Beatriz Morales (Jerez de la Frontera, Cadiz, 1984) presenta en el Festival de Jerez, que tanto estamos disfrutando, Arte. Un homenaje a la raíz ‘mineral’, y a los cincuenta años de carrera de “su padre” en el flamenco: Enrique El Extremeño. La bailaora jerezana se agarra a la ortodoxia mientras participa en festivales de electrónica como Ombra, en Barcelona. Beatriz Morales, versátil, clásica y moderna a la vez, es el marco perfecto para cualquier propuesta de calidad. En el estreno absoluto de Arte en el Centro Social Blas Infante el 7 de marzo deslizará esencia, vivencias y tronío en un encuentro íntimo, sin alaracas, para volver a sentir, sentirse y no olvidar en donde estamos. Porque si Jerez es su casa, para los amantes del flamenco sigue siendo nuestra cuna.
– ¿Qué es Arte?
– Arte representa la situación en la que me encuentro. El arte lo es todo para mí, está presente en mi día a día, porque es parte de mi vida. Concibo el arte como parte de todo lo que me rodea. Hasta cocinando desde a una simple ensalada hasta a un potaje, me gusta buscarle el arte. Es gran parte de mi vida, desde la vestimenta, hasta la misma visión del día. El arte me ha salvado en muchas situaciones personales. Cada día es un reto diario, y el arte para mí es una de mis salvaciones: el arte y la fe. Estoy en ese momento de mi vida en el que el arte es una salvación y lo es todo para mí, junto con mi familia, pero es una de las cosas más importante que tengo. Y cuando te das cuenta de tantas cosas en la vida, te das cuenta de que el arte es lo que te acompaña a todas partes y con lo que respiras. Tengo dos hijos que son mis motores, pero el arte es el motor impulsor de cada día.
– ¿Cómo lo presentaría?
– No he querido hacer un espectáculo muy grandioso, cargado de cosas, sino algo que fuese real, espejo de los sentimientos más puros. También volver a mi raíz, que es de donde empecé, y me acompaña Enrique El Extremeño porque es el que siempre me ha acompañado. Con Arte he querido hacerle como una especie de homenaje a sus cincuenta años de carrera. Siempre me ha ayudado y siempre ha estado conmigo desde que empecé. Enrique es para mí como si fuera mi padre en el flamenco, porque yo empecé con él cuando tenía unos 18 años, más o menos, y hemos continuado juntos. Tenía mucha experiencia y yo estaba empezando, y siempre he agradecido sus consejos. He querido hacer este homenaje por todos esos momentos. Porque siempre ha estado.
«No he querido hacer un espectáculo muy grandioso, cargado de cosas, sino algo que fuese real, espejo de los sentimientos más puros. También volver a mi raíz, que es de donde empecé, y me acompaña Enrique El Extremeño porque es el que siempre me ha acompañado. Con ‘Arte’ he querido hacerle como una especie de homenaje a sus cincuenta años de carrera»
– Asegura que es un viaje a la raíz. ¿Alguna vez salió de ella?
– De la raíz nunca me salgo. Me están llamando ahora para espectáculos de evolución, diríamos, como electrónica y las cosas más innovadoras, y están contando conmigo, pero siempre lo he dejado claro. Yo voy a bailar flamenco, aunque haga electrónica. Ahora he estado en Ombra Festival en Barcelona, un festival electrónico, pero he bailado por todos los palos del flamenco, y lo quieren llevar donde está toda la electrónica internacional, pero estoy metiendo el baile flamenco, aunque esté en otra música diferente. Para volver a mi raíz lo he querido hacer, como en mis comienzos, bailando flamenco y con la gente que siempre me ha acompañado. En el estado en el que me encuentro me venía muy bien volver a la raíz y a la esencia. Aunque demos muchas vueltas, nunca podemos perder la base. Cuando tienes un puerto firme y estás navegando, y aunque me gusta mucho arriesgar e innovar, me gusta hacerlo con los pies en la tierra.
– ¿Cree que, en algún sentido, con ciertas programaciones se puede perder la esencia del flamenco?
