Josemi Carmona tenía 14 años cuando se unió a Ketama. Vivió desde dentro el boom del llamado nuevo flamenco, aquel tiempo de notable confusión pero también de creatividad burbujeante que sirvió, más que nada, para que toda una generación de españoles que no había tenido el menor contacto con lo jondo aparcara sus prejuicios, se familiarizara con nuestros sonidos autóctonos y los abrazara para siempre.
Pero los años han pasado –treinta, se dice pronto– y Josemi ha ido creciendo como compositor e intérprete, arrimándose a algunos de los creadores más talentosos de nuestra música, así, sin etiquetas, como Jorge Pardo, Javier Colina o Carles Benavent, al tiempo que iba grabando discos tan estimables como Las pequeñas cosas, Sumando, De cerca o Vida. Nunca fue el más rápido, ni el puro (sea lo que sea lo que eso signifique), pero siempre ha hecho gala de una flamencura natural, perfectamente adaptada a su carácter inquieto y buscador.
Esa larga y fecunda andadura es la que ha querido recordar en Mi vida, mi música, el repertorio con que se presentaba este miércoles en el Castillo de Santa Catalina de Cádiz, en el marco del Festival Patrimonio Flamenco. Una luna creciente un tanto fantasmagórica brillaba sobre la construcción colonial cuando Carmona compareció en escena para hacer una granadina un tanto fría, jugando con el loop.
Le siguió, ya con el grupo sobre las tablas, una versión de Pozo del deseo, hermoso vestigio de la época de Ketama, antes de que Rafita de Madrid quisiera lucirse por alegrías, fandangos de Huelva y martinete. Atención a este interesante cantaor, pariente de Diego El Cigala y con un solo disco en el mercado, que se midió muy bien con los cantes exhibiendo abundantes detalles de clase.
«Josemi Carmona, ese creador que ha sabido mantenerse en la música no viviendo de su nombre ni de las rentas, sino ahondando en su búsqueda. Ojalá no se quede ahí: tiene casi toda la vida por delante»

Tras el tema Mi Gorda, con ese tiempo de tangos idóneo para escuchar en estas fechas con la persiana bajada y el ventilador a tope, continuó el remanso intimista de Moon River, el clásico de Henry Mancini que popularizó la banda sonora de Desayuno con diamantes, y que Josemi Carmona se lleva a su terreno de un modo tan suave como efectivo.
Las bulerías que el guitarrista grabó acompañado por Paco de Lucía bajo el título Dos puñales siguen pareciendo un delicioso vacile de compás y sabor, perfectamente enlazada con la rumba Ni contigo ni sin ti, una prueba más del feliz maridaje entre rumba flamenca y cubana, que los Ketama, Barbería del Sur y proyectos afines exploraron con denuedo.
El bajo de Josué ‘Ronkio’ sonó potente, en la línea virtuosa de un Popo o un Juanfe Pérez; la percusión de Bandolero, otro nombre fundamental de los años del nuevo flamenco, fue altamente lucida, especialmente con el cajón; mientras que la trompeta de Enriquito, aunque en ocasiones pareció costarle encontrar su encaje, aportó la bellísima sonoridad de su instrumento y un apoyo melódico constante a la sonanta de Carmona, que por su parte dialogaba gozosamente en su condición plurilingüe, flamenca, latina jazzera.
Aclamados por el respetable que llenaba el patio del castillo –no quedan entradas para casi ninguna actuación del ciclo–, los músicos salieron por última vez para hacer la muy paquera Tangroove, una de las insignias de Josemi Carmona, ese creador que ha sabido mantenerse en la música no viviendo de su nombre ni de las rentas, sino ahondando en su búsqueda. Ojalá no se quede ahí: tiene casi toda la vida por delante.
Ficha artística
Mi vida, mi música, de Josemi Carmona
Festival Patrimonio Flamenco
Castillo de Santa Catalina, Cádiz
6 de agosto de 2025
Josemi Carmona, guitarra
Rafita de Madrid, cante
Josué ‘Ronkio’, bajo
Enriquito, trompeta
Bandolero, percusión







































































