Se han escrito muchos libros sobre el flamenco que intentan ser un resumen o mirada global a este maravilloso arte. Podemos decir que el flamenco está de moda, y ello no significa que las masas se agolpen en los conciertos o festivales jondos. En el fondo, el flamenco sigue siendo cosa de pocos, aunque algunos artistas que han alcanzado la categoría de mediáticos puedan arrastrar a un millar de personas, o más, a un determinado recital. Pero la aproximación al flamenco está de moda, y cada vez son más los musicólogos o profesionales procedentes de la música clásica que se acercan a él. Muchos son los que quieren mostrar su visión, a veces desde ángulos distintos, en ocasiones con conclusiones contradictorias o que chocan con la de otros estudiosos. A veces, también, se escribe un poco de ‘oídas’ o confiados a la mera experiencia (acordémonos de un empirista clásico como Hume), pero la mera experiencia puede ser engañosa. No se trata ahora de desconfiar extremadamente de ella, a la manera de un racionalista puro como Descartes.
Del otro lado, sin embargo, están quienes se acercan al flamenco sin mucha experiencia, sin siquiera mucho gusto emocional y vital por el flamenco, por el cante, el baile o la guitarra. En ese campo abundan los musicólogos y los procedentes de la música clásica. Como a veces son incapaces apenas de distinguir un palo de otro –sin tener cerca al señor YouTube, claro–, como no han vivido el flamenco desde su raíz social, desde la reunión cabal y, digamos (si el libro de estilo me lo permite) desde un largo etcétera, como a veces, en fin, ni siquiera aman ni les gusta el flamenco, lo que hacen los allegados desde este grupo es enfocar el asunto desde un ángulo que ningún aficionado o flamencólogo al uso pueda discutir. Por ejemplo, si estudian un estilo conjugándolo con una partitura musical quien no sepa leer música así codificada no podrá rebatirle nada ni decir este pío es mío. Es como si a mí me ponen delante un texto en chino mandarino, o alguien me lo traduce o no podré debatir nada.
El caso del autor del libro que vamos a comentar es diferente, pues bebe de ambas orillas. Se trata del profesor de la Universidad de Murcia José Francisco Ortega Castejón. Ortega, doctor en filología clásica, tiene una amplísima formación musical de conservatorio, clásica. De hecho es profesor en la Facultad de Educación en el área de música e imparte la asignatura Investigación Musical en Flamenco, es decir, ha logrado introducir el flamenco en la universidad y por tanto abordarlo de manera académica y científica.
«Ortega no es solo un estudioso de este arte desde fuera de él, puramente teórico, sino que lo ha vivido desde muy joven, en directo, y lo aprecia realmente en su significación popular»
Pero el profesor Ortega es natural de La Unión, donde estos días se celebra su famoso Festival del Cante de las Minas. De hecho, el libro que ahora publica Ortega, Descubrir el flamenco (Editum, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia, 2025), lleva un excelente prólogo de Joaquín Zapata, actual alcalde de La Unión y presidente de la Fundación Cante de las Minas, además de gran aficionado al flamenco, e incluso fue colaborador de expoflamenco. Quiere todo esto decir que Ortega no es solo un estudioso de este arte desde fuera de él, puramente teórico, sino que lo ha vivido desde muy joven, en directo, y lo aprecia realmente en su significación popular.
De hecho, el profesor y aficionado Ortega Castejón ha publicado, en solitario o en colaboración, varios libros sobre las coplas flamencas mineras, sobre malagueñas, sobre tarantas. Ha formado parte de los jurados del concurso del festival unionense, y dirige en la universidad la revista de investigación del flamenco La Madrugá. En fin, que no es ni un recién llegado al flamenco ni un “arrimado” oportunista. Al revés, es un estudioso con métodos científicos, pero también un verdadero aficionado.
Pero al fin diré algo sobre el libro Descubrir el flamenco. El texto tiene vocación de globalidad, quiere abordar el flamenco desde todos los ángulos posibles, puesto que se acercan a esta música con carácter divulgativo y formativo para quienes llegan al flamenco por primera vez o para quienes ya se han visto atrapados por la llama del flamenco y quieren saber más o tener una visión amplia. Y todo ello en un apretado resumen. El libro tiene sobre todo una primera parte en el que el aspecto musical –que no es tratado habitualmente en otras aproximaciones– es fundamental. Así, encontramos epígrafes como Según el tempo, el aire o el movimiento o según el carácter, la función o la textura, entre muchos otros.
Después vienen otros apartados como el de las letras, el análisis de los distintos estilos o palos y mucho más. Es un libro, en este sentido, muy completo, ambicioso y aprovechable. Por poner una pequeña pega que en nada empaña la utilidad y excelencia del libro: se hace una presentación de casi todo, pero a mí, en determinados apartados, me hubiese gustado que tomara partido en el caso de algunas teorías enfrentadas, realizando su propio análisis. Por ejemplo, el caso del origen de la palabra “flamenco” referida a esta música. Ortega presenta brevemente todas las teorías conocidas, pero sin tomar partido o presentar su propia teoría. Pero eso en realidad lo digo, quizás, porque tiendo a ser demasiado discursivo en mis escritos.
En este caso, además, esa neutralidad formal y teórica es completamente acertada y necesaria al tratarse de un verdadero compendio dirigido a los no iniciados pero, sin embargo, interesados en saber sobre el flamenco con perspectiva global. No es por tanto, ni quiere serlo, un ensayo pensado para los especialistas y abierto, consecuentemente, al debate y la discusión. Estamos, en resumen, ante una elaborada y laboriosa obra, magnífica, que va a servir, y mucho, a un público amplio, familiarizado o no con el flamenco, comenzando por quien esto escribe.








































































