La cosa fue creciendo. De parecer un bailaor más que jugaba a la ostentación con los pies a culminar un recital encandilando por sus dotes. No solo brilló al zapatear con precisión y fuerza, sino que supo pararse, mirar, dibujar figuras con un buen braceo, menear los hombros y seducir con la chaqueta hasta perfilar los mandamientos de la elegancia del baile gitano. Tete Fernández se coronó en la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla arropado por el gañote arañao de pellizcos jondos de El Galli, los cristalitos rotos que escarban desde las tripas de Miguel Lavi y el cante de Juan Manzano. La finura melódica y flamenca de la guitarra de Paco Iglesias los llevó mejor que en brazos para redondear una noche de arte en la que un bailaor catalán pudo demostrar que a pesar de calzar solo veinticinco añitos se asoma ya apuntando a los balcones de los grandes.
Tras la acertada presentación de Ángeles Cruzado, abrió la guitarra de Paco Iglesias a la llamada siempre atenta de Juani de la Algaba, entrañable amigo, aficionao hasta el tuétano y personaje singular del flamenco. Paco se deshizo en filigranas con aires levantinos, aunque la melodía inicial evocaba a los tangos de La Estrella de Morente. Derramó donosura, pulsación pulcra y falsetas jondas, anticipando la soleá que El Galli dedicó a los artistas presentes en el público, especialmente al maestro del cante Enrique El Extremeño, que se marcó en los camerinos unas alegrías pa enmarcar que traspasaron los ensoleraos muros de la peña y después tronó en el fin de fiesta que pueden ver en los vídeos de más abajo. Se templó El Galli doliendo desde el principio, arrastrando las duquelas por su tragaero. Lo secundó El Lavi, hurgando en sus entretelas negras. Y Juan Manzano, hilvanando guirnaldas a martillazos gordos de voz en ca uno de los tercios.
«El lamento se hizo grande por seguiriya, en la que El Tete supo pasear y recortar el tiempo, domeñando el entarimao a golpes de punta y tacón, recio, serio y rancio, descollando en los silencios y el zapateao del remate»
Pero el lamento se hizo grande por seguiriya, en la que El Tete supo pasear y recortar el tiempo, domeñando el entarimao a golpes de punta y tacón, recio, serio y rancio, descollando en los silencios y el zapateao del remate, antes de que Manzano echara el candao con la cabal de El Sernita. El Galli y El Lavi se despellejaron los centros jiriendo con sus sentencias. El Tete lo dio todo. O eso parecía, porque tras las bulerías gustosas con las que prosiguieron en la segunda parte del recital, en la soleá por bulerías el bailaor se creció sobremanera y lució por tres con el dominio absoluto del compás. Se puso zalamero y juguetón, disfrutando y doblando los desplantes sin buscar el aplauso fácil, bailándole al cante con acusada personalidad. Sorprendió y echó los restos haciendo que este crítico sucumbiera a la evidencia de que es ya un gran bailaor que sabe endiñar zamarreones donde las cosquillas sienten.
El fin de fiesta lo bordó con su voz adoquiná de quintales de flamencura Enrique El Extremeño. Se subió también su hijo Ñoño para acompañarlo a la guitarra. Y la maestra Carmen Ledesma, además de la jovencísima bailaora Yaiza Trigo, para volvernos a dejar las mieles en los labios y taquicardias en los corazoncitos magullaos por tantas noches de juerga.
Ficha artística
Recital de baile de Tete Fernández
Peña Flamenca Torres Macarena, Sevilla
17 de diciembre de 2025
Baile: Tete Fernández
Cante: David El Galli, Miguel Lavi y Juan Manzano
Guitarra: Paco Iglesias








































































































