A sus 83 años, John McLaughlin (Doncaster, Reino Unido, 1942) no para. Por el contrario, parece urgido a terminar sus proyectos, y da a su tiempo el valor que sin duda tiene. Tal vez por eso, atiende amablemente a expoflamenco cuando se requiere su testimonio para la serie Los elegidos, pero es tajante con los límites: solo cinco preguntas, ni una más. Pero cinco respuestas de alguien que ha vivido tanto sobre los escenarios es mucho.
McLaughlin ha grabado para Miles Davis, Gil Evans o los Rolling Stones, ha improvisado con Jimi Hendrix y dado clases de guitarra a Jimmy Page… Y formó junto a Paco de Lucía y Larry Coryell (y más tarde con Al Di Meola) el Guitar Trio que abrió definitivamente las puertas del mercado jazzístico al genio algecireño. Aquella aventura quedó plasmada en discos como Friday Night In San Francisco o Paco and John, este último grabado entre los dos en Montreux en 1987. Memorable es también el concierto que ambos dieron en la Expo’92 de Sevilla. Una leyenda que nunca ha olvidado su amistad con aquel colega español tocado por la magia.
– Todos coinciden en que Paco fue un genio de la guitarra, pero nadie parece estar de acuerdo en qué exactamente lo hacía tan superior a otros músicos de flamenco. ¿Podría decirnos qué lo hacía único?
– En primer lugar, su amor por la guitarra era fundamental en su vida. En segundo lugar, tenía una autodisciplina enorme para alcanzar la excelencia. En tercer lugar, Paco era un verdadero artista en el sentido de que estaba dispuesto a correr riesgos en el desarrollo de su música y de su arte. En este sentido, dio la bienvenida a otras culturas musicales, principalmente el jazz, la música de los países eslavos y árabes, y dejó que lo influenciaran. Al hacerlo, fue criticado por los puristas, que son la desgracia de toda la cultura musical, aunque más tarde la comunidad flamenca y el mundo entero reconocerían cuán inteligente fue por hacerlo.
– El propio Paco reconocía que, cuando se unió al Guitar Trio, tenía limitaciones significativas, especialmente al salir del campo del flamenco y aventurarse en el lenguaje del jazz. ¿Recuerda cómo se desarrolló su evolución?
– Paco mismo me dijo en numerosas ocasiones que se sentía limitado por las improvisaciones que están en el corazón del jazz. Sin embargo, esas llamadas limitaciones no duraron mucho. Paco se lanzó al corazón del jazz con un amor profundo. Ese amor, unido a su genio natural, le dio la capacidad de tocar al mismo nivel que Chick Corea, conmigo, con muchos otros músicos de jazz, y su música fue reconocida por toda la comunidad jazzística.
«Paco de Lucía dio la bienvenida a otras culturas musicales, principalmente el jazz, la música de los países eslavos y árabes, y dejó que lo influenciaran. Al hacerlo, fue criticado por los puristas, que son la desgracia de toda la cultura musical, aunque más tarde la comunidad flamenca y el mundo entero reconocerían cuán inteligente fue por hacerlo»

– El Guitar Trio es recordado como un encuentro alegre de grandes músicos (usted con Paco, Larry Coryell o Philip Catherine, y más tarde Al Di Meola), plasmado en álbumes deliciosos, pero también con cierta competitividad. ¿Disfruta evocando esa aventura o guarda un recuerdo agridulce de ella?
– Si retrocedemos al siglo XVIII, las competiciones de piano se celebraban regularmente en las casas de aristócratas y mecenas. En el momento en que colocas a tres o incluso dos instrumentistas tocando el mismo instrumento, desde el inicio surge una especie de competitividad. Esto es absolutamente natural e incluso bienvenido, no solo por los músicos, sino también por los oyentes, y lo encontrarás en todas las culturas musicales del mundo. Los músicos básicamente tocan por amor y, como consecuencia, estas competiciones son amistosas y, diría, importantes en el sentido de que nos provocamos mutuamente a alcanzar territorios desconocidos en las improvisaciones.
– ¿Cómo era Paco fuera del escenario? Se dice que disfrutaba ganándoles a las cartas, pero, ¿qué otras anécdotas personales conserva de él?
– Paco era un ser humano hermoso y con mucha sabiduría. Sí, solíamos jugar a las cartas y a otros juegos durante las giras para pasar el tiempo mientras viajábamos. En la década de 1980, en Navidad y durante las vacaciones de verano, Paco y yo nos encontrábamos en el País Vasco para ver partidos de Jai Alai en los pueblos y aldeas alrededor de Durango. También hacíamos equipo para jugar al Trinquet, la pelota vasca, con amigos en la región francesa del País Vasco.
– ¿Recuerda cómo recibió la noticia de su fallecimiento? ¿Todavía piensa en él a menudo?
– Nunca podré olvidar el momento en que recibí la noticia de la pérdida de Paco. Incluso ahora, cuando pienso en ese momento, me lleno de tristeza y melancolía. Sí, pienso en él a menudo y recientemente hice un retrato suyo a lápiz. ♦
Ver esta publicación en Instagram






































































