Esmoquin para ellos y traje largo para ellas. Es una de las características estéticas de esta Gala de los Premios del Flamenco Cajasol, en la que un nutrido número de artistas acompañan a los premiados de cada edición. Solo llevan dos años celebrándose y el objetivo de los organizadores, según el presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, es que estos premios sean “la alfombra roja” para los artistas del flamenco. El lugar para la fiesta es la sede de la Plaza de San Francisco (Sevilla), pulmón cultural de la capital que acoge cada día actividades de todo tipo y, en determinadas noches, el arte nuestro se sube a las tablas con motivo de los Jueves Flamencos que en 2025 cumplieron veinticinco años de su nacimiento. Fue ese el motivo, el especial aniversario, para crear estos reconocimientos dedicados a personalidades que mantienen una impoluta trayectoria como ha ocurrido en esta ocasión con José Mercé, Paco Cepero y Manolo Marín.
Estuve allí y disfruté de un ambiente distendido entre artistas. Eché de menos a los compañeros de la prensa especializada, aunque compartí mesa con otros colegas de medios generalistas como RTVE, Canal Sur RTVA o Europa Press. Si tengo que nombrar a todos los artistas del flamenco que estuvieron presentes en la noche del martes en Cajasol ocurrirían dos cosas. Por un lado, que sería como la lista de las páginas amarillas de larga. Y, por otro lado, se me olvidaría alguno. Por poner algunos ejemplos, así por destacar nombres, saludé a Aurora Vargas, Manuela Carrasco, Esperanza Fernández, Concha Vargas, Jesús Méndez, Arcángel, Ezequiel Benítez, Antonio Reyes… y ahí me voy a quedar porque no quiero aburrir.
La gala transcurrió con cierto ritmo, con la presentación de la modelo y actriz Laura Sánchez y la presencia de autoridades políticas como la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, la alcaldesa de Jerez, María José García Pelayo, el delegado de Cultura y Ciudadanía de la Diputación de Sevilla, Casimiro Fernández… entre otros. Creo que del Ayuntamiento de Sevilla no había ninguna representación. Creo.
Manuel Lombo, coordinador del evento, salió al principio para saludar y, sobre todo, dar gracias animando a los televidentes y a los allí convocados a que “se crean el flamenco, debemos mantenerlo en el sitio que merece, dándole categoría como lo hacemos esta noche”. Antes, apoyándose en un texto de David Ladrón de Guevara y en la voz en off de Marina Heredia, el baile de Águeda Saavedra nos llevó a soñar con la belleza en movimiento. Se deslizó sensual y racialmente, que ya es difícil aunar ambos conceptos en un mismo cuerpo, con unas castañuelas. María Terremoto fue invitada a salir a escena dedicándole su soleá, la de su último disco, a los premiados. Estuvo acompañada por la sonanta jerezana de Nono Jero, imprimiéndole ritmo al cante. Momento solemne para la guitarra en solitario de Pedro Sierra, también por soleá, pero con armonías verdaderamente valiosas y con una gran personalidad, toda ello desde una profunda revisión del toque de siempre.
«Paco Cepero agradeció este reconocimiento que “me da vida, porque cuando me muera no quiero nada a título póstumo”. Se lo entregó Patricia del Pozo, a la que el compositor susurró algo en el oído»

Ya empezaron a entregar los premios y el primero en subir fue el maestro jerezano Paco Cepero, que está a punto de cumplir 70 años en activo desde su debut en el Teatro Falla a la edad de 16 años. De cada premiado, un vídeo de apenas tres minutos. Paco, como es habitual, agradeció este reconocimiento que “me da vida, porque cuando me muera no quiero nada a título póstumo”. Se lo entregó Patricia del Pozo, a la que el compositor susurró algo en el oído que nunca supimos qué.
Seguidamente, Manolo Marín. ¡Cuánta clase! Sencillo y cercano, con esa pose tan natural en el escenario pero que nos dice claramente que es bailaor. El coreógrafo que estableció su escuela en la calle Rodrigo de Triana hace décadas, “después de haber recorrido el mundo”, se mostró “nerviosillo” y defendió las nuevas tendencias, la técnica, pero sin “olvidarnos del sabor”. A él le entregó el premio Lombo.
El último en recoger la estatuilla fue el también jerezano José Mercé, reivindicando a “Patri” (la consejera) que “para otras cosas hay mucho dinero pero que para el flamenco siempre hay poco”. Lo hizo entre risas, pero lo soltó. José dijo, entre otras cosas, que el cante no es “ni chico ni grande, eso lo hace el intérprete, porque lo mismo que es grande una seguiriya de tío Chocolate o tío Fernando Terremoto, también lo es un fandango de tío Paco Toronjo”. Pulido fue quien se lo entregó.
Para concluir la gala, el bailaor Alberto Sellés cantó y bailó por alegrías, hilvanándola con el “voy a perder la cabeza por tu amor”… Es un talento de los que destacan entre los de su generación y muestra gran dominio escénico y desparpajo. Su fuerte es el baile.
Pasamos al patio para una cena y con mucho arte, a eso de las doce de la noche, nos fuimos despidiendo hasta la próxima edición que de seguro contará con otros grandes premiados. En La Juguetería, un bar de copas de la plaza, coincidimos los que aún queríamos alargar un poco más la noche entre una buena copa y una interesante, o no, conversación.










































































