La artista vuelve al teatro riojano para ofrecer uno de sus Jueves Flamencos, que pertenecen a esta Gira Flamenca del Norte, orquestada por Antonio Benamargo.
Esperanza Fernández presenta su repertorio flamenco ante un público que sabe a lo que va: a ver a una artista rebosante de compás y poseedora de una de las voces con más caudal del panorama actual.
Goza de una amplia carrera, ha sido nominada a los Latin Grammy, ha compartido escenario y realizado colaboraciones con un importante abanico musical: desde La Fura del Baus, pasando por Kiko Veneno, Enrique Morente, Tomatito, o como se puede comprobar muy recientemente con el grupo sevillano Califato 3×4, trayendo los sones del flamenco deliciosamente combinado con la cumbia.
No solo con artistas de la música. Esperanza ha sabido leer los sones y los ritmos que tienen las poesías de José Saramago para atribuirle música flamenca, con su proyecto Mi voz en tu palabra, lanzado en 2013.
Durante la actuación estuvo acompañada por el guitarrista Chaparro de Córdoba, que ejecutó con un toque bonito, rico de sugestiones y muy flamenco. La cantaora inauguró su propuesta por peteneras. Continuó por soleá, por caña, bien acompañada al compás por Daniel Bonilla y Miguel Fernández, su hijo.
«Esperanza Fernández integra un legado que va desde la bulería de Lebrija a la tradición de Antonio Mairena, que es uno de sus maestros. No obstante, bebe de voces como La Niña de los Peines, Chacón, La Perla de Cádiz, Chocolate»
Esperanza domina los tercios largos, los susurros, los quejíos y los jipíos, sin llegar a abusar de ninguno. Por fandangos de Granada, nos recordó a su admirado Enrique Morente, con aquel un sereno se dormía…
La artista integra un legado que va desde la bulería de Lebrija a la tradición de Antonio Mairena, que es uno de sus maestros. No obstante, bebe de voces como La Niña de los Peines, Chacón, La Perla de Cádiz, Chocolate.
Portadora de una gran sensibilidad, como demostró en el escenario, es una de esas artistas que valora, quiere y agradece el calor y la afición del público. Corona con unas bulerías sin micrófono, descalza, en la parte superior del foso de orquesta, con las luces encendidas, al igual que los aficionados logroñeses allí presentes.
Cuenta ese proverbio chino tan recurrente: «El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo». Y es que cuando canta Esperanza, seguro que se produce un seísmo allá en la India, donde supuestamente salieron los gitanos hará unos dos mil años, en aquella ciudad de Chandigarh, que acogió en 1976 el primer Festival Gitano internacional. Allí fue la cantaora, siendo aún menor de edad, a manifestar unas letanías gitanas, propias de años de sufrimiento y movimiento nómada de aquellos «niños perdidos de la India», como profirió la primera ministra Indira Gandhi. Esa unión marcó la vida de la cantaora gitana, esa conmoción que lleva en su sangre es la que nos atraviesa cada vez que se sube a un escenario y nos regala un cante por seguiriyas.
Estas tardes nos conectan con lo que no somos capaces de ver en nuestra asfixiante rutina, un momento en el que la mirada se reactiva y añora aquello que no tiene, que no está, que no es. En estos momentos esa inquietud diaria aflora viva, rugiente, pero el cante, el arte, la manifestación artística, nos recuerda la condición de posibilidad. Esa potencia, ese soplo de aliento, produjo un aire latente en el alma de los asistentes.
Terminamos con este poema de Saramago que suena y viene tan flamenco, como supo ver Esperanza:
A ti regreso, mar, al sabor fuerte.
De la sal que el viento trae hasta mi boca,
A tu claridad, a esta suerte
Que me fue dada de olvidar la muerte
Aun sabiendo que la vida es poca.
Ficha artística
Recital de cante de Esperanza Fernández
XXX Gira Flamenca del Norte, Jueves Flamencos
Teatro Bretón, Logroño
26 de febrero de 2026
Aforo: casi lleno
Cante: Esperanza Fernández
Guitarra: Chaparro de Córdoba
Palmas: Miguel Fernández y Daniel Bonilla
















































































