¡Lo que no consiga el Flamenco On Fire! Nunca antes, en esta nueva etapa por la que pasan las artistas, se habían unido en un mismo escenario, compartiendo espectáculo pero cada una de ellas con un tiempo de veinticinco minutos establecidos para presentar, o al menos acercar, sus respectivos trabajos discográficos. Un fallo técnico obligó a retrasar el comienzo de la función, pero ahí estuvo el público, con paciencia y educación, esperando a que el telón subiera. En camerinos, Lela Soto, Ángeles Toledano y María Terremoto ya estaban preparadas para la acción.
La primera en salir fue Ángeles, con un repaso a Sangre sucia, disco publicado en octubre de 2024 con el que la jienense ha superado una etapa vital. Lleno de versos reivindicativos, poéticos y comprometidos con la actualidad, celebra junto a “mis niñas” un estado de amplitud musical impresionante. Lo mismo que Lela Soto, que ha crecido escuchando la bulería por soleá de su casa Sordera, pero que no abandona la creatividad que en su día derrocharon Ray Heredia, su tío por parte materna, y Sorderita. Así se presenta en El Fuego que llevo dentro, su debut en solitario publicado en marzo de 2025. La última en salir, María Terremoto, que a principios de este año sacó a la luz Manifiesto, otro canto a la libertad y a su propia historia, que nunca fue fácil. Las tres son voces que reinan en festivales, aparecen en medios de comunicación menos conservadores, funcionan en redes sociales, acercan a un público joven al flamenco, rompen con la estética escénica hasta ahora habitual en el cante, son hijas de su tiempo… No le temen a avanzar según sus miradas porque tienen la mejor base, el conocimiento adquirido hasta aquí. Mujeres y jóvenes, al poder.
«María, Lela y Ángeles son voces que reinan en festivales, funcionan en redes sociales, acercan a un público joven al flamenco, rompen con la estética escénica hasta ahora habitual en el cante, son hijas de su tiempo… No le temen a avanzar según sus miradas porque tienen la mejor base, el conocimiento adquirido hasta aquí. Mujeres y jóvenes, al poder»

El sábado en Pamplona fue intenso, no sé cómo aguantamos. Por la mañana se celebraron hasta cuatro eventos, desde el recital de media hora (lo estipulado para todos los artistas) de Tomatito desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona evocando sus mejores melodías camaroneras, hasta la exitosa presencia de El Turry desde el balcón del Hotel La Perla con la guitarra jerezana y fructífera de Marcos de Silvia. Los dos acompañaron, junto a Juan Ángel Tirado (al cante) y la percusión de Cheyenne, a la bailaora granadina Vero La India, que destacó por su pasional mensaje en los tangos, la bulería por soleá y la seguiriya inicial. Fragancia del Sacromonte para despedir la jornada en el Hotel Tres Reyes que suele ser el sitio de la despedida diaria.
Por la mañana, destacar también el encuentro musical de Fernando Vacas, que cerró el capítulo sonoro iniciado el día antes por Carlos Martín Ballester. Basándose en grabaciones históricas de pizarra, como las de Niña de los Peines, Chacón o Manuel Torres, provocó un mar de sensaciones a partir de efectos de estudios, nuevas frecuencias, ritmos, melodías y armonías. La Plaza del Castillo acogió un flashmob de la Escuela de Baile Sandra Gallardo y el Centro de Arte Flamenco El Juncal.
La tarde dio paso al recital del madrileño David Cerreduela, versátil y de amplitud sonora, con un sonido propio que recogerá en su próximo trabajo discográfico que, según comentó, viene en camino. Estaba feliz de ver el Espacio Sabicas hasta la bandera y dio todo lo que su guitarra contiene. También lleno en Espacio Pansequito para escuchar a Esmeralda Rancapino y Nono Reyes, que llegaron a Pamplona con la bandera de Cádiz y Los Puertos. Ya no son esos niños, ya son verdaderos artistas y empiezan a copar la escena. No es nuevo. Sobre todo por el sur, vemos a Esmeralda crecer con un metal inigualable que ha de sonar por cada rincón. Nono ya es un habitual acompañando a primeras figuras en festivales y peñas, siempre eficaz y gitano. Alegrías, tangos, bulerías… para celebrar que el flamenco, como en su día me dijo en una entrevista Enrique Soto Sordera, “es vida, nunca muerte”. ♦










































































