Tres años después de la muerte de Manolo Sanlúcar, la bandera del guitarrista gaditano sigue flameando con fuerza. Una nueva prueba de ello es la reciente publicación de Manolo Sanlúcar, la eterna huella de un genio, un volumen de casi 600 páginas publicado por la fundación que lleva el nombre de este creador junto con Aura Seguros. En él, uno de los mejores amigos de Manolo Sanlúcar, Juan Manuel Suárez Japón, traza un recorrido desde el humilde patio de su casa hasta los grandes teatros del mundo.
“El libro surge como una especie de mandato interior que siento, y con la idea de saldar una deuda con él después de treinta años de amistad y convivencia, aprendiendo siempre de él”, comenta este catedrático de Geografía Humana y ex rector magnífico de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), autor de otros libros de referencia en la materia como Cristina Hoyos. Gracias a la vida o Manuel Morao. Yo nunca a mi ley falté, entre otros. “Este se me ocurrió el 28 de febrero de 2023, después de un acto de homenaje a Manolo. Por un momento pensé que las canciones y los discursos se los lleva el viento, y que yo compartía con él la idea de que la perpetuación que supone un libro no la da ninguna otra cosa. Lo hablé con José Martínez Talavera, presidente de la Fundación, y me animó de inmediato porque yo tenía documentos y experiencias a los que la gente que amaba a Manolo también tenía derecho a acceder”.
«Yo quería trasladar al lector el Manolo plural, porque la gente sigue pensando que era un guitarrista, pero esa era solo una parte de su rica personalidad. Manolo era un músico, pero también un escritor, un poeta, un teórico, un conocedor del arte, una persona comprometida con la suerte de Andalucía y de su tiempo»
Suárez Japón recuerda también que ni se le pasó por la cabeza escribir una biografía al uso del gigante de la sonanta, pues “esa estaba ya escrita maravillosamente por el propio Manolo en El alma compartida, su autobiografía hoy agotada. Yo quería trasladar al lector el Manolo plural, porque la gente sigue pensando que era un guitarrista, pero esa era solo una parte de su rica personalidad. Manolo era un músico, pero también un escritor, un poeta, un teórico, un conocedor del arte, una persona comprometida con la suerte de Andalucía y de su tiempo… Y todo lo vivía al mismo tiempo, no separadamente”.
“La palabra que mejor define a Manolo Sanlúcar es coherencia”, prosigue Suárez Japón. “He visto a pocas personas que vivan según su propia tabla o esquema de valores como él. Y a veces lo pasó bastante mal, precisamente, por defender esos valores”.

De este modo, el autor ha planteado el libro como un retrato colectivo, “con cuantas más voces mejor”, planteando cada capítulo como un relato con entidad por sí misma. Por eso el volumen recorre la apasionante vida del gaditano desde sus orígenes humildísimos, aquel patio en el que aprendió los primeros acordes con su padre, hasta la conquista de los principales escenarios de todo el globo, incluyendo el Teatro Real. “Resulta extraordinario comprobar cómo alguien que viene de un entorno tan precario acaba siendo capaz de componer sinfonías como Medea, la más veces representada por el Ballet Nacional. Pero lo entendí cuando, la primera vez que entré en el estudio de su casa de Sanlúcar, vi que solo tenía una foto y no era de ningún flamenco, sino de Bela Bartok”.
Suárez Japón no elude hablar de aquel año 2004 “en el que Manolo vivió el peor de los dramas que puede sufrir un ser humano, perder un hijo. A partir de ese momento, está más dominado por la rabia y la tristeza que por el afán creativo. Esa segunda etapa está marcada por el sufrimiento y la decepción, hasta el punto de hacerle tirar la toalla, así como por la incomprensión de la Administración y la preocupación final, ¿qué iba a pasar con su legado?”.
«Muchas veces le preguntaban por la dualidad con Paco de Lucía, y él defendía que entre los dos habían englobado todo. La única diferencia era que Paco había derivado hacia el camino de Mozart, y él al de Beethoven»
Ese legado, asevera el autor, está en buenas manos gracias a la milagrosa aparición de Martínez, empresario radicado en Santa Coloma de Gramanet e hijo de la emigración andaluza, que se ofreció a Manolo Sanlúcar para proponerle su apoyo. “Recuerdo que Manolo me llamó varias veces en los días siguientes preguntándome, ¿tú qué opinas? Tenía muchas dudas porque le habían prometido tantas cosas, incluso en público, que jamás se cumplieron… Pero por suerte hoy hay un museo con sus guitarras, sus partituras, los libros y los cuadros que tenía, además del Centro Internacional de Guitarra Flamenca de cuya gestación y dirección se ocupa Juan Carlos Romero”.
Episodio tras episodio de su vida, obra tras obra, el libro supone un testimonio casi definitivo de lo que supuso el paso de Manolo Sanlúcar por la vida. “Él mismo se preguntaba quién era y cuál era su trascendencia”, concluye Suárez Japón. “Muchas veces le preguntaban por la dualidad con Paco de Lucía, y él defendía que entre los dos habían englobado todo. La única diferencia era que Paco había derivado hacia el camino de Mozart, y él al de Beethoven. La mayor parte de sus esfuerzos se dirigió a formar a 15 o 20 o 25 guitarristas de nivel entre los cuales están Vicente Amigo, Riqueni, José Antonio Rodríguez, Santiago Lara, Can Wang, Juan Carlos Romero… Y no se limitó a dar clase, muchos llegaban a su casa y se quedaban a vivir allí como un miembro de la familia más. Es muy raro ese compromiso con el flamenco y con la cultura. Por eso es una persona a la que seguir estudiando muchos años, como se estudia a los clásicos. Ya lo era en vida, y ahora más”. ♦









































































Soy bailaora de flamenco en USA. Me encanto saber de el nuevo libro de Manolo Sanlucar y me interesa todo los articulos de Flamenco. Muchisimas Gracias!