José de la Tomasa estaba sentado al final de la Plaza de Toros de Guillena (Sevilla) para disfrutar de su XVIII Festival de la Bulería. Sucedió el sábado 5 de julio, posiblemente la noche que más festivales se celebraban en Andalucía al mismo tiempo: este mismo, Gazpacho de Morón, Fiesta de la Bulería de Torremolinos, la Noche Flamenca de Zambra, la de San Roque también… y otros tantos repartidos por ahí. Pues el maestro actual del cante de Sevilla, que vive en esta localidad, acudió para “despejarme” y disfrutar de los artistas del cartel. A decir verdad, y con lo exigente que es el de la Tomasa, no sabemos si llegó a emocionarse o no en algún momento, pero me alegró mucho verlo y escuchar cómo susurraba en mi oído sus grandes y poéticas frases. “Garrido, qué suerte tienes… ¿Tú sabes lo que es nacer al lado de un racimito de uvas?”, eso me dijo alabando a Jerez, tierra de sus antepasados los Torres.
Alrededor de José, siempre la juventud de la Peña Flamenca La Rivera, que se encarga de coordinar artísticamente este acontecimiento que contó con una entrada bastante aceptable y que se alargó hasta las 3 de la mañana, más tarde que otras ediciones. Siempre pedimos el primer aplauso de la noche (soy el presentador) en recuerdo de Alberto Valdivia Arteaga, uno de los principales pulmones de la peña y del festival que falleció en enero de 2022 y que desde entonces su nombre titula el cartel.
«Garrido, qué suerte tienes… ¿Tú sabes lo que es nacer al lado de un racimito de uvas? Eso me dijo José de la Tomasa alabando a Jerez, tierra de sus antepasados los Torres»

Para iniciar la noche, casi a las once, fueron los ganadores del 28º Concurso de Aficionados que celebraron en el mes de abril (la final) los encargados de subirse al escenario. En primer lugar el baile de Paola Almodóvar, de Almuñécar, y el segundo de ellos, en la modalidad de cante, Juanelo. Por comentar, este cantaor está gozando de un momento importante en proyección, ubicándose en un lugar privilegiado. En pocos días será protagonista en una de las noches de la Caracolá de Lebrija, casi ná. El pequeño descanso dio paso a uno de los momentos de la noche. Pastora Galván salía desde el público, con sus manoletinas, con su guitarrista y sus cantaores. Por cierto, qué habilidad la del sonido para que tal fin tuviera tanto impacto. La gente grababa con el móvil, Pastora trasladó la escena al albero, se paseó con la elegancia de un torero y deslumbró en esta bella noche de verano. Hizo, ya arriba, su homenaje a Triana y su baile por soleá. Lavi y Antonio Villar, de sobresaliente, y Paco Iglesia, de matrícula de honor. Pusieron al público en pie.
Antonio Reyes fue salir y llevarse el gato al agua. Conectó sin fisuras, por soleá sobre todo y por seguiriya también, y Pedro El Granaíno, que salía después, me decía que “anda mi Antonio lo difícil que me lo está poniendo”, siempre con un gesto sonriente de deportividad. Recuerden que en #DesdeDentro no comentamos los espectáculos como crónicas al uso, pero no tenemos por menos que destacar determinados instantes de éxtasis como el que el chiclanero, en un momento de inspiración, provocó. El Granaíno tiene oficio, años de escenarios, carisma y garganta para darle al público lo que exige. Aunque los aires acondicionados suelen jugar malas pasadas a las voces, según los propios artistas, Pedro se arremangó para que con Carmen por bulería el asistente su pusiera en pie.
El ambiente seguía siendo de fiesta, apenas se movió nadie de su asiento y eran las tres de la mañana, justo las tres, cuando Pastora Galván le bailó a Antonio Reyes en un improvisado –aunque clásico en este festival– fin de fiesta. Es el momento en el que salen personas que no están en el cartel, los que están en el cartel no siempre suben al escenario porque ya se han ido, o los que sí se suben lo hacen con otra indumentaria más de calle porque se cambiaron nada más acabar su actuación. Es un momento que gusta, por lo general, que se aplaude y que se agradece. Al otro lado del escenario, en frente, justo en la parte contrario de la plaza de toros, todos esos jóvenes (que algunos ya tienen hijos) con su buen estilo y las ganas de seguir luchando por el flamenco de raíz y por un festival que aunque cumpla años seguirá contando con la ilusión como base, como cuando se originó. ♦














































































