Desde el arco del fandango divisé cómo lucía el arco de la soleá. Allí, Daniel Mejías El Carqui nos traía el toque por Levante. En una esquina del escenario el guitarrista mexicano, afincado en Sevilla, nos iluminaba el alma con la música que sale del dolor de las entrañas de la tierra. Todo ello como preámbulo a una noche repleta de flamenco, flamenco.
Las tablas de la Peña Cultural Flamenca Femenina de Huelva soportan algo más de cuarenta y dos años de cante, toque y baile, repletos de duende y arte, porque con él soñaron sus fundadoras y seguimos reviviéndolo cada noche de jueves quienes allí nos damos cita. El arte y el duende no tienen edad. Eso todos lo sabemos, mas se hace latente cuando somos capaces de convivir con este hecho a través de la experiencia propia. Son muchas las ocasiones en las que subrayo la apuesta de artistas nacidos a finales del siglo XX y durante este cuarto de siglo XXI por un flamenco de corte clásico. En ese ventalle de artistas se encuentran Yaiza Trigo y Joni Torres. Alcalá de Guadaíra –la de los panaeros, la de Joaquín de la Paula y Manolito de María– y Osuna. Joni es un cantaor que no te deja indiferente. Desde el instante primero te dice con su cante que no ha venido a cubrir expediente, sino a dar todo aquello que tiene dentro, legado de los flamencos de su estirpe, como el singular Joselero. Después del solo de guitarra de Carqui, principió su actuación por tangos, haciéndonos un flamenco abanico con recuerdo a añejos compases. Seguidamente, los cantes por martinete y debla llaman al baile de Yaiza. Otra vez el arco de la soleá tiene la dicha de ver entrar el duende. Un halo de oscuridad y profundidad envuelve el baile de la alcareña, cuya fuerza, personalidad y estética forma parte del cuadro plástico dibujado por la siguiriya de Joni Torres. Los brazos de Yaiza son como trémolos de las cuerdas de la guitarra de Daniel Mejías. Suena la siguiriya, los ayes que envuelven la pena y la majestuosidad de este cante están visibles en cada desplante y en cada movimiento.
«Yaiza Trigo es bailaora temperamental. De fuerza, pero también de estética. No se olvida de sus brazos. Sus manos son reflejo latente de la belleza de su danza. Y en el momento culmen, en ese en el que la siguiriya te agarra de la solapa del alma y te zarandea, la que manda es Yaiza. Ella y nadie más»
Yaiza es bailaora temperamental. De fuerza, pero también de estética. No se olvida de sus brazos –algo para agradecer en estos tiempos donde parece que el baile solo se inventara para las extremidades inferiores y los golpes de pecho–. Sus manos son reflejo latente de la belleza de su danza. Y en el momento culmen, en ese en el que la siguiriya te agarra de la solapa del alma y te zarandea, en ese justo instante que viene a durar desde un segundo a una eternidad, donde el silencio puede ser compás, música, ritmo, la que manda es Yaiza. Ella y nadie más. La pena seguiriyera ha enloquecido, porque cante, guitarra y baile han sido un todo. Yaiza, en un microsegundo, nos ha sumergido en una hipnosis y nos ha sacado de ella. Apenas nos hemos dado cuenta, y sin embargo nos ha emborrachado ante ese catafalco de la pena que es el cante por siguiriya.
Hay que bajar las pulsaciones, para ello el cantaor ursaonense nos trae el cante por malagueña y fandango de Lucena, perfectamente escoltado por las seis cuerdas de Daniel Mejías. Seguidamente, la bulería por soleá será la paleta de colores flamencos que Joni regale al baile de Yaiza. Torres es un cantaor con conocimiento suficiente para dar a cada instante la nota adecuada, se adapta a la necesidad del momento y se crece en este corte del espectáculo. Yaiza brega con el compás. Toda ella es una virtud y ahora su movimiento le da aún más brillo al cante. Nos lleva Joni a los alcores y a Lebrija para recordarnos el cante por romance que popularizara el maestro Antonio Mairena y el veterano Manuel de Paula, años más tarde, para mayor lucimiento de la bailaora. Podemos decir sin temor a equivocarnos que Yaiza Trigo fue el romance perfecto a una excelsa noche flamenca.
No es baladí volver a recalcar la importancia de estos artistas. Jóvenes que no solo aman el flamenco, sino que con sus maneras expresivas le dan un valor añadido de vitalismo, entre otras cosas porque se saben legatarios de las formas tradicionales, rituales y geográficas. Además, conocen y pueden adaptarlo a su experiencia vital. Guardando las distancias, Yaiza nos recordó en algún que otro momento a la simpar Carmen Amaya. Joni hizo lo propio acordándose de maestros cantaores clásicos del siglo XX. Y Daniel no escatimó técnica para llevarnos con sus seis cuerdas a través de un acompañamiento limpio y sin florituras superfluas al cante y al baile. Hablar de Yaiza Trigo, Joni Torres y Daniel El Carqui no es hacerlo ya de promesas. Son realidades latentes de un flamenco que tiene que crecer con ellos, e inseparablemente junto a ellos.
Ficha Artística
Recital de baile de Yaiza Trigo
Peña Cultural Flamenca Femenina, Huelva
18 de diciembre de 2025
Baile: Yaiza Trigo
Cante: Joni Torres
Guitarra: Daniel Mejías ‘El Carqui’
Palmas y compás: Eladio Trigo y Joni Torres







































































































