«Yo no le canto a soldaos. Cuando entren las mujeres entonces canto yo». Así de tajante fue Tina Pavón cuando hace ya un puñao de años la intentaron convencer para que diera un recital en la Peña Flamenca de Huelva. No permitían entrar ni asociarse a las mujeres. Causa por la que nació la Peña Flamenca Femenina de Huelva de la que Tina fue fundadora y donde sí tuvo el gusto de derramar sus melismas sobre el entarimao. Y además de balde.
Esta fue una de muchas de las anécdotas que la cantaora de San Fernando, recriada en Jerez y afincada en Huelva desgranó durante una emotiva entrevista que condujo con maestría la amiga y compañera Ángeles Cruzado para recordar la trayectoria artística de la que probablemente fue la mujer flamenca más solicitada en los festivales de los años 80 y parte de los 90, como acertó a citar estadísticamente la entrevistadora.
Su cante, «habitado por los ecos de Pastora», quedó impresionado en numerosas grabaciones discográficas, predominantemente de flamenco, aunque también hizo trabajos de sevillanas, canción andaluza y musicó los versos del poeta Juan Ramón Jiménez.
Le traspasó por primera vez el cuerpo una seguiriya de Manuel Torre cuando era niña. La cantaba su abuela. Ese día señalaíto de Santiago y Santa Ana le corrió como un veneno atrapándola en el cante jondo. Los parientes por parte de su abuela eran casi todos salineros. Y se llevó el salpicón mamando el flamenco con naturalidad en las fiestas familiares. También tenía una tía materna que cobijaba un jilguero en su garganta. De ahí y de la radio a la que mantuvo su oreja pegada echando más horas que un borrico alquilao, comenzó a empaparse de las campanas gordas. La Niña de los Peines le encantaba. Se arrimó a la más grande. Hasta el punto de que se adueñó de sus giros para tamizarlos con su nuez privilegiada y asombraba a la afición por su capacidad para recrearla. Algunos la tildaban de imitadora y otros alababan esta cualidad. De cualquier modo, subyugó con las filigranas de su cante a todo aquel que la escuchaba, provocando la admiración. Y esto le granjeó la posibilidad, de la mano de Pulpón y con el empuje de su marido, que la apuntaba a todo, de codearse con los más granado de aquella época y ganar numerosos concursos para darse a conocer. No en vano, se alzó con el premio Enrique El Mellizo en los cantes de Cádiz del Nacional de Córdoba –le chivateó Amós Rodríguez que algo se llevaba al verla tan nerviosa– o el de los cantes de compás en el de Mairena, por nombrar algunos de los más importantes.
«Tina Pavón nos deleitó con un recital de pequeño formato en el que se templó por malagueñas y abandolaos, soleá y bulerías –aquí levantó al público con la Maja Aristocrática de Pastora–, al arrullo de la bajañí infalible de Antonio Carrión»
Pronto llegaron una ingente cantidad de contratos para peñas, teatros y festivales por donde paseó sus hechuras hasta la reciente y puñetera pandemia que la recluyó al cuidado de sus padres y la ha retirado de los escenarios. Ortiz Nuevo entre el público le gritó que «de retirarse nada».
Se sentía muy bien acompañada con la guitarra de Manuel Domínguez El Rubio, aunque debutó curiosamente en Moguer al arrope de las cuerdas del cantaor Naranjito de Triana. Escudada por quien fuera, siempre le ha dado mucho respeto el público, «mucho miedo», pero no le ha impedido trabajar incluso a los pies de Mario Maya o cantarle en fiestas privadas a Antonio Mairena, que lloró la primera vez que la escuchó por seguiriya, aunque cuando Tina le llevaba las maquetas le dijo que ella cantaría «bien cuando tengas lo menos más de cincuenta años palante y la vida te haya dao los palos que nos da a to er mundo». Con ese consejo se despellejó entregándolo todo cuando grabó en la Belter.
Afirmó con rotundidad que estaba rifá entre los compañeros y que no se sintió mal por ser en muchas ocasiones la única artista de los carteles, pretendiendo siempre dignificar el papel de la mujer en este género, como pudimos comprobar en un surtido de grabaciones sonoras –por granaínas, alegrías, soleá por bulerías o seguiriyas– y audiovisuales a las que fue dando entrada Ángeles Cruzado antes de que Tina nos deleitara con un recital de pequeño formato en el que se templó por malagueñas y abandolaos, soleá y bulerías –aquí levantó al público con la Maja Aristocrática de Pastora–, al arrullo de la bajañí infalible de Antonio Carrión.
Fue un acto entrañable, ameno y de justicia. Y no el único que acogerán las tablas de esta ensolerada peña. Ya se ha hecho lo propio con Rufino de Paterna, presentando un libro que ha escrito su nieta Rufina y de lo que daremos cuenta en este portal en breve, vendrá después la biografía de El Torta de Eduardo Pastor y muchos otros actos más para ocupar los domingos culturales de Torres Macarena, con entrada libre y gratuita. Y a veces, como ocurrió aquel 12 de octubre, alargando las horas hasta la noche con cante y fiesta improvisá entre los aficionaos enardecidos por la inspiración de estas cosas que tanto nos gustan.
Ficha artística
Reconocimiento a Tina Pavón
Peña Flamenca Torres Macarena, Sevilla
12 de octubre de 2025
Conversación con la artista, repaso de su trayectoria y pinceladas de cante
Presentadora y entrevistadora: Ángeles Cruzado
Cante: Tina Pavón
Guitarra: Antonio Carrión
























































