– Creo que se está perdiendo en el mundo entero todo: principios, valores, ¡de todo! Y de ahí es de donde vienen todos los problemas en la vida. Cuando uno pierde las bases fundamentales del día a día como persona, se empieza a perder en la música y en el arte. Creo que tanto la música como la gente buena están en declive. Hay defensores de la música que viene, pero es verdad que a mí me faltan momentos de pellizquitos de arte, la transmisión, de corazón. Hay muchas cosas hechas perfectas, pero no transmiten o no están hechas desde la verdad. Como no hay verdad en el mundo, como hay escasez de autenticidad, se está perdiendo también en el arte. Antes daba igual si te equivocabas o no, te salía del alma y eso era verdad. Ahora hay mucho miedo a equivocarse, a lo que digan los demás, a no tener perfección. La belleza y el arte son imperfectas. La belleza es infinita, al igual que el arte. Cuando ves a una persona totalmente perfecta es mentira. El arte tampoco puede ser perfecto porque sería mentira. O nos estamos equivocando o nos están presionando a ser perfectos. Hay veces que me digo me bajo del mundo, porque veo tanta hipocresía que me encierro en mi mundo y ya está, pero ¡hay que seguir lidiando con lo que hay!

– Cuando la denominan la “reina de la bulería”, ¿no siente pudor?
– ¡Claro! Da miedo, me da vértigo. Me lo han ido poniendo las alumnas, pero me parece muy gigante para mí. Ha ido corriendo a través de las RR. SS., comentarios de Youtube, y la verdad es que cuando me lo dicen me da mucho vértigo porque es una responsabilidad muy grande. Yo respiro por bulerías todos los días de mi vida, ¡pero también bailo por todos los palos!
– ¿Como definiría esa ‘personalidad y flamencura propia’ con la que le describen?
– Yo he llegado a asustarme de esos comentarios porque me han llegado a decir: la única, la solitaria… Y yo me preguntaba: ¿eso es bueno o malo? Es verdad que yo hago lo que me sale del alma y algo que pido es que mi baile sea puro y de Dios; que me venga un baile de lo divino, que no sea yo la que lo haga. Es lo único que yo pido. Tengo fe e intento que mi baile no sea mío, sino que venga de la divinidad. No sé de dónde me salen los sonidos, ni de dónde me salen las cosas. No lo puedo explicar, porque no intento imitar a nadie. Admiro a mucha gente, pero intento tener mi propio sentir y camino. Me considero una bailaora con personalidad propia e intento que venga de más allá. Es difícil, porque no sabes si le va a gustar a los demás cuando es algo propio y también te da miedo: ¿y si estoy haciendo esto mal? Cuando metía patás más difíciles en la bulería de Jerez, hasta que no me dijeron las maestras consagradas que lo estaba haciendo bien, yo tenía la duda.
«Creo que tanto la música como la gente buena están en declive. Hay defensores de la música que viene, pero es verdad que a mí me faltan momentos de pellizquitos de arte, la transmisión, de corazón. Hay muchas cosas hechas perfectas, pero no transmiten o no están hechas desde la verdad»
– Usted fue profesora con 13 años. ¿Con esa edad una puede enseñar?
– ¡Empecé, empecé! Cubría y ayudaba a la profesora donde yo estaba. ¡Todas eran mujeres! Y ahora tengo alumnas que ya son artistas y he llegado a compartir escenario. Para mí es un honor, porque no soy tan mayor para tener alumnos en el escenario.
– ¿Qué es lo que no se puede enseñar en el baile flamenco?
– El alma. No se puede enseñar a tener alma. Yo puedo sacar lo que hay dentro, pero si no tienes alma… Yo puedo enseñar todo, incluso a quitar los miedos, pero no se puede enseñar a sentir puro. Con las personas que tienen oído es más fácil, pero todo es posible. Sí que es verdad que cuando uno tiene el alma cerrada es más difícil enseñar a abrirse, pero también se puede. No veo nada imposible en la enseñanza. ♦
















































































