyecta un mensaje que va más allá de la razón establecida.
Los magníficos, a esta luz, no es lo admirable, lo espléndido o lo excelente, adjetivos de excesiva anchura. Por el contrario, el tejido programado por la cantaora onubense, gloria y honra de Cristóbal el Almonteño y Teresa Tavira, con música de enorme complejidad técnica y hasta con texturas y concentraciones cambiantes, tiene el gran mérito de que trenza una límpida corriente canora de afinación exuberante, y, por tanto, de amplia calidad desarrollada.
Es el modo de ajustar los tonos a la deidad sonora preferida, algo no tan habitual en el cante flamenco, cuando a eso se le llama afinación. ¡Sombreros al aire para Sandra Carrasco!
Ficha artística
Los magníficos, de Sandra Carrasco, Andrés Barrios, El Yiyo y David de Arahal
XXX Festival de Jerez
Sala Compañía, Jerez
1 de marzo de 2026
Dirección artística: Ángel Rojas
Cante: Sandra Carrasco
Piano: Andrés Barrios
Baile: El Yiyo
Guitarra: David de Arahal
Coros y compás: Dani Bonilla y Pablo Moreno























































































