Para cualquier aficionado avezado, la segunda mitad del pasado siglo dio una cosecha de artistas de una calidad incontestable, voces llamadas a conformar un capítulo importante de la historia del cante. Mas el hecho de tener que darse a conocer en la época de los festivales flamencos le acarrearían no pocas dificultades.
Recuérdese, al respecto, que tenían que abrirse un hueco poco probable entre los Antonio Mairena, Juan Talega, Fosforito, Perrate de Utrera, Fernanda y Bernarda, La Paquera de Jerez, El Chocolate, Naranjito de Triana, Manuel Mairena y un largo etcétera. Y de otro, porque debían competir con los Lebrijano, Camarón de la Isla, José Menese, El Cabrero, Agujetas de Jerez, Curro Malena y tantas otras voces que, con empuje evidente, pedían paso entre las grandes figuras de entonces.
En este paisaje situamos al cantaor morisco Diego Clavel (La Puebla de Cazalla, Sevilla, 1946), que, aparte de vérselas con los que anteceden, tuvo por adversarios generacionales nada menos que a los Juanito Villar, Calixto Sánchez, El Mono de Jerez, María Vargas o Chaquetón, entre los muchos, con lo que la situación, que se complicaba hasta extremos insospechados, indicaba que sacar cuello era poco menos que una heroicidad.
Nuestro protagonista, de nombre de pila Diego Andrade Martagón y apodado como su abuelo, Clavelito, por lo coloradito que era, principió, como todos los de su tiempo, en los concursos, pero propagó su nombre a raíz, especialmente, de que ganara en 1970 el certamen de Mairena del Alcor. Y a partir de ahí, festivales, grabaciones discográficas, conciertos, obras teatrales, recitales peñísticos, programas de televisión, letrista, reconocimientos y algo muy sustancial, desempolvar estilos perdidos en el tiempo y aportar melodías a los cantes clásicos.
Mas organizar y contextualizar los cantes con mira futura es una idea que, a mi entender, comienza en Diego Clavel el año 1987, cuando en su obra A golpes de corazón amplía la diversidad de sus seguidores, ya que antes se le vinculaba a la seguiriya del Sr. Manuel Molina del concurso mairenero. Con este disco, sin embargo, se gana a todos por igual porque le marca un antes y un después, dado que incluso rescata la malagueña de Paca Aguilera, lo que le impulsa a estudiar de manera efectiva y así mejorar el rendimiento cantaor.
Estimo que a partir de ahí el hambre del conocimiento desata la locura por aprender. De tanto escuchar y asimilar, Clavel tiene pergeñado en los años 1990-91 una compilación de malagueñas. Gracias al perianense José Téllez, se le ofrece su publicación a la Diputación Provincial de Málaga, y se contacta con el productor musical Antonio Blanco, del sello discográfico antequerano Cambayá-Records, siendo en los fastos de la Exposición Universal de Sevilla –Expo’92– cuando el cantaor morisco saca al mercado su primera antología, La malagueña a través de los tiempos. 31 malagueñas.
«Diego Andrade Martagón, Diego Clavel, principió en los concursos, pero propagó su nombre a raíz de que ganara en 1970 el certamen de Mairena del Alcor. Y a partir de ahí, festivales, grabaciones discográficas, conciertos, obras teatrales, recitales peñísticos, programas de televisión, letrista, reconocimientos y algo muy sustancial, desempolvar estilos perdidos en el tiempo y aportar melodías a los cantes clásicos»
Son dos elepés grabados con las guitarras de Manolo Franco, Paco Cortés y Fernando Rodríguez, respectivamente, y letras todas de Diego Andrade, y en los que aparecen tantas variantes como indica el título, 31, sin olvidar una de cuño propio, Nadie me lo pué quitar, lo que nos lleva a la conclusión de que en esta antología es más trascendente lo que el cantaor inventa que lo que transforma. Evidentemente, y como así se refleja en la hemeroteca, no faltaron quienes se preguntaron: “¿Un foráneo dominando estos estilos? A la hoguera con él…”
Pero sin desviarnos del propósito impuesto, hay que señalar que Diego persistía en ofrecer un ejemplo vivo de cómo el renacimiento de las formas ocultas puede hablar directamente a un público diverso, tal que el estreno de su Misa flamenca cantada el 29 de agosto de 1993 en la Iglesia Santa Lucía, de Santander, o cómo en octubre de 1996 evidencia que es un luchador infatigable y abierto a cuantas propuestas le despierten un interés, tal que el cedé Poema del Toreo, en el que, apoyado en Pedro Bacán, Antonio Carrión y Fernando Rodríguez, rinde honores al centenario del poeta Gerardo Diego a través de 16 poemas tauromáquicos.
Pero el mejorar continuamente y el afán de superación son impulsos que acreditan su crecimiento personal, de ahí que en los albores de 2001 de nuevo nos lleve al asombro, ya que consigue la hazaña de reeditar su antología de malagueñas, pero en esta ocasión con 47 variantes, toda una heroicidad lograda merced a un denodado esfuerzo investigador, con el que se sitúa en la cima de los malagueñeros de la historia del flamenco.
Clavel publica La malagueña a través de los tiempos, una insólita antología en dos compactos con la inesperada cantidad de 47 estilos –incrementa en 16 los publicados en 1992–, de los que dos son igualmente nuevas creaciones –La fe y Nadie me lo pue quitar–, a más de dos malagueñas canarias incluidas en los cedés Por Levante, así como la del Caribe, que ya grabara en el disco A mis hermanos, y las correspondientes al Canario, Fosforito el Viejo y la de Concha la Peñaranda según Pastora Pavón.
Preservar y difundir los cantes que nos precedieron requiere, indubitablemente, conocimiento y una amplia comprensión de la historia del flamenco cantado, pero también habilidad para evaluar y seleccionar las variantes adecuadas para proporcionar al aficionado, o al seguidor, la información que demanda.
Y guiar al simpatizante de lo jondo a mejorar su competencia interpretativa y recopilar lo que otros no hicieron es el rol de Diego Clavel, que a finales de 2003 nos muestra lo recóndito llevándonos de la mano Por los rincones de Huelva (Sueño cumplío), antología que, en un doble cedé, recoge sesenta fandangos de las distintas zonas de Huelva, siendo acompañado por Antonio Carrión y Paco Cortés.
Son, pues, cinco docenas de estilos en los que se desarrolla una significación plural para el abordaje de los contenidos locales desde la perspectiva territorial integral. Es decir, desde la partitura sonora de los espacios que contiene, sin dejar de lado a los protagonistas, aquellas voces que han desempeñado un papel crucial en la gestación de sus modos expresivos y que Clavel asume como suya, por lo que contribuye a la cohesión musical y territorial de Huelva y su provincia. ♦
* Continuará…





































































