¡Ya hay que ser afortunado! Gracias a mi estancia de once años en el Conservatorio de Córdoba, la amistad que guardo con David Pino, las visitas que hice a La Puente de Fosforito, tuve suerte, la vida me puso en el camino a un grande del arte, un MAESTRO con mayúsculas, un sabio generoso al que caí en gracia y me dejó en muchas ocasiones formar parte de su vida; compartiendo jurado en el Nacional de Córdoba, en el de Jóvenes, como aquel de Posadas que tuvimos que salir corriendo porque nos querían apalear al haber dejado desierto un premio. Charlas largas, vivencias inolvidables que se agolpan hoy en mi mente al recibir la triste noticia de su fallecimiento. ¡Gloria a Don Antonio Fernández Díaz!
Fosforito era todo personalidad, la cualidad principal de todo cantaor que se precie de serlo. Dejó su impronta en el amplísimo repertorio que cultivó y una escuela de artistas que, inspirados por su genio, cultivaron esa forma del “cante macho” que, aunque hoy suene fatal, todo el mundo con la cabeza limpia sabe a qué se refiere.
«Antonio, ¿qué es eso del dos pal cuatro? Y él, extrañado de que no lo supiera, me dijo: así decíamos a poner la cejilla al dos y en el tono de taranta. ¡Claro! Del dos, la cejilla en el segundo traste, pal cuatro, el tono de taranta, que es como tocar al dos, y dos más dos… Se me quedó grabado»

Seguramente fue por mi formación de musicólogo que Antonio me mostró siempre su cariño sincero. Le encantaba compartir, como también le ocurría a Manolo Sanlúcar, sus inquietudes científicas sobre el arte flamenco desde un punto de vista técnico. Que si este acorde, que si aquel tercio, que si ese acento, y yo, que pregunto más que un perdido, le atiborraba de dudas que él trataba con paciencia de aclararme.
Recuerdo un día que, en referencia a un tono de la guitarra, me dijo algo que me llamó mucho la atención: cantar la taranta “del dos pal cuatro”. Y le pregunté: Antonio, ¿qué es eso del dos pal cuatro? Y él, extrañado de que no lo supiera, me dijo: así decíamos a poner la cejilla al dos y en el tono de taranta. ¡Claro!, del dos, la cejilla en el segundo traste, pal cuatro, el tono de taranta, que es como tocar al dos, y dos más dos… Se me quedó grabado. Nunca había escuchado esa forma de referirse a los tonos. Era cosa de antiguos, de gente que había vivido una época dorada del flamenco que, ni por asombro, podemos hoy siquiera imaginar.
Antonio pertenecía a esa generación de titanes de la cosa jonda que ya no volverá. Me decía cómo la antología con Paco de Lucía, esa joya en cuatro elepés, la grabaron en cuatro sentadas, en 1971. Cuarenta y ocho cantes en unas pocas sesiones de grabación. Igualito que ahora, vaya. Lo que digo, pertenecía a la era de los gigantes del flamenco.
Descanse en paz nuestro Fósforo. Gracias por tanto.








































































