Parece increíble el silencio y la paz que reina en el patio del Museo Fundación Unicaja de Artes y Costumbres Populares, porque está ubicado en pleno centro de Málaga y rodeado de bullicio. Pero cuando cruzas sus umbrales es como si te trasladaras a otro tiempo y es un verdadero lujo poder disfrutar aquí del flamenco, pues es quizá lo más parecido a lo que este arte pudo ser primigeniamente. Esto lo sabe muy bien Carlos Martín Ballester, director del ciclo Hondos Caminos del Flamenco que auspicia la Fundación Unicaja, pues es el tercer año que esta cita se celebra.
El cartel del día era prometedor: el cantaor jerezano Luis Moneo, acompañado a la guitarra de su hijo Juan Manuel Moneo, herederos de una estirpe de larga ascendencia flamenca.
El patio, recoleto, estaba a rebosar de público, pero el respeto reverencial hacia los artistas hizo que pronto surgiera una simbiosis mágica: un cantaor y un guitarrista haciendo flamenco de manera natural, sin megafonía de por medio –que no es necesaria dada la magnífica acústica del patio–, y unos espectadores predispuestos a escuchar y a dejar que el arte les calara hasta los huesos.
Comenzaron por tientos tangos, en absoluta compenetración, recortando con pellizco los finales de los tercios, haciendo algunas de las letras que Luis dejó grabadas en su último y magnífico disco, Metal fundío (La Droguería Music, 2024), mostrándonos desde el principio lo bien que se encontraba de la voz, con esa potencia que sabe proyectar y, a la vez, sabe contener, dándole al cante lo que pide. En los tangos se acordó de La Niña de los Peines, y este primer cante sirvió para darnos cuenta de que esta iba a ser una tarde memorable.
Siguieron por Cádiz, yendo y viniendo de las romeras a las cantiñas, diciendo muy bien el cante, con infinito gusto, subiendo con poderío y recogiéndose en los graves, jugando con el compás, gustándose, y haciendo gala de esa complicidad que padre e hijo tienen con solo mirarse.
«Luis Moneo nos dijo que la soleá era la religión que se profesaba en su casa, por lo que no podía faltar en este recital. El eco añejo de su voz nos transmitió una herencia de siglos, recorriendo estilos de Alcalá, Cádiz y Manuel Torre con maestría y carisma»

A continuación, Luis Moneo quiso hacernos un guiño cantando por malagueñas, concretamente del Mellizo, con mucha personalidad, pues este cantaor, si bien rezuma tradición, tiene la capacidad de imprimir su propio sello a lo que canta. Lloró el cante en los ayeos, terminó a la perfección –pocos saben terminar bien la malagueña– y para rematar, se acordó de Juan Breva.
Nos dijo que la soleá era la religión que se profesaba en su casa, por lo que no podía faltar en este recital. El eco añejo de su voz nos transmitió una herencia de siglos, recorriendo estilos de Alcalá, Cádiz y Manuel Torre, con maestría y carisma. El acompañamiento de Juan Manuel destacó por su limpieza, sin afán de protagonismo, con falsetas cortas y apropiadas, haciendo brillar más si cabe el cante de su padre.
Eran casi las 9 de la noche, estábamos entre dos luces, ese instante inspirador del crepúsculo. Y decidió Luis Moneo que era buen momento para adentrarse en el quejío de la siguiriya. Desde la salía, ya nos conmovió. Con el alma en la boca nos hizo un cante cortito pero profundo, desde los soníos negros de su paisano Manuel Torre hasta el cambio del señor Manuel Molina. Qué sensibilidad en el toque de Juan Manuel Moneo, qué manera de hacernos empatizar, qué catarsis.
En los fandangos –Caracol, Gloria y Manuel Torre–, siempre sin alargamientos innecesarios, sabiendo controlar la potencia para imprimir la emoción y provocarnos el pellizco, el público se levantó de sus asientos.
Pero faltaba el soniquete. Siendo de Jerez, no podían irse sin rendir tributo a la bulería, y lo hicieron de pie, frente a frente, apuntando unas letras cortas y sabrosas, para rematar con el romance navideño Un niño tan bello de Antonio Mairena, porque así le salió, con verdad y sentimiento.
Aplaudiendo en pie, no les dejábamos irse. Así que, con mucho arte, se despidieron con una deliciosa pataíta. Nuestras sospechas fueron ciertas: vivimos una tarde que quedará indeleble en la memoria.
Ficha artística
Recital de cante de Luis Moneo
Ciclo Hondos Caminos del Flamenco
Museo Fundación Unicaja de Artes y Costumbres Populares, Málaga
23 de abril de 2026
Aforo: Lleno
Cante: Luis Moneo
Guitarra: Juan Manuel Moneo


















































































