En el Flamenco On Fire de esta duodécima edición reluce el tema continuamente de la tradición oral, esa que entendemos como el legado que se deja de una generación a otra, dicho así en pocas palabras. La jornada del viernes sirvió para materializar encima de los distintos escenarios esta realidad, la de que el arte jondo evoluciona y mantiene una continuidad viva con una nueva hornada que sigue los pasos de quienes antes pisaron.
La Macanita se convirtió en protagonista de esta sesión por méritos propios. Se entregó de tal manera que caminó en el filo de la navaja continuamente, entregándose con pasión y sin miedo al vacío. Esa manera tan racial de cantar y tan natural, porque le sale de las mismas entrañas, caló entre los más aficionados y suscitó una gran conmoción entre los que iban a buscar a una voz referente desde hace ya varias décadas. Es la cantaora que acompañó a Manolo Sanlúcar en Tauromagia, es la que fue arropada por Moraíto, Parrilla de Jerez o Cepero, es la que cantó a Manuel Alejandro y compartió momentos de grabación con Paquera de Jerez. Macanita es muchas cosas a la vez. Desde el balcón del Ayuntamiento cantó por la mañana, con la guitarra de Manuel Valencia, siempre admirable y de alto nivel. Lo de aquí fue un aperitivo, pero qué aperitivo. Seguiriya, tangos y bulerías.
Abrió y cerró el día, desde el Hotel Tres Reyes, donde ofreció un recital clásico, esta vez por malagueñas, tientos tangos, soleá (que fue de premio), tientos tangos y bulerías, tangos la de Volver a Verte que le escribió Fernando Terremoto y las de Jerez de siempre. Triunfal y para el recuerdo el paso de Tomasa y Manuel Valencia por el Flamenco On Fire.
«La Macanita se convirtió en protagonista de esta sesión por méritos propios. Se entregó de tal manera que caminó en el filo de la navaja continuamente, entregándose con pasión y sin miedo al vacío. Esa manera tan racial de cantar y tan natural, porque le sale de las mismas entrañas, caló entre los más aficionados»

Durante la jornada asistimos al miniconcierto de Kiki Cortiñas desde el balcón del Hotel La Perla, compositor, tocaor y guitarrista gallego que goza de un amplio relato musical. Así como Daniel Casares, guitarrista de Estepona que por la tarde se marcó un recital con momentos sublimes. Su guitarra parece cantar, parece hablar, comunica y emociona. Es un artista que domina el instrumento con precisión y lo que ofrece es un viaje musical por paisajes de una belleza incuestionable.
Gran aceptación la que tuvieron los jóvenes artistas sevillanos Manuel de la Tomasa y David de Arahal. Cante y toque de siempre, tradicional, y envuelto en unas ganas de triunfar admirables. Digo esto porque valoro cuando unos artistas suben al escenario sabiendo que tienen una oportunidad, sobre todo los que están buscando ese hueco que poco a poco se va construyendo. ¡Cayeron unas gotas del cielo! Estábamos al aire libre, y tanto Manuel como David no se inmutaron, siguieron hacia adelante y desarrollaron el recital previsto. Tienen afición, formación, ganas, tradición, herencia… Nada puede salirles mal si siguen por este camino. Mariana, seguiriyas, alegrías, tangos… bulerías. Unas mil doscientas personas atentas a estos valores (al alza) del flamenco.
Destacar la actividad que ofreció Carlos Martín Ballester, dentro del programa Extramusicales, comentando grabaciones de finales del XIX y principios del XX, como la de El Machuelo, Manuel Torres, Pastora o Chacón. Utilizó un gramófono de cien años para que el sonido fuera lo más fidedigno posibles y eso es verdaderamente emocionante. Los Planetas estuvieron en Baluarte, con todo el papel vendido. Una formación indie que se deja influir por las corrientes flamencas, dialoga con el género y compone una narrativa propia con miradas abiertas a la soleá, la zambra o los tangos. ♦











































































