La clausura de la I Bienal de Flamenco de Granada levantó mucha expectación entre los curiosos y aficionados que no quisieron perderse lo que se anunció como la creación de un nuevo palo de flamenco, la Sosegá. Un compromiso nuevo con el flamenco por parte de sus creadores en el que a partir de una mezcla de compases ternarios y binarios se pretende poner en circulación un estilo propio, aún sin definir salvo en el ritmo y con unas líneas melódicas que responden más a estribillos que a métricas literarias ya hechas y consolidadas. La idea original parte de Javier Limón, que hizo de presentador, de showman y de protagonista, casi más que los propios artistas. Se subió al escenario nervioso y emocionado para presentar la gran novedad. Aquello parecía la presentación del nuevo modelo de un coche escondido bajo una manta que había que descubrir en un evento lleno hasta la bandera y con ganas de escuchar, a sabiendas de que ya se dio a conocer hace varios meses y apenas ha generado expectación ni interés entre los flamencos.
La noche recordó a aquellas del 13 y 14 de junio de 1922 cuando se celebró el Primer Concurso de Cante Jondo de la historia. Y fue en Granada. Tres años después se crearía le marca estrella de cerveza granadina Alhambra y como consecuencia propone Limón la creación del palo en el primer centenario. Hay muchas coincidencias entre ambos eventos. En los dos se tiró de grandes figuras para dignificar el objetivo y las intenciones de las propuestas. En ninguna de las dos se consiguió, aunque la primera de ellas haya sido el origen de los concursos de cante. Para la segunda, es pronto adivinar y afirmar si va a tener continuidad o se va a quedar en una anécdota efímera. Hay antecedentes, La Canastera de Camarón y Las Galeras del Lebrijano, que tuvieron debut y despedida con sus creadores. También los hubo en positivo con la colombiana de Pepe Marchena, pero nada más. Crear un nuevo palo no es obra baladí y se necesita mucho más que un espectáculo sin continuidad conformado con grandes artistas para convencer a la sociedad flamenca. Ya lo hicieron en 1922 contratando a los mejores de aquella generación y no sirvió de mucho.
Ahora, figuras como Carmen Linares, Dani de Morón, David de Jacoba o Sandra Carrasco, entre otros, experimentaron con el ritmo de ocho de tiempos repartido en dos ternarios y uno binario, como hemos apuntado.
«La Sosegá es una suerte de canción con aire de estribillo concurrente y repetitivo alejado de las formas clásicas y tradicionales del cante. No por ello le resta valor, ni mucho menos. No podemos anclarnos en el pasado y sí mirar al futuro, pero este es impredecible y a veces traicionero»

Javier Limón agarró el micro y quiso inyectar la emoción de dar conocer el nuevo palo que se escucharía al final de la noche. Emocionado y con ganas de escucharse a sí mismo, dejó paso a Dani de Morón, que hizo una composición moderna y sosegada con las percusiones de Ané Carrasco y Juan Carmona Habichuela. El concierto en sí fue una sucesión de estilos capitaneados por Dani en el que participaron el resto de artistas. Tras una bulería de Dani, subió David de Jacoba a cantar por tarantos camaroneros, Saúl Quirós de nuevo recuperó las bulerías, que sonaron en varias ocasiones más, que ya podía haber sonado la Sosegá para quedarnos con la copla. Antonio Cortés hizo soleá de aires trianeros en convivencia con las de la Serneta ejecutadas con mucho gusto, un talento a descubrir para el aficionado. También encajó tangos extremeños. Todos sonaron a Porrinas de Badajoz y Camarón de la Isla, fuese en el cante que fuese. Apareció posteriormente José Maya para demostrar que es un bailaor de raza, con mucho peso en el escenario, a base de repiques en los pies y movimientos excesivos del pelo. Vamos, que bailó con la cabeza.
Se quedó en el escenario a solas con su guitarra Antonio Cortés, que se acordó de Lole y Manuel, en la particular estética con la guitarra en vertical y con los sones que cambiaron el rumbo de las bulerías modernas, las lentas, las del Tardón. Por algún motivo que desconozco, y seguramente todos los presentes, interrumpió la actuación Javier Limón, que volvió a subirse al escenario para hablar sin micro, sin que nadie supiéramos lo que decía y poner en el compromiso a Cortés para que cantara a capela por fandangos. Pero le debió pillar desprevenido, porque no hubo manera de afinarlos a pesar de sus buenas facultades y de intentar cantar el fandango campero de José Cepero.
Tocaba el turno de Sandra Carrasco, que sacó las castañas del fuego y puso algo de orden en el escenario por sevillanas y por fandangos de su tierra. Aquí hay una cantaora enorme con una personalidad estremecedora, de las pocas que hay actualmente y que se atreven con todo y todo lo bordan. Puso el listón alto, porque tras ella venía la reina del cante, doña Carmen Linares, que se encargó de tirar para Graná en las granaínas y recordar a Morente en la letra y en la música a Gayarrito, y de seguido vuelta al Ronco del Albaicín con su personal rondeña. Por alegrías recogió las que tiene grabadas en la Antología de la mujer en el cante, acompañada por Edu Espín a la guitarra y el resto de artistas con las palmas de Gema y Samara Carrasco. Si nos pareció incomprensible que Javier Limón se subiera varias veces durante el espectáculo, volvió a hacerlo para presentar a los músicos y dar paso a la Sosegá, el palo sin prisa, como han querido llamarlo. ¿Por qué sin prisa? De hecho, sorprendió que pusiera al público a hacer compás al ritmo de la frase «Yo setocar a compás-yo setocar acompás», que traducido en sílabas son un compás binario (silencio-yo) y dos ternarios (se-to-car, a-com-pás), cual maestro de escuela enseñando a sus alumnos. En síntesis, la Sosegá es una suerte de canción con aire de estribillo concurrente y repetitivo alejado de las formas clásicas y tradicionales del cante. No por ello le resta valor, ni mucho menos, no podemos anclarnos en el pasado y sí mirar al futuro, pero este es impredecible y a veces traicionero.
Realmente es un experimento con gaseosa sobre el que habrá que esperar a ver si esta Sosegá se consolida como nuevo cante que formará parte del árbol genealógico del cante o mas bien será uno nuevo, porque no nace, crece y casi ni se reproduce en ninguna de las formas rítmicas ya predeterminadas históricamente. Tan es así, que apenas duró unos pocos compases y todo acabó en un fin de fiesta por bulerías con pataíta de David de Jacoba, José Maya y Ané Carrasco y remate lorquiano con el Anda Jaleo y los estribillos del Volar de Paco de Lucía.
Ficha artística
La Sosegá. El palo sin prisa
I Bienal de Flamenco de Granada
Abadía del Sacromonte, Granada
27 de septiembre de 2025
Cante: Carmen Linares, Sandra Carrasco, Antonio Cortés, Saúl Quirós, David de Jacoba
Baile: José Maya
Guitarra: Dani de Morón y Antonio Cortés
Percusión: Ane Carrasco y Juan Carmona
Palmas: Gema y Samara Carrasco











































































